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domingo, 27 de septiembre de 2009

La trampa

He visto de nuevo en estos días la película La trampa  Hacía bastante tiempo que no la volvía a ver. Os dejo algunos comentarios:

Título Original: La trampa.
Director: Jon Amiel.
Intérpretes: Sean Connery, Catherine Zeta-Jones, Will Patton, Maury Chayki, Ving Rhames.
Año: 1999.
Minutos: 110 aprox.
Temas: Arrojo, Amor y Trabajo, Confianza, Compartir, Contratiempos, Experiencia, Socios, Planificación, Trabajo en equipo.

Robert “Mac” MacDougal (Sean Connery) es un ladrón profesional cuya especialidad son las obras de arte. El robo de un Rembrant de gran valor en la ciudad de Nueva York hace centrar inmediatamente todas las sospechas en él. Con el fin de atraparlo, la compañía de seguros encarga a una de sus más inteligentes agentes –Virginia “Gin” Baker (Catherine Zeta-Jones)– la investigación del caso. Gin, una chica osada, diseña un plan “perfecto” para intentar detenerlo. La experiencia de Mac, sin embargo, le hace fracasar en distintas ocasiones. Entre ambos intentarán juntar fuerzas para dar un robo de gran envergadura. A pesar de sus diferencias iniciales, poco a poco su relación va cuajando y el romanticismo también tiene su protagonismo en la película. Un metraje, en definitiva, del que se pueden encontrar abundantes lecciones empresariales. Destacamos algunas de ellas:

1. Mezclar amor y trabajo no suele dar, por lo general, buenos resultados. Mac, un tipo con experiencia, lo sabe, por eso, enseguida le para los pies a Gin (minutos 22-23):

 Para que exista una plena confianza entre ladrones no debe haber nada personal. Un trabajo es un trabajo. Usted hace su parte y yo la mía. Si uno de nosotros piensa en otra cosa que no sea lo que llevamos entre manos, nos cogerán a los dos o acabaremos muertos.

Sin embargo, el amor es caprichoso y cuando llama a la puerta es difícil hacerse el despistado. El propio Mac acaba reconociendo su debilidad (minuto 97):

  Estaba preparado para todo excepto para ti.

2. Sabe más el diablo por viejo que por diablo. La experiencia es un arma de indudable ayuda en las transacciones mercantiles. Algunos directivos que han llegado demasiado jóvenes a puestos directivos (como en el caso de la "aprendiz "Gin), piensan que basta tener “títulos” para lograr sacar el trabajo adelante. Se necesitan otras muchas cosas -audacia, listeza, garbo, entereza, paciencia...- que sólo las aportan los años y la madurez (como en el caso del experimentado Mac) (minutos 24-27 y 38-40).

3. Una planificación estratégica –qué hacer (objetivos), cómo (medios), cuándo (plazos) y con quién (personas)– bien diseñada permite enfrentar los acontecimientos con mayores garantías de éxito. El minucioso plan trazado durante semanas por Mac y Gin para dar el “golpe” les permite cumplir su objetivo con eficacia (minutos 43-54).

4. Siempre hay una sorpresa, asegura Mac; por este motivo, hay que anticiparse y prever salidas para los incontables imprevistos que van apareciendo en los negocios. Mac, en cuanto las cosas se tuercen activa el Plan B, y, posteriormente, cuando éste no resulta, el Plan C. Quien desee ocupar puestos de responsabilidad en organizaciones empresariales tiene que estar dispuesto a pactar con la ambigüedad como parte de las reglas del juego. La incertidumbre delimita el perímetro por el que se mueve habitualmente el directivo (minutos 85-100).

5. Primero probamos y luego confiamos, dicen en distintas ocasiones Gin y Mac refiriéndose al maestro Confucio. La confianza entre socios no debería contemplarse de manera incondicional, sino que debe estar sometida a saludables medidas de control para evitar sorpresas desagradables. Las relaciones entre socios, en general, son satisfactorias mientras las cosas marchan y existen motivos para ello. En cuanto desparecen, suelen quebrarse de forma precipitada. Fiarse de un socio no significa ponerse en sus manos de manera ciega (minutos 54-56).

6. Los triunfos siempre saben mejor cuando uno tiene con quien compartirlos. Hacer partícipes a los demás de lo bueno –también de lo malo es necesario– que le va pasando a uno ensalza a la persona. La vida se construye en plural (minutos 20-22):

– A quién más traes aquí?, pregunta Gin a Mac, cuando éste la lleva por primera vez a su mansión.
– A nadie, contesta éste.
– ¡Qué triste!, afirma Gin.
– ¿Por qué?, pregunta Mac.
– Por tener algo así y no compartirlo con nadie.

7. Con individualidades las probabilidades de éxito disminuyen. El trabajo en equipo más que una posibilidad es una imperiosa necesidad para afrontar con garantías los retos empresariales actuales. Mac y Gin son buenos cada uno por su lado; juntos, mucho mejor. Como dice Gin (minutos 29-38 y 54):

– No puedo hacerlo sin tu ayuda.

8. En esta vida hay que ser echado para adelante. Pensarse las cosas demasiado, bloquea. Quien no asume riesgos –calculados o meditados– no está en condiciones de conquistar metas valerosas. Gin es una de esas chicas que en seguida dice sí. Cualquier desafío se le queda pequeño. Esa actitud de fondo es siempre bien valorada en las organizaciones.