sábado 31 de enero de 2009
Para el fin de semana: Gila
miércoles 28 de enero de 2009
Cómo hacer negocios con humor
Hace unos días terminé de leer el libro Cómo hacer negocios con humor de Malcolm Kushner (Granica, 1992). Cayó en mis manos hace algún tiempo, y como el tema me parece interesante, decidí leerlo. No es un gran libro, aunque de todo se puede aprender. Me quedo con algunas frases:
martes 27 de enero de 2009
Otro ejemplo de cinismo
La incorporación de la mujer al mercado de trabajo así como al resto de los ámbitos sociales es una realidad desde hace tiempo que viene confirmada por muchos datos. Por ejemplo, de los 350 diputados de la Cámara Alta, el 36% corresponden a mujeres cuando en 1982 tan sólo el 4,5% de los escaños estaban ocupados por diputadas. En 1982 tan sólo el 4,35% eran senadoras y en la actualidad es del 25%.
Además, de las carteras ministeriales –16 en total– la mitad están en manos de mujeres y la número dos del gobierno es también una mujer. Por otro lado, una Comunidad Autónoma de la importancia económica de Madrid, que aporta casi el 20% al PIB de España y tiene la renta per cápita más alta del país, está capitaneada por Esperanza Aguirre.
En 1981, la tasa de actividad femenina en nuestro país era del 22,4% mientras que veinte años más tarde se había elevado hasta el 43,7%. En países del norte de Europa como Dinamarca y Suecia, la cifra alcanza el 71%. Y en la universidad española, 66 de cada 100 matriculados y 59 de cada 100 personas que obtienen una licenciatura, son mujeres (y en algunos estudios como Psicología y Medicina los datos son muy superiores). Además, 6 de cada 10 estudiantes de los programas Sócrates–Erasmus son también del género femenino.
Se puede decir que en gran parte se han superado las barreras «visibles» que dificultaban la integración activa de la mujer en el mercado laboral y hoy día hombre y mujer compiten en una teórica igualdad de condiciones. A pesar de ello, y como señala Nuria Chinchilla –una de las principales expertas en este tema–, existen un conjunto de barreras «invisibles» («glass ceiling» o techo de cristal) que hacen que esa realidad no sea del todo plena. Digamos que existe una igualdad «de iure» (de derecho o formal) pero no «de facto» (en la práctica) y siguen habiendo discriminaciones y sesgos psicológicos –consciente o inconscientes– que tienen su repercusión en la empresa, en la política y en otras muchas esferas.
Diversas investigaciones y estudios que así lo demuestran. El otro día, Claudio Fernández–Aráoz, nos contaba uno muy conocido relativo a la selección de músicos para instrumentos de viento de la Orquesta Filarmónica. Hace unos años, el recruiting de candidatos era el siguiente. Había un conjunto de evaluadores que se ponía enfrente de los candidatos y éstos tocaban los instrumentos demostrando su habilidad. Alguien sospechó que podía existir la posibilidad de que los evaluadores, de manera consciente o inconsciente, estaban discriminando a algún músico por razón de género (hombre vs. mujer). Como es evidente, al músico es necesario escucharlo, no mirarlo, por tanto, se sugirió poner un telón entre el jurado y los músicos, de manera que los evaluadores oyeran pero no vieran. Tras esta decisión, el porcentaje de mujeres seleccionadas para grandes instrumentos de viento creció de manera exponencial. Antes, el jurado estaba escuchando con los ojos en lugar de escuchar con los odios. Inconscientemente –a veces también conscientemente– se asumía que probablemente una mujer tenía menos potencia y fuerza para tocar los grandes instrumentos de viento, cuando en realidad tocaban igual de bien.
No obstante, a pesar de las mejoras experimentadas, posteriormente se decidió poner no sólo un telón que separaba a evaluadores y candidatos sino también una alfombra, porque algunos miembros del jurado oían los tacones y seguían discriminando. Una vez bajado el telón y puesta la alfombra, el porcentaje de mujeres volvió a incrementarse.
Todos sabemos que por mucho que se nos llene la boca de igualdad de género –lo mismo sucede con el colectivo de los inmigrantes, los discapacitados y otros (el cinismo es enorme)– los prejuicios y las discriminaciones –consciente o inconscientemente, como hemos señalado– siguen existiendo.
Siempre he dicho que lo importante es el talento, con independencia de si lleva pantalón o falda. Por tanto, ni exaltación de cuotas –muy de moda en los últimos tiempos– ni discriminaciones absurdas –muy arraigadas en el pasado–. Lo revelante son los resultados.
En otra ocasión hablaré de la importancia belleza –existen estudios e investigaciones que así lo demuestran– como factor determinante para conseguir un trabajo (se entiende para aquellos puestos en los que el físico no es importante).
lunes 26 de enero de 2009
McDonald's nunca pierde
Hoy el diario «El Mundo» trae a su portada en la edición digital la siguiente noticia: «McDonald's ganó un 80% más en 2008 que el año anterior. Invertirá 2.100 millones en abrir 1.000 restaurantes en 2009 y generará 12.000 nuevos puestos de trabajo en Europa este año».
¿Cómo son posibles estos datos con la que está cayendo?
Mi conclusión es que si la economía va bien, la gente consume más y, por tanto, come más de hamburguesas; pero si hay crisis, la situación es incluso mejor para la compañía norteamericana porque la gente, ante las dificultades económicas, decide comer hamburguesas antes que otro tipo de comida más cara. En definitiva, que McDonald's nunca pierde.
Los datos de 2008 de la compañía norteamericana a nivel mundial son espectaculares:
– La media de clientes servidos cada día fue de 58 millones de personas.
– La facturación fue de 23.522 millones de dólares.
– Los beneficios se elevaron hasta los 4.313 millones de dólares (un 80% más que en 2007).
El origen de la compañía se remonta al año 1940 en San Bernardino (California), cuando los hermanos Dick y Mac McDonald crean la empresa, aunque el salto cualitativo se produjo en 1955 con la primera franquicia .
Con el paso de los años, McDonald's se ha convertido en uno de los restaurantes con mayor presencia en el mundo, así como en un símbolo de Estados Unidos, el capitalismo y la globalización. De hecho, el primer símbolo reconocible de un país que se incorpora a un sistema capitalista es la famosa «M» de «McDonald's». En la actualidad cuenta con más de 30.000 locales repartidos por más de 100 países. En España la primera tienda de McDonald's se abrió en 1981 en la calle Gran Vía de Madrid.
