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viernes, 3 de julio de 2009

El campesino y la cabra

Un campesino judío, acosado por sus dificultades, con muchos hijos, tras sequías repetidas y sin medios económicos, dijo al rabino de su aldea que quería suicidarse porque la vida era insoportable:

¿Quieres seguir un plan para cambiar de opinión y ser más valiente ante la vida?

Sí. Le prometo hacer cuanto me diga.

El rabino entonces, le aconsejó:

Cómprate una cabra y llévatela a vivir a tu casa.

¿Cómo puedo convivir con una animal así y exponer a toda mi familia a sus molestias?

Hazlo así y ven a verme la próxima semana.

Así lo hizo el labriego y la semana siguiente acudió desesperado:

No es posible vivir con una cabra.

No te inquietes –repuso el rabino–. Cómprate otra cabra y haces lo mismo esta semana.

Muy angustiado, volvió una semana después, más resentido que nunca.

Confía en mí y triunfarás. Haz una cosa. Llévate una tercera cabra a tu casa y la próxima semana ven a verme.

Nuestro hombre, en el límite de su desesperación, volvió y su consejero le dijo entonces:

Ahora te queda la parte final. Vende una cabra y ven a verme la semana próxima.
Pasado el plazo, informó que se notaba más paz en su casa con una cabra menos. El rabino le sugirió que se deshiciera de la segunda cabra. Una semana después, el labriego consideró que era más tolerable vivir con una sola cabra y, cuando recibió el consejo de vender la tercera cabra, al volver confesó:

¡Qué tranquilos y felices somos hoy en casa al estar sin cabras! La vida es maravillosa ahora.

El rabino, entonces, le dijo:

Ninguna contrariedad es tan grande como suponemos al principio. No hemos de desesperar nunca. ¡Siempre hay una situación peor!