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domingo, 17 de mayo de 2009

Otra de jefes y amigos

Hace un par de días (15/05/09) publiqué un post con el título: ¿Jefes y amigos?, en el que hablábamos sobre la posibilidad de que jefes y empleados fuesen amigos. Las respuestas fueron muy interesantes, tanto de los miembros del “Who´s Who en el management español” como del resto de blogueros que dieron su opinión.

A raíz de este post me ha venido a la cabeza que a Pepu Hernández, ganador con la selección española de baloncesto del campeonato del mundo de Japón 2006, se le había criticado mucho que era “amigo de los jugadores”.

Después de aquella hazaña en el país nipón, le pregunté a Pepu lo siguiente: Daniel Goleman afirmaba que “los jefes más eficaces se preocupan de establecer relaciones personales con sus empleados”. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación porque según has confesado a ti se te ha criticado que eras amigo de los jugadores?

Esto me contestó:

Fíjate que una palabra tan bonita como “amigo” se utiliza de forma peyorativa aunque yo siempre he sido contrario a usarla de esa manera. No sé si he sido o soy amigo de los jugadores pero lo que sí sé es que he querido estar muy cerca de ellos. ¿Por qué? Porque a mí me gusta aprender y creo que los jugadores nos pueden enseñar a los entrenadores muchas cosas. Son ellos los que viven a flor de piel un problema en la cancha. Nosotros estamos cerca de la cancha pero no dentro; no estamos compitiendo realmente. Competimos a nuestra manera, pero la auténtica batalla la libran ellos. ¿Por ser amigo o ser cercano vas a ser menos exigente? Personalmente creo que incluso vas a tener más confianza para pedir lo que crees que puedes exigir a cada uno.

Otra vez le hice la misma pregunta al que fuese jugador del Real Madrid, Emilio Butragueño: ¿Es posible que un entrenador sea amigo de un jugador o un directivo de un empleado?

Aquí va su respuesta:

Mi padre ha tenido negocios, era perfumero. He estado en el mostrador desde los diez años. Creo que cada uno tiene su lugar y lo que hay que hacer es mantener siempre una relación de respeto. El directivo necesita de sus colaboradores y en la medida que la gente se identifica contigo te va a dar más, por eso hay que tratar bien a las personas. Cuando actúas de esta manera el equipo está dispuesto a recorrer un poco más de lo que se le pide. Un buen directivo es aquel que cuando no está se le echa de menos. El ser humano quiere ser respetado y sentirse importante.

Es un tema complicado y nada sencillo de gestionar. Vivimos en la economía del “conocimiento” y los “servicios” lo que implica que la ventaja competitiva reside de manera fundamental en el capital humano. No se puede tratar a la gente como “cuentas de explotación con patas” (Fernández Aguado, dixit) y hay que estar cerca del equipo y en continuo contact con él, sin embargo, como apuntaba el bloguero Fernando Rodríguez de Rivera, “hay empleados que les das la mano y te cogen el brazo.

¿Cuál es la solución entonces?

Cada persona es un mundo (sus motivaciones, estructura de personalidad, miedos...) y, por tanto, hay que tener mucha mano izquierda para dar a cada persona el "temple" que necesita. Podríamos decir que “dirigir” es algo parecido a “torear”. Parafraseando a un aficionado a la Feria de San Isidro, afirmaríamos que “las personas son como los toros, cada uno tiene su lidia. Los hay que echan la cabeza abajo, y hay que torearlos por arriba, para que se crezcan. Otros en cambio, menean la cabeza hacia arriba, y a esos hay que tirarles la muleta abajo, para que humillen”. El mejor torero (directivo) es el que sabe darle a cada toro (colaborador) la lidia que necesita. Por este motivo, el primer deber de cualquier ejecutivo es conocer muy bien a su gente y para ello (éste es el gran mal) hay que dedicarles tiempo, algo de lo que nunca vamos sobrados. Lolo Sáinz me decía una vez: "La clave para aprender a dirigir personas está en dedicarle tiempo a la gente. Conócela y aprende cómo son. Un buen líder tiene que mostrar un gran interés por las personas con las que trabaja. La gente sufre, padece, llora... como cualquiera de nosotros. Hay que saber muy bien de quien pié cojea cada miembro del equipo, lo que redunda en una mejora de la comunicación. A aprender a dirigir a las personas se empieza sabiendo muy bien cómo son esas personas".