Esta omnipresencia de la compañía norteamericana por todo el mundo llevó al semanal británico «The Economist» a elaborar en 1986 el índice Big Mac, que consiste en comparar el precio de una hamburguesa tipo –la Big Mac, la más famosa de la cadena– en todos los países donde la venden y así poder saber si las distintas divisas están en su paridad “correcta”, o por el contrario, están sobrevaloradas (infravaloradas) con respecto al dólar estadounidense.
Se dice que el tipo de cambio entre dos monedas está en equilibrio cuando el precio de dos cestas de productos o servicios idénticos, es igual en los dos países. El índice Big Mac supone que una hamburguesa Big Mac de los establecimientos McDonald’s es una cesta de bienes representativos, ya que mantiene unas características similares (se elabora con los mismos ingredientes) a nivel internacional, y hace posible comparar los precios de los países de manera mundial. El precio que se toma como base es el de la hamburguesa de Estados Unidos que se calcula como promedio de cuatro ciudades americanas (Atlanta, Chicago, Nueva York y San Francisco).
La «Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo» (más conocida como PPA), sostiene que productos similares, situados en diferentes países, deben tener igual precio (ley de un sólo precio). Es decir, el tipo de cambio debe igualar los precios de una cesta de bienes y servicios idénticos en dos países. De tal modo, que si se cumpliese la teoría de la PPA, un dólar debería servir para comprar la misma cantidad de productos en todos los países del mundo (paridad correcta). Esto, sin embargo, no siempre es así ya que con una misma cantidad de dinero en algunos países se puede adquirir más (menos) volumen físico de bienes y servicios.
Teniendo en cuenta esto, la «PPA Big Mac» es una indicador simple y rápido que dice cuál debería ser el tipo de cambio de mercado para que una hamburguesa costase lo mismo en Estados Unidos que en el extranjero. Al comparar el tipo de cambio real con la «PPA Big Mac», se puede observar si una moneda está sobrevalorada (infravalorada) respecto al dólar. Los expertos consideran que la teoría de la PPA se cumple en el largo plazo, y, por tanto, es un indicador de la tendencia que seguirá el tipo de cambio en el futuro, de tal modo que el índice Big Mac nos permite intuir cuál va a ser la evolución de las divisas.
domingo 25 de enero de 2009
El dilema del peatón
En cierta ocasión, le preguntaba a Alfredo Ruiz Plaza, Vicepresidente Regional para Europa de Hertz, qué era lo más difícil de ocupar un puesto de alta responsabilidad a nivel internacional. Esto me contestaba: «Una de las cosas más complicadas es entender que las culturas y las formas de hacer negocios son diferentes en cada país. Esto lleva un cierto tiempo y hay que adaptarse».
Las diferencias culturales determinan nuestras relaciones, tanto en el ámbito más personal como en el profesional. Tengo buenos amigos británicos y a menudo charlamos sobre esas diferencias culturales que existen entre el mundo anglosajón y el latino. Evidentemente, ambas culturas tienen sus cosas buenas y otras menos agradables, por tanto, de lo que se trata es de empaparse de lo mejor de los demás e intentar minimizar lo menos bueno de nosotros.
Uno de los rasgos característicos de las culturas latinas es su cercanía en el trato. Esto, tiene una parte buena que se manifiesta en que las relaciones son más intensas, cálidas y acogen mejor a otros, y tiene una parte menos buena, que en el ámbito laboral se manifiesta muchas veces en una tendencia hacia favoritismos, amiguismos y tratos de favor.
Las culturas anglosajonas, por el contrario, son más frías y distantes, pero se caracterizan al mismo tiempo por una mayor inclinación hacia el «deber ser», por tener un mejor sentido de la justicia y la transparencia o por tener más clara la importancia de la meritocracia con independencia de afinidades y factores personales.
Existen diferentes estudios que intentan poner de manifiesto estas diferencias culturales. Uno de los más conocidos es el de Fons Trompenaars, antiguo Director de RRHH a nivel internacional de Shell, que plasmó en su libro: «Riding the waves of culture. Understanding Cultural Diversity in Business».
Fons Trompenaars encontró que existen siete dimensiones en las cuales las culturas difieren. Una de las dimensiones se refiere a cómo nos relacionamos las personas, si es en función de lo que «debería ser» o en función de la afinidad que tenemos con las otras personas. Fons Trompenaars explica estas diferencias con una serie de dilemas y uno de ellos es el «Dilema del Peatón».
La cuestión es la siguiente. Imagine que va en coche con un amigo que conduce el automóvil. La velocidad máxima es de 60 km/hora, pero su amigo va mucho más rápido y atropella a un peatón. La pregunta que le hace a gente de distintas culturas es: «Estás delante del juez: ¿Ayudarías a tu amigo, si o no?».
En las culturas anglosajonas, el 90% dice: «Ni hablar, yo digo la verdad que es lo que corresponde». En las culturas latinas dicen: «Por supuesto que ayudo a mi amigo». Cuando la gente ve esta respuesta, el anglosajón, dice: «Eres un corrupto, ¿cómo vas a mentir?». En cambio, el latino dice: «¿Y tú cómo no vas a ayudar a tu amigo? Eres un inmoral; tu amigo ha podido tener las mejores intenciones y ha sido un accidente».
Las diferencias entre culturas son más evidentes cuando la pregunta se hace más enrevesada, por ejemplo qué haría en el caso de que el peatón fuese atropellado. Las respuestas son las siguientes. El anglosajón dice: «Por supuesto, si el peatón murió, con más razón tengo que decir la verdad»; y el latino contesta: «Por supuesto, si el peatón murió, con más razón tengo que ayudar a mi amigo para que no vaya a la cárcel».
La pregunta final es: «La que iba conduciendo era su mujer, ¿la ayudaría, sí o no?». La mayor parte de la gente dice finalmente que sí, excepto cuando Fons Trompenaars señala, en broma, que el británico dice: «Ah era mi mujer, 400 km/h su señoría».
