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miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Lo mucho es poco o lo poco es mucho?

Mucho o poco son conceptos, como casi todo en esta vida, indeterminados. Respirar puede no valorarse, pero para el que tiene asma es esencial. Un acto tan cotidiano al que no prestamos atención como el de ducharse por la mañana se vuelve una auténtica faena cuando un día nos cortan el agua. Correr detrás de una pelota es algo insignificante por lo que un parapléjico daría la vida. Y así otras muchas cosas. De la felicidad se ha escrito mucho (es el tema más universal y la aspiración última del hombre), yo no entraré a decir lo que es la felicidad ni si es posible serlo totalmente. Lo que sí me parece fundamental es ser consciente de lo que se tiene que muchas veces es un auténtico tesoro y lo pasamos por alto. Como decía Leonardo da Vinci, "quien no aprecia los placeres de la vida, no los merece". También decía Shakespeare: "Sufrimos mucho por lo poco que nos falta y disfrutamos muy poco de lo mucho que tenemos"

Creo que uno de los secretos de la existencia consiste en esté donde se esté y haga lo que se haga valorar ese momento sin caer en lloros que muchas veces son infantiles si nos fijamos las penurias que pasan otros. Valore todo lo que tiene, seguramente hay cientos de razones para sentirse un privilegiado. Escriba el guión de su propia vida, única e irrepetible. No es cuestión de "mucho o poco" sino de apreciar lo que se tiene. Lo dijimos en un post aquí en relación a John Paul DeJoria cuando hablaba de su infancia: "Éramos pobres, pero como no nos comparábamos con nadie, no lo notábamos y nos sentíamos felices" (ver post: "John Paul DeJoria: de indigente a multimillonario", 08/06/09)

Me gusta la siguiente historia. Dice así:

Un genio tomó forma de mendigo y le dijo a un zapatero:

Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy cansado, aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras mis sandalias para poder caminar.

¡Yo soy muy pobre y ya estoy cansado de todo el mundo que viene a pedir pero nadie quiere dar!, contestó el zapatero.

El genio le ofreció entonces lo que él quisiera.

¿Dinero inclusive?, preguntó el tendero.

El genio le respondió:

Yo puedo darte 10 millones, pero a cambio de tus piernas.

¿Para qué quiero yo 10 millones si no voy a poder caminar, bailar, moverme libremente?, dijo el zapatero.

Entonces el genio replicó:

Está bien, te podría dar 100 millones, a cambio de tus brazos.

El zapatero le contestó:

¿Para qué quiero yo 100 millones si no voy a poder comer solo, trabajar, jugar con mis hijos, etc.?

Entonces el genio le ofreció:

En ese caso, te puedo dar 1000 millones a cambio de tus ojos.

El zapatero respondió asustado:

¿Para qué me sirven 1000 millones si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis amigos, ni todas las cosas que me rodean?

Entonces, el genio le dijo:

Ah hermano mío, ya ves que fortuna tienes y no te das cuenta.