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viernes, 22 de mayo de 2009

Para reírnos de nosotros mismos...

El humor, dice Pedro Ruiz, "es la manera menos suicida de decir las cosas serias". Gran precisión, sin dudas. Gila afirmaba que "el humor es la maldad de los hombres dicho con la ingenuidad de los niños". Me gustan las siguientes letras extraídas de "Mi noche abierta" (MR, 2003) que lleva por título "Para reírnos de nosotros mismos":

Hoy quiero hacerles una saludable propuesta...
Riámonos de nosotros mismos. Con bondad.
De nuestra tozudez para negar la evidencia y escondernos en otras evidencias inventadas.
Riámonos de nuestro monigote tras el biombo. De nuestra ficción, torpeza, seguridad... O sea, de esa cantidad de cosas que hacemos y decimos a sabiendas de que son, muchas veces, cuanto menos, variables, frágiles, convenientes y hasta falsas.
Riámonos de nosotros.
Del político que afirma lo que le conviene, y dice que lo pensó siempre.
Del amigo machista que te habla de su mujer “despendolada”.
De la vedette de la prensa, que sólo se matricula en la universidad de los novios. De los que le ríen las gracias, la putean y la explotan.
Del cura que pide perdón a destiempo, porque en el Vaticano hacen sábado.
De nuestro discurso ignorante voceado con frases prestadas.
Del crítico que te pone a parir porque se mearía de gusto estando en tu sitio.
De ti mismo poniendo cara de enterado al escuchar lo que no entiendes.
Y de la esnob insegura, y del guaperas hueco, y del intelectual pedante, y de los dogmas ametrallados por altavoces.
Y de la libertad de expresión de los medios dependientes de todos los dineros.
Y de nuestra intolerable intolerancia, y de nuestra oscura lucidez, y de nuestro perezoso esfuerzo, y de nuestra egoísta solidaridad.
Les aseguro que todos, todos tenemos motivos para ello.
Y ustedes, señores del público, también, ríanse de ustedes mucho. Quizá no sepan ahora por qué. Les aseguro que hay motivos y, puestos a hacer algo, para empezar, por qué no reírnos de nosotros mismo.
¡Nos lo merecemos tanto!

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