La explicación a esta diferentes forma de proceder, dice Claudio Fernández–Aráoz, al que citamos el otro día, en que en las culturas anglosajonas, quizás por motivos de su formación protestante, se basa más en la norma, en el «deber ser»; y las culturas latinas nos basamos más en el amor, en la relación, en las consecuencias potenciales de esas personas.
En cualquier caso, lo importante es saber que si vamos a interactuar con personas de culturas diferentes, bien en el plano personal o profesional, es muy importante conocer su lenguaje particular porque de ahí puede depender el éxito o fracaso en la relación.
sábado 24 de enero de 2009
Para el fin de semana: Mr. Bean
A partir de hoy, cada fin de semana (el sábado) dejaré algún video para pasar un buen rato. Lo decía el filosófo indio Krishnamurti: «La inteligencia o falta de inteligencia de una persona se mide por las cosas que le hacen reír». Hemos hablado aquí muchas veces de la importancia del humor. Aquí va el primero de los videos. Es de un «viejo conocido»:
viernes 23 de enero de 2009
Mario Conde
Ayer mismo la prensa recogía una intervención de Mario Conde en la prisión de Sevilla donde acudió a dar una charla a los reclusos.
Dedico un post a Mario Conde (1948) por varios motivos. Primero porque dijo algunas cosas interesantes. Una de ellas la siguiente: «A veces cuesta más trabajo vivir fuera de la prisión que dentro, porque la sociedad es muy cínica». Plenamente de acuerdo. De cinismo andamos sobrados y aquí hemos hablado largo y tendido acerca de esta cuestión (ver posts: «Apariencias vs. realidades: off the record», 05/02/08; «La cultura del envase», 06/08/08; «Sentirse un perdedor», 07/10/08; «Otra de apariencias vs. realidades», 28/12/08).
Vivimos en una sociedad tremendamente hipócrita y falsa; de gran incoherencia entre los mensajes lanzados y las prácticas realizadas; entre lo que se dice por delante y lo que se comenta a las espaldas; entre lo que hacemos cuando no nos ven los demás y lo que hacemos cuando nos ven.
El segundo motivo por el que escribo de Mario Conde es porque hace unos días estuve con una persona que sigue la trayectoria del ex banquero desde sus comienzos hasta llegar a la Presidencia de Banesto y su posterior ingreso en la prisión de Alcalá Meco. Meses atrás, Mario Conde fue entrevistado en un programa de televisión en una de las pocas apariciones en los medios de comunicación. Esta persona siguió aquella entrevista, porque como experta en comunicación no verbal, quería apreciar si se había producido algún cambio en los gestos, mirada, movimiento de manos, etc. que diese algunas pistas como ser humana.
Cuando nos vimos le pregunté su percepción sobre aquella entrevista. Esto me contesto: «Me parece que dentro del mundo de la empresa ha sido un hombre brillante al que la avaricia de poder le traicionó. En aquella entrevista vi a un hombre renovado y transformado que se ha dado cuenta que conocerse así mismo y desarrollarse personalmente es el foco en el que hay que centrarse, tanto él como cualquier persona en el poder. A fecha de hoy es mucho más cercano a la gente y a los mundos en los que tenemos que penetrar ahora. Si tuviéramos que elegir un modelo de lo que significa una crisis y el cambio que hay que dar sería la imagen de Mario Conde. En la comunicación no verbal hay un cambio radical en su persona. Cuando era Presidente de Banesto, su gesto era más altivo que ahora, sin embargo es importante señalar que no es la mirada de un hombre derrotado sino de un hombre que ha aprendido una lección, sobre lo que es esencial en la vida y lo que no. Ahora da la sensación que habla desde el corazón. El mío al menos lo tocó».
En alguna ocasión he dicho –el otro día en el artículo «Raúl, un ejemplo para directivos» también lo recordaba– que los inteligentes no son los que cometen o no errores –todos fallamos– sino los que saben aprender de ellos. Estoy seguro que Mario Conde ha aprendido mucho de su paso por prisión. Y es que muchas veces lo mejor que le puede pasar a uno es aquello que jamás hubiese deseado que le ocurriese. Generalmente, todos los cambios vienen por convulsión. Hasta que todo no tiembla alrededor, el ser humano parece incapaz de cambiar. Triste, pero habitualmente, una realidad.
Dejo el blog de Mario Conde: http://www.marioconde.com/.
jueves 22 de enero de 2009
El riesgo de no rodearse de los mejores
En ocasiones, impartiendo clases de MBA, suelo preguntar a los alumnos: ¿Qué es lo mejor que tiene Apple? Algunos, apresuradamente, contestan que sus Mac, Iphone, Ipod... No, lo mejor que tiene Apple son sus ingenieros que crean esos productos.. ¿Qué es lo mejor que tiene El Bulli de Ferrán Adriá? Alguno contestará que la comida. No, lo mejor es su gente que investiga e inventa esa comida creativa. ¿Qué es lo mejor de la pastelería de al lado de su casa en la que compra esos dulces que tanto le gustan? No son los pasteles, son sus propietarios que los elaboran. Y así pasa con todo. Son las personas las que hacen que las cosas ocurran; son las personas las crean productos, sistemas logísticos eficientes o procesos productivos.
Hace unas semanas estuvo por España, Claudio Fernández–Aráoz, Socio y miembro del Comité Ejecutivo mundial de Egon Zehnder International, una firma de búsqueda de directivos en la que lleva más de veinte años seleccionando ejecutivos en todo el mundo.
Ingeniero industrial por la Universidad Católica Argentina (con medalla de oro y mayor promedio histórico de la UCA), es MBA por Stanford (con honores) y reciente Premio Konex 2008 en Argentina en la categoría Ejecutivos de Empresas de Servicios.
Fernández–Aráoz acaba de publicar un libro muy recomendable cuyo título es: «Rodéate de los mejores» (LID Editorial, 2008). En él recoge muchas cuestiones de interés tremendamente importantes relativas a la selección de ejecutivos.
