Galardonado con el «Premio Coach de Honor 2017» de APROCORM que se entregará el 16 de junio en la Gala de su X Aniversario en Murcia

sábado, 27 de junio de 2009

Should or Shouldn´t

“Haz lo que temes y el temor desaparecerá”. Es una frase de Krisnamurti que hace referencia a uno de los grandes enemigos del ser humano: el miedo; que nos paraliza y nos hace quedarnos amarrados en puerto seguro en lugar de soltar amarras e ir mar adentro a conquistar mundo. Sí, el miedo es terrible; es una sensación de “querer” y “no poder” que causa gran desazón en el individuo.

Escribo esto a raíz del último post que escribió Pedja con el título: “Si tienes una duda, hazlo”. Allí este bloguero apuntaba: “¿Estás pensando en irte a vivir a Nueva Zelanda? Hazlo. ¿Quieres declararte a esa persona en quien piensas a todas horas? Lánzate. ¿Por qué no dar la vuelta al mundo navegando 15 meses? Deja de pensar, actúa, si dudas decídete a hacerlo”.

En mi experiencia uno de las claves por las que tenemos tanto temor a “atrevernos” es el miedo al ridículo derivado del fracaso. El temor a que se rían de nosotros es tremendo, y en culturas latinas y mediterráneas como la nuestra, donde la necesidad de afiliación (de contacto con el grupo) es mayor, el ser rechazado produce todavía mayor tristeza, cosa que no ocurre de manera tan cruda en las culturas anglosajonas donde el individualismo es mayor.

El post de Pedja me sirvió de inspiración, pero Kike, desde Bruselas, con su comentario nos dejaba un gráfico que refleja muy bien la realidad en la que vivimos. Aquí va:


¿Qué podemos hacer para que triunfe el should respecto al shouldn´t?

– Para ir disminuyendo el sentido del ridículo, apúntate a actividades a las que no tengas ni idea y en las que por tanto te equivocarás inevitablemente. Dado que no existe presión por acertar, te irás familiarizándote con el fallo de manera natural, dándote cuenta poco a poco de que “no pasa nada” por equivocarse y ello te ayudará en tus actividades rutinarias.

– Ríete de ti mismo (con moderación) para que todo el mundo vea que eres de carne y hueso y eso vaya reduciendo las rigideces. Si te tomas demasiado en serio a ti mismo, los demás estarán esperando a que te equivoques para ensañarte contigo. Los “superfectos” no gustan a la gente.

– Cuando los demás se equivoquen, reacciona con naturalidad sin que se note demasiado que te ríes de ellos porque ello les llevaría a no volver a intentar nada. Para que la gente se siga atreviendo hay que transmitir confianza. Además, todo aprendizaje exige un periodo de rodaje hasta que se domina la técnica.