lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Obedeces a tu jefe?

Stanley Milgram realizó en los años 60 en Yale una serie de experimentos sobre la obediencia que, básicamente, trataban de demostrar cómo influye este factor en la conducta de las personas, sobre todo, en situaciones de tensión.

Los sujetos reclutados para el experimento eran personas de todo tipo, configurando una muestra bastante representativa de lo que sería la población general. El experimento se realizó a más de 1.000 participantes y fue repetido en diferentes universidades. Es el siguiente:

"Llegan 2 personas al laboratorio psicológico para tomar parte en una investigación de memoria y aprendizaje. A una de ellas la designamos con el nombre de enseñante y a la otra con el de aprendiz. El experimentador explica que esta investigación se halla relacionada con los efectos del castigo en el aprendizaje. El aprendiz es conducido a una habitación, se le hace sentarse en una silla, se le atan con correas los brazos a fin de impedir que se mueva demasiado, y se le sujeta un electrodo a la muñeca. Se le dice entonces que tiene que aprender una lista de palabras paralelas; siempre que cometa algún error recibirá una descarga eléctrica de intensidad creciente.

El enseñante es el centro real del experimento, mientras que el aprendiz, es un actor que de hecho no recibe descarga alguna. Cuando el aprendiz responde de manera correcta , el enseñante pasa a la pregunta siguiente; cuando, en cambio, el hombre de la habitación contigua da una respuesta errónea el enseñante ha de proporcionarle una descarga eléctrica.

Lo importante del experimento consiste en saber hasta cuándo va a seguir una persona en una situación concreta y medible en la que se ordena que inflija un dolor creciente en una víctima que se queja de ello. ¿En qué punto rehusará el sujeto a obedecer al experimentador?

El conflicto brota cuando la persona que recibe la descarga comienza a indicar que siente un cierto malestar. Con 75 voltios, el aprendiz refunfuña. Con 120 voltios comienza a quejarse de palabra. Con 150 pide que se le libere del experimento. Sus protestas prosiguen a medida que crecen las descargas, haciéndose cada vez más vehementes y emotivas. Con 285 voltios su respuesta puede ser descrita como un grito desesperado".


Aquellos que han observado el experimento están de acuerdo en que resulta imposible transmitir su intensidad con palabras. El sujeto objeto del experimento se ve sometido a un tremendo conflicto: por una parte, el dolor manifiesto del aprendiz, le compele a abandonar el ejercicio; por otra, el experimentador, autoridad legítima con la que se ha comprometido, le mueve a proseguir. Cada vez que el sujeto duda de administrar la descarga, el experimentador le ordena que prosiga. El sujeto sólo puede desembarazarse de esta situación cuando rompe con la autoridad. La finalidad de la investigación es descubrir cuándo y cómo se producía ese momento.

El experimento, en sus diversas opiniones, arrojó resultados sorprendentes, incluso para el propio Milgram. El porcentaje de individuos que llegaron hasta los 450 voltios solía oscilar entre un 65% y un 30% en función de las diferentes versiones que diferían en aspectos tales como el grado de proximidad física entre enseñante y aprendiz, que las instrucciones se dieran por teléfono, etc.

Resulta sorprendente comprobar que pueda haber personas, teóricamente normales, capaces de administrar incluso las primeras descargas. Muy pocas personas se negaron de plano a hacerlo. El propio Milgram encontró los resultados de su experimento sorprendentes y desalentadores a un tiempo. Muchos sujetos experimentaron cansancio, otros muchos protestaron ante el experimentador, pero una mayoría de ellos prosiguieron hasta la última descarga en el generador (450 voltios). Muchos sujetos obedecieron al experimentador a pesar de la vehemencia de la reacción de la persona objeto de las descargas, de lo dolorosas que éstas parecían ser y de la petición que la víctima hacía de que la liberaran.

Una de las conclusiones más impactantes del estudio se refiere a la motivación y naturaleza de la actuación de estos sujetos. Sus acciones no tenían su origen el odio, el rencor, la maldad o la rabia. Simplemente, estas personas consideraban que cumplían con su deber, con aquello que se les había pedido y con lo que se habían comprometido. Numerosos acontecimientos históricos (como los Juicios de Núremberg) recogen este tipo de argumentación: "Y de hecho, nos recuerda vivamente la discusión que nación con motivo de la publicación en 1963 de la obra de Hannah Arendt, Einchmann in Jersusalem. Manifestaba Arendt que el esfuerzo desplegado por el fiscal por describirnos a Einchmann como un monstruo de sadismo era fundamentalmente falso, que se asemejaba muchísimo más a un pobre burócrata que no hizo otra cosa más que estar sentado ante la mesa de su despacho y cumplir con su obligación".

Milgram, inspirado por acontecimientos históricos tan trágicos como el Holocausto judío a manos de los nazis, iba buscando razones que explicaran en qué condiciones el ser humano puede ser obediente al máximo. Acabó encontrando una tendencia bastante generalizada a la docilidad extrema que se traducía en seguir, hasta sus últimas consecuencias, las órdenes de una autoridad que se reconoce como superior.

Extraído de De ti depende, Ignacio Álvarez de Mon, LID Editorial, págs. 161-163.

* Hoy para acabar, varias referencias:

- Blogs: en "Aprende del deporte" el post "¿Fútbol y negocio? Sí, gracias".

- Artículos: "Esos saberes irrelevantes", de Javier Marías; y "Un Iphone para detectar el apendicitis", en El Mundo.

- Videos: "Bebes: imaginación al poder", en Redes (por cortesía de Carlos Vegas).

- Presentaciones: para quien esté interesado el miércoles 2 de diciembre es la presentación del libro "Secretos de lujo" de Maria Eugenia Girón, con la participación de Covadonga O´Shea (Presidenta ISEM), Sergi Arola (Cocinero), Gonzalo Brujó (Consejero Delegado Interbrand) y Nuria Vilanova (Presidenta Inforpress).