Todos sabemos que en la mayor parte de los trabajos –y de todas las cosas de la vida– la distribución del desempeño –medida por ejemplo por la productividad– responde matemáticamente a una distribución normal (en forma de campana) en la que sí la media es el 100, entonces el 50% está aproximadamente en la media (desempeño «normal»); un 20% es mejor que la media (desempeño «bueno»); un 20% es peor que la media (desempeño «malo»); un 5% es mucho mejor que la media (desempeño «muy bueno») y el 5% restante es mucho peor que la media (desempeño «muy malo»)
Esto quiere decir que contar con personas excelentes –tan sólo el 5% de los casos– es algo complejo y, por tanto, sería ideal –dado el coste de tiempo, esfuerzo y dinero– cuantificar cuáles son las diferencias entre las personas que tienen un desempeño «muy bueno», «bueno», «normal», «malo» y «muy malo».
Claudio nos decía lo siguiente: «Si se analiza la productividad de un operario manual de una línea de montaje, por ejemplo de SEAT, responde a una distribución normal en forma de campana, donde si el promedio es índice 100, los operarios estrella tienen una productividad un 40% más alto, que es el coste de oportunidad de no rodearte de los mejores».
Lo más interesante es que numerosas investigaciones empíricas demuestran que la diferencia entre una persona típica y una persona sobresaliente crece exponencialmente con la complejidad de la labor. Así Claudio decía: «En una economía del conocimiento, por ejemplo, la diferencia entre un vendedor de seguros típico y un vendedor estrella no es de un 40% sino de un 240%. Y para un trabajo aún más complejo, como por ejemplo un socio de una empresa de servicios profesionales, una consultoría, una agencia de publicidad o un bufete de abogados, la diferencia entre un trabajador tipo y un trabajador estrella es del 1200%».
El coste de no contar con buenos profesionales es alto (o muy alto). Quizás uno puede sobrevivir algún tiempo cubriendo el expediente, pero en entornos tan competitivos como los que vivimos, si uno no es capaz de rendir al máximo con recurrencia acaba siendo expulsado del negocio.
A lo largo de los años hemos pasado de una economía «agraria» (la ventaja competitiva estaba en la materia prima) a una economía «industrial» (la ventaja competitiva estaba en las máquinas) y hemos aterrizado en una «economía del conocimiento y los servicios» (y el conocimiento que lo tiene son las personas y los servicios quienes los prestan son las personas).
Os daré unos datos: «Alrededor de 1910, los productos agrícolas representaban cerca del 70% del comercio internacional, cuando ahora no llegan al 15%. Después de la Segunda Guerra Mundial, el sector primario empleaba a más del 25% de los trabajadores y generaba más del 20% del PIB. Actualmente, la agricultura emplea al 3% de la fuerza de trabajo y aporta sólo el 5% del PIB. A la industria le está sucediendo lo mismo. Los costes laborales de la industria han pasado a representar sólo el 14% cuando hace más de treinta años representaban el 30%. En Estados Unidos el empleo de la industria apenas supone el 17% de la fuerza de trabajo cuando en 1950 era más del doble. En unos años sólo representará el 10%. Si se suma al 3% de la agricultura ambas cifras suponen el 13%. El 87% restante trabajará en la industria del servicio del saber».
También Jonas Ridderstråle y Kjell Nordström, Profesores de la Stockholm School of Economics, dan cifras similares: «»El éxito [hoy día] es una cuestión de cerebros más que de fuerza bruta, en cualquiera de los sectores. Por supuesto que la materia sigue siendo importante, pero menos. El capital intelectual es el recurso escaso. Por término medio, las mercancías valen ahora una quinta parte de lo que valían hace 150 años. La riqueza se crea con la sabiduría. Estudios realizados por Jonathan Kendrick ponen de manifiesto que la relación global entre recursos intangibles y tangibles ha cambiado de 30:70 a 63:37 durante los últimos setenta años. Los recursos más importantes de una empresa ya no se pueden tocar (al menos sin correr el riesgo de sufrir una denuncia por acoso sexual)».
De esto hablaré en otro post.
miércoles 21 de enero de 2009
Del «Work & Life Balance» al «Work & Life Choices»
Si ha habido una palabra de moda durante los últimos años, esa palabra ha sido «Conciliación» o en inglés «Work & Life Balance» (Equilibrio entre vida personal y profesional). El término es interesante y debemos profundizar en él. El equilibrio en todos los órdenes de la vida es muy importante para rendir con eficacia. Sin embargo, deberíamos tratar de entender qué se entiende por equilibrio y en qué tipo de situaciones.
¿Se puede ser Presidente de Estado Unidos y dejar de trabajar los viernes a las 15.00 horas hasta el lunes? ¿Se puede ser directivo de una multinacional y no viajar? ¿Se puede trabajar en la sección de informativos de una televisión y vivir sin presión?
Lo primero es lo primero, se suele decir con frecuencia. Hágase las siguientes preguntas: ¿Sabe Vd. cuál es su proyecto vital? ¿Sabe dónde está y hacia dónde va? ¿Sabe lo que espera de la vida?
La vida es una cuestión de prioridades. No hay tiempo para todo pero siempre hay tiempo para lo que uno quiere que haya tiempo (ver post «Todos los más tienen sus menos», 10/01/09). No todas las profesiones requieren la misma exigencia, dedicación o desgaste emocional, ni tampoco todas tienen la misma remuneración o privilegios. «Vivir es decidir –nos recuerda Álvarez de Mon– y decidir es priorizar».
¿Tiene claras sus prioridades vitales? Aquí es donde tiene cabida el concepto de «Work & Life Choices». Sepa primero lo que quiere y probablemente las cosas empezarán a marchar mucho mejor. Trabajar mucho es una opción y puede ser una fuente de placer cuando se vive como tal. He conocido a muchos empresarios que su «ocio» era su «negocio». Disfrutan tanto de lo que hacen que a menudo la frontera entre uno y otro concepto se difuminan y no es fácil decir donde termina uno y empieza el otro. En cierta ocasión me decía la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada: «Mi filosofía de vida es disfrutar con el trabajo. Me encanta lo que hago. A mí el sitio que más me divierte del mundo, más que una fiesta o cualquier otra cosa, es mi estudio. Siempre hay problemas, evidentemente, pero los problemas al fin y al cabo son divertidos».
