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miércoles, 7 de octubre de 2009

Tempus fugit: decide qué es importante

Hace algún tiempo leí esta historia en el libro "Dirección Asistida: Cómo conducir equipos hacia la excelencia", de José Manuel Casado. Es una historia que hace pensar. El pasado no se puede cambiar (esto lo sabemos todos), por eso no queda más remedio que intentar, en la medida de lo posible, anticiparse. En cierta ocasión, el Director General de Toshiba, Alberto Ruano, me decía: "Es muy importante regar el jardín todos los días". Aquí dejo la historia que relataba Charles J. Givens, editor y publicista norteamericano:

«A finales de los años setenta, tuve ocasión de asistir en Washington, donde vivía por entonces, a una recepción en Capitol Hill (sede del Senado Norteamericano), en la que me presentaron a uno de los abogados más influyentes de los Estados Unidos. El hombre había dedicado su vida al trabajo en el seno de una de las mayores firmas de abogados del país: 384 abogados, distribuidos en las oficinas de Boston, Washington y Nueva York. Para dar pie a la conversación, le hice un simple comentario: “Debe Vd. estar bien contento y orgulloso de lo que ha conseguido. Muchos abogados tuvieron el sueño que Vd. ha sabido convertir en realidad, pero no pudieron con ello. Vd., sí”.

Esperaba que me contestara con un simple: “Gracias”. Muy al contrario, su cara pareció ablandarse y, tras beber un sorbo de whisky, me contestó: “Hijo, déjame que te diga qué pienso de lo que he sido capaz de conseguir. Desde que entré en la facultad de Leyes, incluso antes, mi sueño fue llegar a ser el mejor y el más grande. Me quemaba el deseo de levantar la mayor firma de abogados de mi país. Me casé con mi novia de la facultad cuando todavía estábamos estudiando, y –nada más recibir el título– comencé a trabajar día y noche para materializar mi sueño. Cuando mi mujer comenzó a decirme que le gustaría estar más tiempo conmigo, yo respondí: “Cariño, todo lo hago por ti”, a lo que contestó: “Si de verdad quieres hacer algo por mí, lo mejor que puedes hacer es pasar más tiempo conmigo que con tu trabajo”.

“Tuvimos el primer niño, y luego vino el segundo. Pero yo no pude estar allí cuando nació. Estaba abriendo oficinas en otras ciudades. Nuevamente, mi mujer vino a decirme: “Tienes que pasar más tiempo con nosotros”. Y mi contestación habitual era ésta: “Ahora estoy muy ocupado, pero esta situación va a cambiar”. Nunca cambió.

Ahora tengo 64 años. Mi mujer me abandonó hace 25 y no me volví a casar. Por entonces sufrí un golpe muy fuerte: pensaba que había hecho por ella todo lo humanamente posible para que disfrutara de todas las cosas materiales que una mujer pudiera desear. Hoy sé que estaba equivocado. Le di todo lo que yo quería que ella tuviera.

Mis hijos y yo apenas nos conocemos... nunca llegamos a conocernos. Ahora estoy jubilado de la firma. Ya no tengo energías para dirigirla y apenas me queda nada por demostrar. Eso sí: tengo unos nietos, a los que nunca he visto. Puesto que apenas traté a mis hijos, ahora ellos apenas encuentran una justificación para traerme a los niños”.

Al llegar a esta altura de la conversación, al hombre le asomaba el reflejo de una lágrima. “Si tuviera que comenzar de nuevo –dijo– primero decidiría qué es lo auténticamente importante para mí, y sobre eso levantaría mi vida... en vez de haberlo hecho sobre lo que yo creí que teóricamente debía ser importante para mí. Pero ya es tarde”.

Estas palabras fueron como un mazazo. Fue allí, en aquel momento, cuando advertí la importancia de conocer los valores en que uno cree, antes de lanzarse a construir los sueños y metas de la vida».