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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Un principito en la empresa

Hace un par de días Fernando López Fernández, en su blog "Soul Business", escribía un post titulado: "El Principito Revisited"; era una entrada que hacía referencia a la famosa obra de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, libro de referencia para cualquier persona; sus enseñanzas son múltiples en todos los sentidos.

A raíz de que Fernando citase este libro he recordado que hace tiempo (concretamente el 20 de enero de 2001) se publicaba en Expansión & Empleo un artículo titulado: "Un principito en la empresa". Lo recorté en su día y lo dejo ahora. No recuerdo exactamente quién era la autora (sorry):

Cuando acaba de finalizar el año en el que el genial Saint-Exupéry hubiera cumplido su centenario, es un privilegio reflexionar sobre las maravillosas enseñanzas de 'El Principito' y de su siempre recordado Asteroide B 612.

En este asteroide aprendimos algo tan importante como que lo esencial no suele ser visible a los ojos, porque no se ve bien sino con el corazón y que nunca hay que confundir “una boa digiriendo un elefante con un sombrero”. Pero también recibimos unas enseñanzas que se pueden aplicar en todos los ámbitos de la vida, incluso en el profesional. El Principito es mucho más que un cuento para niños, es un profundo e inspirador libro lleno de sana filosofía y poéticas y bellas metáforas.

De su visita al planeta del Rey, el Principito extrae tres valiosas enseñanzas. La primera es que para los reyes, el mundo se divide entre ellos y los demás, y éstos sólo están para ser súbditos suyos. ¿Cuántas personas nos encontramos profesionalmente que piensan que los demás estamos para atenderles?

La segunda es que sólo hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede hacer y que la autoridad reposa en la razón y el sentido común. Debemos saber bien lo que pedimos a nuestros colaboradores y, obviamente, nuestro derecho a exigirles obediencia debe radicar, ante todo, en lo razonable de nuestra petición.

La tercera, finalmente, sucede cuando el Rey nombra ministro de Justicia al Principito. “Pero si no hay súbditos a quien juzgar”—le dice el Principito—. “Entonces, júzgate a ti mismo, es lo más difícil” —le responde el Rey. Es más difícil evaluarnos a nosotros mismos que juzgar a los demás.

En el planeta del Vanidoso, el Principito aprende que para las personas muy vanidosas los demás no somos sino admiradores y que cada vez que hablan necesitan ser aclamados. Para tratarlas hay que asumir que estas personas rara vez oyen otras cosas que no sean buenas palabras y sólo quieren que se las admire. En el mundo de los negocios, este tipo de gente debe ser tratada con especial tacto y paciencia.

Lecciones

El Hombre de Negocios que se encuentra el Principito es un ser fascinante. Es una persona muy seria, que tiene mucho trabajo,que no sabe bien lo que hace, pero que no para de contar. Ante la insistencia del Principito, confiesa que cuenta las estrellas que posee. “¿Y para qué?”, le pregunta el Principito. “Pues para ser rico y comprar más estrellas” le responde el Hombre de Negocios. ¿Y para qué te sirve ser rico? Pues para comprar más y más estrellas, contarlas y recontarlas.

Hay muchos hombres serios y trabajadores que creen que su objetivo y el de sus colaboradores es acumular estrellas. No por ello hay que dejar de comprenderles y respetarles en su afán, aún no teniendo demasiado sentido.

El Farolero le enseña la importancia de las órdenes. Cuando el Principito le pregunta el porqué de encender y apagar el farol sin descanso, el primero le dice que no hay nada que comprender:“Las órdenes son las órdenes”. Hay muchas personas convencionales con esquemas mentales rígidos y predeterminados. Aunque nos cueste comprenderlas, la inteligencia emocional y la empatía debe hacer que aguantemos y respetemos sus limitaciones.

Como las personas mayores para el Principito, hay quienes no comprenden nada por sí solas y es cansado darles siempre explicaciones. También hablarles de cosas serias, es decir, de lo que les in teresa, pero sólo así se sienten realmente satisfechas.

La paciencia, la tolerancia y el respeto deben ayudarnos a ser compresivos e indulgentes con los demás, como el Principito, dsde su Asteroide B612, lo era con las personas mayores. En efecto siempre sería más divertido conocer de alguien qué juguetes prefiere o si colecciona mariposas, que sus metas laborales.

Otra preciosa enseñanza es que hay que tener tiempo para sosegarse y relajarse, disfrutando del momento. Que no nos pase lo que al Mercader, que vendía píldoras para aplacar la sed con el único objetivo de ¡ahorrarse el tiempo que se dedica a beber!

Como las flores para el Principito, muchas personas se sienten duras y fuertes por las espinas que las rodean. Si somos un poco habilidosos y pacientes, las eludiremos y disfrutaremos de la flor que está dentro. Si queremos conocer a las mariposas debemos aprender a soportar antes a las orugas.

Todo, hasta las situaciones más incómodas, tiene su parte buena. Lo inteligente es saber que está ahí, latente, esperando ser descubierto en cualquier momento. ¿No es lo más bello del desierto el hecho de que esconda un pozo en cualquier parte?

El Principito también nos enseña a descubrir el éxito en los pequeños logros. Qué pena que no encontremos una rosa entre cinco mil en un jardín, cuando a lo mejor está en un pequeño bote con agua más cerca. Para finalizar, vuelvo al principio: lo esencial es invisible y sólo se ve con el corazón. Usemos nuestra intuición, hagámonos niños para comprender mejor a los demás y las diversas situaciones de la vida.

¿Hay alguien que organice seminarios de reciclaje en el Asteroide B612? Que, por favor, me apunte para el próximo.

7 comentarios:

John Oliver dijo...

Muchas gracias, F.A.H.
(por la publicación, y por el consejo)

Fernando López Fernández dijo...

Muchas gracias por citarme y muchas gracias por el post. Es magnífico y el Principito es un libro que te enseña a mirar.

Un abrazo

Josep M dijo...

Genial, me ha encantado... felicidades por el post

FAH dijo...

@john oliver. de nada. espero q te haya servido. salu2.

@fernando lópez fernández. gracias a ti por servir de inspiración. salu2.

@josep m. me alegro q así haya sido. abrazos.

Fernando dijo...

Paco, fantástico post. Yo me leí el Principito hace años y, aunque me encantó y me dio que pensar, he de reconocer que nunca se me ocurrió relacionarlo con el mundo empresarial. Desde luego me están entrando ganas de releerlo.

¡Enhorabuena!

Un fuerte abrazo

FAH dijo...

@fernando. gracias. reléelo y vuelvo a leer. En las escuelas de negocio a menudo lo recomendamos. Pero hay que leer entre líneas. Está lleno de sabiduría. Abrazo.

Dong Dong dijo...

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