Por tanto, «ocio» no significa necesariamente no trabajar. Cuando uno disfruta con lo que tiene entre manos –«Pasión», primera condición del «PSP: Pasión + Sacrificio + Paciencia» (ver post 24/06/08)– todo adquiere otra dimensión. De otro modo, la conciliación se convierte en una excusa para huir de allí donde no nos encontramos a gusto. José Aguilar, fino pensador del management español, me comentaba a raíz de este tema: «La conciliación entendida sólo como una racionalización de los horarios laborales y una cierta flexibilización en la organización de la actividad es una medida interesante como punto de partida. Sin embargo, la conciliación es mucho más. La conciliación es estar bien con uno mismo; la capacidad de integrar, no sólo en términos de agenda sino en términos globales, lo que es el trabajo dentro de la propia vida; que la vida en conjunto resulte satisfactoria y que el trabajo dentro de esa satisfacción aporte valor y no lo reste; que el trabajo no sea sólo una tarea que debemos cumplir para obtener recursos y disfrutar en otras parcelas extralaborales. A veces, las empresas realizan grandes esfuerzos por implantar medidas de conciliación que tienen un impacto muy pequeño en los niveles de satisfacción de la gente. La conciliación tiene dos dimensiones: la externa, que la tiene que dar la empresa; y otra interna, y más importante, que depende de cada uno. El reto es que el trabajo se convierta en una de las dimensiones satisfactorias de nuestra vida; y en la medida en que la empresa crea las condiciones para que así sea, a lo mejor ayuda más a conciliar que simplemente modificando algunos aspectos del horario. Pienso que la conciliación empieza por uno mismo. Es mucho más fácil conciliar cuando el propio trabajo nos satisface».
Lo comparto cien por cien. Siempre tenemos la tentación de encontrar culpables a nuestra situación para así descargarnos de responsabilidades. Es una actitud infantil ante la vida que se repite con frecuencia. La frase de bienvenida de esta bitácora señala: «Los ganadores buscan soluciones; los perdedores excusas».
Pregúntese primero: ¿Le gusta su trabajo? Si no le gusta, ¿ha hecho algo por cambiar o la pereza le domina?
Mejor que hablar de «Work & Life Balance» deberíamos pensar más en hablar de «Work & Life Choices». Repetimos lo apuntado con anterioridad: lo primero es lo primero. Clarifique sus prioridades. Dejo un video que Yoriento publicaba en su blog (ver post «Sigo priorizando», 16/01/09) y que me gustó mucho.
martes 20 de enero de 2009
Las seis fases de un proyecto
1. Entusiasmo.
2. Desilusión.
3. Pánico.
4. Búsqueda del culpable.
5. Castigo del inocente.
6. Gloria y loor de los no participantes.
Me ha hecho mucho gracia, especialmente el punto número seis. Éstos, por supuesto, se encargarán de añadir: «Ya te lo decía yo». ¡Ánimo! Así es la consultoría. Especialmente delicado es el punto 3, que con la experiencia, evidentemente, tiende a ser reducirse hasta que uno es capaz de controlarlo con soltura.
lunes 19 de enero de 2009
Coaching en tiempos de crisis
En estos días estoy inmerso en un proceso de coaching con un empresario que, como consecuencia de la crisis, va a abandonar su negocio en el que lleva implicado varios años –y al que le ha ido bastante bien– pero que por motivos de la situación económica –y muy particularmente de su sector, muy cíclico– se ha visto obligado a dar un golpe de timón a su carrera profesional.
Primero, tendrá que tener que pasar de una situación de trabajador por cuenta propia –con los privilegios y servidumbres que ello conlleva– a una situación de trabajador por cuenta. El cambio no va a ser fácil, desde luego, sobre todo teniendo en cuenta que esta persona siempre ha trabajado para él.
En casos como éste, la primera gran preocupación del coachee es saber hacia dónde tirar. Estar desorientado suele ser algo habitual y además produce gran ansiedad. Y es que como decía Séneca: «No hay buen viento para quien no sabe dónde va». Por el contrario, cuando uno tiene claro hacia dónde se dirige, basta encontrar los medios y perseverar.
Para evitar precipitarse e ir dando palos de ciego que podrían ser contraproducentes, lo primero es hacer un análisis de fortalezas y debilidades de la persona. Es muy importante ser sincero (muy sincero) con uno mismo. La opinión tanto propia como de otras 3 ó 4 personas de confianza que nos conozcan bien –y no nos vayan a decir lo que queremos escuchar– es determinante para empezar con el diagnóstico y posteriormente elaborar el plan de acción correspondiente.
Especialmente importante es el reconocimiento de las debilidades para no adentrarnos en terrenos que no están hechos para nosotros. Lo hemos dicho muchas veces aquí: una de las muestras de mayor sabiduría de una persona es ser consciente de sus propias carencias. En mi experiencia no hay que luchar contra los puntos débiles. El desgaste de energía es grande y el coste de oportunidad (lo que dejo de ganar por hacer otra cosa) es alto. Por tanto, lo que hay que hacer es identificar 4 ó 5 fortalezas clave y apalancarse en ellas. Todos tenemos talento para algo; somos buenos (muy buenos) haciendo determinadas cosas y mejores que los demás. Ahí es donde probablemente tengamos una ventaja competitiva frente al resto que hay que explotar. El mejor trabajo para cada persona es aquel que exhibe nuestras virtudes y disimula nuestros defectos. De lo que se trata es de hacer muchas veces aquello que sabemos hacer muy bien y el menor número de veces aquello para lo que no estamos dotados.
A partir de entonces los pasos son:
1. Una vez clarificadas esas 4–5 competencias habrá que ver cuáles son los distintos trabajos en los que se pueden poner en práctica esas competencias.
2. Seguidamente habrá que ver las empresas más adecuadas para esos tipos de trabajos.
3. Intentar ponerse en contacto con esas empresas por distintos medios.
4. Hacer saber a todo nuestros contactos y conocidos qué buscamos.
5. Dedicar tiempo a la búsqueda. No basta con un par de horas al día. Buscar trabajo es un trabajo en sí mismo.
6. Estar dispuestos a hacer sacrificios temporalmente mientras se busca la forma de llegar a donde se desea.
7. Ser realistas y tener en cuentas las circunstancias de mercado.
8. Ser pacientes: el desenlace de casi nada suele ser inmediato.
9. No ser tímidos a la hora de pedir. Como se dice en el libro más vendido del mundo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá».
