domingo, 14 de junio de 2009

Ni generalista amateur, ni especialista aislacionista

Soy un defensor de una visión multidisciplinar de la vida. Creo mucho en la integración de campos del conocimiento diversos aprovechando lo mejor de cada disciplina porque desde mi punto de vista todo está interrelacionado, y con un poco de humildad y si el orgullo no nos puede, podemos aprovechar del valor de cada rama del conocimiento. En cierta ocasión escribí un artículo en Expansión & Empleo y también en este blog titulado: “Ponga un Da Vinci en su empresa” cuyo objetivo era precisamente éste, reflexionar sobre la importancia de tener amplitud de miras tanto a nivel profesional como personal.

Una vez, el ex ministro de Defensa, Eduardo Serra, decía: “Una de mis cualidades es que no sé de casi nada, pero lo que sí sé es que necesitas una buena conexión con el especialista. Vivimos en un mundo de especialistas que requiere ser dirigido por generalistas. Por desgracia, todavía vivimos en la cultura del gremio contraria a esta idea. Aunque no nos demos cuenta el corporativismo en España sigue lastrando la competitividad”.

A raíz de esta opinión, le pregunté a Santiago Álvarez de Mon, Profesor del IESE, cuál era su punto de vista. Esto me contestó:

A mí me preocupa la especialización aislacionista, el hombre que sabe sólo de una cosa, pero también me preocupa el generalista que es amateur en todo; gente que pasa por encima de las cosas sin enterarse de nada y nos hace creer que tiene una visión global, integral y transversal del mundo. Yo creo que la mejor manera de llegar a una visión global de las cosas es saber mucho de algo, y desde ese epicentro, a lo mejor adquieres una dimensión mayor. Pero creo que no se puede llegar a una visión generalista de las cosas desde la suma de saberes superficiales. Respecto al corporativismo, es feroz en muchos ámbitos: en la profesión periodística, en la académica, en la médica...; en él encontramos a nuestra fotocopia, y al calor del grupo, nos sentimos arropados y fuertes. El problema es que el hombre no sabe nadar en la ambigüedad y en la incertidumbre, su hábitat natural.