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martes, 8 de septiembre de 2009

La humildad fingida

La humildad está de moda. Y yo me alegro. Soy un gran defensor de esta virtud que, como apuntaba Cervantes, "es basa y fundamento de las demás virtudes". Aquí hemos citado en más de una ocasión a Charles Chaplin quien decía que "la vida da tiempo nada más que para ser amateur".

Pero cuando la humildad no es auténtica sino un disfraz para ganarnos a la audiencia que aplaude esta virtud, entonces pierde todo su valor. Y es que todo lo que no lleva el sello de la autenticidad huele y además se nota. Eres quien eres para bien y para mal, con lo bueno y con lo malo que ello conlleva.

Yo prefiero la vanidad sincera a la humildad fingida. Hay mucha pose fingida, mucha postura forzada. mucha modestia postiza en todos los ámbitos (empresa, medios de comunicación, mundo artístico...) y que no es más que una manifestación de cinismo, de pensar una cosa pero decir otra, de ser lo políticamente correcto, de hacer lo aceptable socialmente aunque poco se corresponda con la realidad.

Practique la humildad por convencimiento, le irá bien, pero no intente aparentarla porque se nota que lo que uno siente internamente y lo que manifiesta externamente no cuadran. Y ya se sabe que el inconsciente manda.