10. Tener resistencia emocional. No hay que perder la fe. Como decía Cela: «Quien resiste, vence».
domingo 18 de enero de 2009
Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro
Allí, en los comentarios, una bloguera –Leyla, de Colombia– tuvo el detalle de dejar una frase de René Descartes (1596–1650) que me gustó mucho: «Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro». Buena reflexión que debería ser frase de cabecera de todos nosotros.
Leyla tiene un blog cuyo título lo dice todo –«Lo que le diga es mentira»– y cuya frase de bienvenida es: «El sabio debe aprender a aceptar la sabiduría de cualquier persona, incluso de un niño o ¿acaso la pequeña lámpara de noche no alumbra cosas que el sol no puede ver?».
Lo hemos repetido muchas veces aquí: la humildad socrática es básica para pisar cada día con más firmeza y conseguir resultados. Cervantes afirmaba: «La humildad es basa y fundamento de todas las virtudes». Y es que cuando uno es humilde es al mismo tiempo más prudente, más escuchador, más conciliador, más realista, más planificador...
La gente más espléndida que he conocido intelectualmente es gente que reconoce sus límites. El científico John Maddox decía: «Cada descubrimiento científico, al mejorar nuestros conocimientos actuales, también agranda las fronteras de nuestra ignorancia». Así de simple.
Muchas aventuras empresariales (y no empresariales) se van al traste con frecuencia como consecuencia de un cierto complejo de superioridad. Los entornos cada vez son más complejos y cambiantes lo que obliga a estar reinventándose de manera permanente. En muchas ocasiones lo que ayer era válido hoy no lo es tanto y mañana puede estar algo obsoleto: «La única ventaja competitiva sostenible es la capacidad de aprender más rápido que la competencia» (Arie de Geus).
sábado 17 de enero de 2009
Raúl, un ejemplo para directivos
«El pasado domingo, el jugador del Real Madrid, Raúl González Blanco, cumplía su partido 500 en la Liga española. Tan sólo otros cinco futbolistas –Andoni Zubizarreta (622), Eusebio Sacristán (543), Paco Buyo (542), Manolo Sanchís (523) y Miquel Soler (504)– han alcanzado esa cifra, pero con la diferencia de que el 7 blanco ha sido el más joven en hacerlo. Además, para celebrar esta hazaña anotó un gol (el 212 de su carrera en este torneo) y su equipo se alzó con el triunfo a domicilio por 0 a 3 contra el Mallorca.
¿Qué es lo que pueden aprender los directivos del jugador de la casa blanca? Apuntamos algunas ideas:
Mentalidad ganadora: es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. En cierta ocasión decía: «Sólo me doy un diez en ganas de ganar». Toda la gente que marca diferencias son personas muy competitivas. Si hay algo que les produce alergia y no soportan es la derrota.
Ambición: cada reto conseguido necesita renovarlo por otro nuevo. Cada cota la convierte inmediatamente en el valle de la siguiente cima. Tiene hambre. Y es que nadie vuela demasiado alto siendo excesivamente conformista. A lo largo de su carrera ha ido sucesivamente batiendo récords. Debutó con tan sólo 17 años; fue el más joven en llegar a los 100 goles en el Real Madrid; es el segundo máximo goleador en la historia madridista (a tan sólo 2 de alcanzar a Di Stéfano) y el segundo con más partidos (a 32 de Manolo Sanchís); es el máximo goleador de la selección española desde 2003; máximo goleador (64 goles) de la Liga de Campeones y máximo goleador de la historia en competiciones europeas (66 goles); y ahora el más joven en llegar a los 500 partidos.
Tolerancia a la presión: Jorge Valdano, que le hizo debutar el 29 de octubre de 1994, escribía de él: «Se siente cómodo en los momentos cruciales. Donde al común de los mortales le entran dudas, él tiene certezas; donde todos tiemblan, él disfruta. Resulta increíble lo poco que le cuesta lograr cosas difíciles». Di Stéfano sentenció: «Raúl consigue lo que muy pocos se animan a hacer: entrar a un estadio con cien mil personas y jugar como si estuviera en el barrio». Así son los ganadores, gente a la que la adversidad les sirve de acicate e incluso les divierte.
Convicción: tiene tal confianza en sí mismo que cualquier cosa que intenta parece estar predestinada a tener un desenlace positivo. Valdano también dijo de él: «Si una jugada tiene diez respuestas posibles, puede que Raúl no elija la mejor, pero su decisión tiene tal carga de fe, que terminará convenciéndonos». Mucha gente se queda en el camino por no creer demasiado en ellos mismos. La autoestima es determinante en la consecución de objetivos.
Inteligencia: En los inicios de su carrera profesional tuvo un desliz con la noche. Pecados de juventud. Al inteligente no se le mide por cometer o no errores –todos fallamos– sino por su habilidad para aprender de ellos. No volvió a tropezar en la misma piedra. Gracias a su madurez precoz, él mismo se dio cuenta que lo que había hecho no estaba bien, entonó el «mea culpa», enderezó el rumbo y siguiendo sumando partidos, goles, títulos y premios.
Valentía: Sin riesgo no hay evolución ni crecimiento. Como afirmaba Sun Tzu: «Donde hay grandes recompensas hubo hombres valientes». La seguridad no es una virtud que defina a los que descubren nuevos mundos, a los que dejan atrás records históricos, a los que cambian las reglas... Cuentan que cuando fue a Zaragoza a jugar su primer partido oficial, en el vestuario, rodeado de veteranos, mientras todos calentaban, se hizo un rondo y se atrevió a hacerle un caño al capitán, Manolo Sanchís.
Humildad y generosidad: en el debate nacional sobre si debía o no ir a la selección para la Eurocopa pasada adaptó una postura discreta digna de elogio. Sabía que los intereses colectivos estaban por encima de los individuales. No buscó generar polémicas desestabilizadoras aunque le fuesen beneficiosas. En cualquier equipo –deportivo y empresarial– la estabilidad y la unión son el primer requisito para conseguir cosas grandes. Los egos, los personalismos, las individualidades son demoledores para los equipos de trabajo.
Resistencia: como todos, Raúl ha pasado por momentos difíciles, pero su fortaleza emocional le ha permitido aguantar los sinsabores con madurez. Hay personas que suben y luego caen. Él ha sabido mantenerse sin dejarse dominar por la depresión del momento. Ninguna biografía –ni en lo personal ni en lo profesional– es una línea recta. Periodos mejores y peores se alternan, por ello, saber resistir es un sello distintivo de las personalidades más valiosas.
