miércoles, 3 de junio de 2009

De ingenieros y jefes

Recuerdo que alguien hace algún tiempo me pasó la siguiente historia que encontré entre mis papeles hace algunos días. Dice así:

Un tipo volaba en globo. De repente se percata que estaba perdido, maniobra y desciende un poco. Divisa a un hombre abajo en la calle y baja y le grita:

Disculpe, ¿podría usted ayudarme? Prometí a un amigo que me encontraría a las 14.00, llevo media hora de retraso y no sé dónde estoy.

Claro que puedo ayudarle. Usted se encuentra en un globo de aire caliente , flotando a unos 30 metros encima de esta calle; está entre los 40 y los 42 grados de latitud Norte y entre los 58 y 60 grado de longitud Oeste.

¿Es usted ingeniero?

Sí, señor. Lo soy, ¿cómo lo supo?

Porque todo lo que usted me ha dicho es técnicamente correcto, pero aún no sé que hacer con la información que me ha dado y continuo perdido.

¿Y usted debe ser jefe, verdad?

En efecto, lo soy, ¿cómo lo averiguo?

Muy fácil: no sabe ni dónde está, ni para dónde va... Hizo una promesa que no tiene idea de cómo cumplir y espera que ahora otro le resuelva el problema. De hecho, está exactamente en la misma situación en que se hallaba antes de encontrarnos, pero ahora, por algún motivo, resulta que la culpa es mía.