miércoles, 30 de diciembre de 2009

Yo cambio, tú cambias, él cambia...

El otro día leí esta historia. La contaba el brasileñó Paulo Coelho. Dice así:

El hombre santo reunió a sus amigos:

- Estoy viejo, les dijo.

- Y sabio, respondió uno de los amigos.

- Durante todo este tiempo, siempre te vimos rezando. ¿De qué hablas con Dios?

- Al principio, yo tenía el entusiasmo de la juventud. Le pedía a Dios que me diera fuerzas para cambiar la humanidad. Poco a poco empecé a darme cuenta de que esto era imposible y entonces empecé a pedirle a Dios que me diese fuerzas para cambiar a los que estaban a mi alrededor. Ahora, que ya soy viejo, mi oración es mucho más sencilla. Le pido a Dios lo que debería haberle pedido desde el principio.

- ¿Y qué es eso que le pides ?, quiso sobre el amigo.

- Le pido ser capaz de cambiarme a mí mismo.

Un proverbio japonés lo explica bien: "Si cada uno barriese delante de su casa qué limpia estaría la ciudad". Intentamos cambiar el mundo cuando éste sólo se transforma día a día y paso a paso. Buscamos "lejos" cuando la solución está "cerca" y en cada uno de nosotros. Ghandi dio en el clavo: "Tú debes ser el camino que deseas ver en el mundo".

* Hoy dos recomendaciones:

- La primera el siguiente video-anuncio que descubro en twitter gracias a @alejandrosuarez que ha sido votado como el mejor anuncio.