Trabajo: cuando llegó al primer equipo la pierna derecha la tenía de adorno, era un enclenque con cara de niño y se pasaba el partido corriendo. A base de trabajo, poco a poco fue ganando habilidad con la diestra, su musculatura fue tomando forma, fue dosificando su energía en el terreno de juego y demostrando a todo el mundo que haría historia en el balompié. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso. Detrás de cualquier éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio.
Deportividad: o fair play o ética (en el mundo de la empresa). En un ganador, la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa con tal de conseguir resultados. Un dato: su currículum está limpio de tarjeta rojas.
Al hablar de Raúl los elogios se acumulan: «Raúl parece brasileño» (Ronaldo); «Todos sabemos lo que representa Raúl no sólo para su equipo, sino para el fútbol» (Trezeguet); «El Madrid ha fichado a grandes jugadores, pero el mejor es Raúl y lo tenían en la cantera» (Fergurson); «Raúl es el Madrid y el Madrid es Raúl» (Butragueño).
Enhorabuena Raúl por lo conseguido hasta el momento y ánimo para los nuevos retos. Seguiremos aprendiendo de ti».
Publicado por Francisco Alcaide Hernández, en Cinco Días, sábado 17 enero 2009.
http://www.cincodias.com/articulo/Directivos/Raul-ejemplo-directivos/20090117cdscdidir_3/cdspor/
viernes 16 de enero de 2009
El alivio del coaching
Entre ambos sacamos algunas conclusiones y establecimos algunos planes de acción a poner en marcha. Destaco algunas ideas:
Primero. La economía es una disciplina que se basa en satisfacer unas necesidades –que son ilimitadas– con unos recursos –que son escasos–. Ello implica establecer prioridades y asignar nuestros recursos a los mismos. Todo pequeño empresario sueña tener un buen despacho bonito, en una zona atractiva, con los mejores ordenadores, con los empleados más valiosos, con secretarias que organicen la agenda, etc., etc.. Por desgracia, hay que saber qué es lo principal y qué es lo secundario. Los negocios se gestionan –sobre todo en los comienzos– con un profundo dominio del gasto. La austeridad es muy importante y saber priorizar es fundamental.
Segundo. La necesidad de un equilibrio entre referencias y libertad. Todo empleado necesita ciertas coordenadas para no sentirse perdido pero al mismo tiempo debe tener suficiente margen y espacio para poder aportar y poner su granito de arena porque si no se convierte en un autómata y pierde la motivación.
Tercero. La creatividad permite abrir puertas donde parece que sólo hay candados. Lo hemos dicho en distintas ocasiones: la creatividad no es sólo hacer nuevos productos o desarrollar nuevos procesos, sino encontrar soluciones a los múltiples problemas que surgen en el día a día de la gestión. Para casi todos los inconvenientes cotidianos que muchas pensamos que no tienen solución, habitualmente con un poco de imaginación existe una salida para casi todo.
Cuarto. Ventaja competitiva, ésa es la palabra clave. ¿Qué tengo yo que los demás no tienen? ¿Por qué me van a comprar a mí y no a otros? ¿Es el precio, la localización, la capacidad comercial, los contactos...? Lo primero en cualquier negocio es preguntarse esta cuestión: ¿Qué me hace diferente? Además, hay que tener en cuenta que las ventajas competitivas cada día se eliminan o reducen en periodos más breves por lo que hay que estar actualizándolas continuamente.
Quinto. La relevancia está en los «para qué». Cuando una monta una empresa debe saber con qué finalidad lo hace. Si el motivo es exclusivamente hacerse rico me da la impresión que ése no es el camino adecuado. Uno debe poner en marcha una compañía porque siente pasión con el proyecto que va a desarrollar. Si lo hace bien, trabajo duro y tiene paciencia, los resultados acabarán llegando. Y si no, la experiencia será maravillosa para ulteriores desafíos. Pero elevar a la categoría de fin el dinero creo que no es la mejor alternativa.
jueves 15 de enero de 2009
El bueno, el feo y el Madoff
«Engañar a Emilio Botín, a Juan Abelló, a Alicia Koplowitz, a Liliane Bettencourt, dueña de L’Oréal. Esconder 50.000 millones. Pero no sólo por eso me admira Madoff. Envidio la fascinación que desprenden los malos. Me atrae esa aureola de rebeldía que tienen los villanos. Ese míster Hyde que se esconde en cada uno de nosotros.
Es ese lado oscuro el que ha convertido a personajes como Madoff o como Jérôme Kerviel en héroes. Vivamadoff.com es una web en la que, a partir de hoy, se venderán camisetas, tazas y chapas con la imagen de este Che Guevara del siglo XXI.
Es el mismo fenómeno que vivió Kerviel, el bróker que llevó al borde del colapso al grupo Société Générale. Sus seguidores -sí, tiene miles de fans- le llaman Robin Hood y el James Bond de la SocGen, y han creado una empresa de camisetas a través de la web www.misskerviel.com. Por 18 dólares se puede conseguir una camiseta con eslóganes como I love Jérôme Kerviel o Jérôme Kerviel es un genio.
No nos hemos vuelto locos. Los malos testimonian lo que hay detrás de la mediocridad humana. ¿Cómo si no pueden tener tantos admiradores el huraño y maleducado Doctor House o el tocapelotas de Risto Mejide de Operación Triunfo? Son brillantes, porque para ser malo, malo de verdad, hay que ser muy inteligente, como demostró Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos.
Los villanos atraen porque dicen cosas que la mayoría no nos atrevemos a decir y se convierten en un modelo frente a nuestra cobardía. Los buenos llegamos a ser hasta tontos, porque a pesar de las putadas que nos hacen la vida y los amigos, siempre reaccionamos bien.
No nos gusta, pero somos previsibles y rutinarios. Damos las gracias por lo que tenemos, aunque no sea realmente lo que queremos. No somos capaces de imponernos para buscar lo que verdaderamente nos hace felices. Los malos, en cambio, hacen lo que sea para conseguir sus objetivos.
Lo canalla vende mucho en televisión, y de hecho se ha puesto de moda la profesión de discutidor público. Son los que tienen respuestas y opiniones instantáneas sobre todas las materias del universo, son capaces de polemizar sobre la soledad del pato viudo, lanzan un exabrupto de vez en cuando, y no tienen escrúpulos en despellejar a cualquier político, famoso o famosete que se les ponga por delante. Los Jimmy Giménez-Arnau, María Antonia Iglesias, María Patiño, Enric Sopena, Pipi Estrada, Jesús Mariñas o Alfonso Azuara están solicitadísimos en las cadenas de televisión, ávidas por ofrecer carnaza a la audiencia.
Vivimos fascinados por los villanos porque encarnan fantasías de deseos cumplidos que el resto de los mortales hemos reprimido. Encima, los malos ligan más y resultan más interesantes porque son imprevisibles, huyen de la monotonía, tienen carisma, dotes de liderazgo y nos parecen simpáticos. Una parte de nosotros les envidia porque sabemos que en el fondo de cada duro se esconde un líder potencial que convenientemente encauzado conseguiría despertar, impulsar, motivar y hasta sacar lo mejor de los que formamos parte del rebaño.
El cine ha potenciado esa fascinación por los personajes perversos y nos ha hecho amarlos. ¿Cómo no nos van a seducir Sharon Stone en Instinto Básico, Jack Nicholson en El Resplandor, Glen Close en Atracción Fatal, Al Pacino haciendo de Satanás en El abogado del diablo, Rebecca de Mornay convertida en una niñera terrorífica en La mano que mece la cuna, Lee Van Cleef como el forajido más cruel del oeste, o la más perversa de todas las malas, la genial Bette Davis? Nos hechizan los personajes del lado oscuro como Darth Vader, Dr. No, Freddy Krueger, The Joker, el Conde Drácula, Goldfinger, Octopus, Dr. Maligno, Imhotep, el Capitán Garfio o Cruella de Vil.
Sabemos que al final los malos pierden y los estafadores como Kerviel o Madoff acaban entre rejas –la verdad es que esto último ocurre pocas veces–, lo que nos permite a los buenos tener por lo menos una razón para existir. Además, en las pelis, el protagonista bueno es siempre el que al final se queda con la chica guapa. Menos mal».
A propósito de la suerte
Ayer hablé del «PSP», esto es, «pasión» más «sacrificio» más «paciencia», como las tres variables determinantes, desde mi punto vista, claves para la consecución de metas profesionales. Sin embargo, de aquí no debería concluirse que todo está en nuestras manos.
En condiciones normales, con esos tres ingredientes estamos en el buen camino para la lograr aquello que nos propongamos, pero no hay que olvidar que existen factores incontrolables en nuestra vida: ¿Qué pasa cuando un coche se salta un stop, golpea nuestro coche y quedamos inválidos? A partir de ahí nuestra vida da un giro de 180 grados. ¿Qué pasa cuando fallece un padre y el hijo tiene que tomar las riendas de la familia? ¿Qué pasa cuando nos detectan una enfermedad incurable?...
Suscribo las palabras de Nietzsche: «No somos víctimas de nuestro destino pero tampoco dueños del mismo». Hay hechos llamémosles «fortuitos» –como comentaba GDS: «Considero muchos hechos que suceden, como casos fortuitos. Por ejemplo hasta el simple hecho de nacer dentro de una familia. En el mundo hay personas que sencillamente no nacen con esta oportunidad»– que condicionan en gran parte la existencia (aunque no totalmente como se puede leer en el post «A miracle for Christmas», 20/12/07)
También decía Pedja algo interesante: «¿Y qué pasa con la gente que no se puede enamorar? ¿Que necesita simplemente sobrevivir?».
Éste es otro tema interesante. Siempre se habla de la fábula de la cigarra y la hormiga como ejemplo de que el esfuerzo, la perseverancia y el tesón dan sus frutos. La cigarra, holgazana, se pasa el día a la bartola, y cuando llegan malas dadas, su situación se vuelve traumática. La hormiga, pasito a pasito va construyendo, y cuando las cosas se tuercen, está preparada para salir adelante.
Esto es cierto, lo corroboro, pero lo que nadie dice es por qué unos nacen hormiga y otros cigarra. Para los que os guste el cine, en una escena de la fantástica película «Los lunes al sol» (2002), del director Fernando León de Araona y con Javier Bardem como protagonista, se produce esta secuencia. Os dejo esta escena (de algo más de 1 minuto) y otra más (de 5 minutos) en la que existe una interesante conversación acerca del dilema entre suerte y capacidad de trabajo.
Para quien no haya visto la película se la recomiendo. La banda sonora es sensacional y además es una película muy apropiada para los tiempos que corren.
martes 13 de enero de 2009
¿Y la suerte?
Mi amigo hizo referencia al inicio de la fantástica película «Match Point» (2005), del director Woody Allen y con Scarlett Johansson como protagonista, para explicar como el azar muchas veces rige nuestro destino.
Le dije que no estaba de acuerdo y le expliqué entonces mi teoría del «PSP», basada en la «pasión», el «sacrificio», y la «paciencia», como los tres factores determinantes a la hora de lograr objetivos.
Primero, «pasión». Para ser bueno hay que disfrutar. «Si no lo sientes, jamás lo lograrás», decía Goethe; y si lo logras el resultado será de aprobado raspado. Conseguir hitos grandes sólo está al alcance de quien está enamorado con lo que tiene entre manos.
Segundo, «sacrificio». Ninguna meta que merece la pena es un camino ancho y fácil. Más bien sucede lo contrario, que está plagada de obstáculos que hay que sortear, y para ello hay que ser muy perseverante. Camilo José Cela decía: «Quien resiste, vence»; y Óscar Wilde: «El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado».
Tercero. «paciencia». No se siembra hoy y se recoge mañana. A veces, además, entre uno y otro periodo hay momentos muy duros de sequía, de ahí que la fortaleza emocional sea una cualidad muy importante. La Madre Teresa de Calcuta aseguraba: «La paciencia lo alcanza todo». George Savile afirmaba algo parecido: «Quien es un maestro en paciencia, es un maestro en todo». Y un proverbio chino sentencia: «Con el tiempo y con paciencia, la hoja del moral llega a ser seda».
Inmediatamente su pregunta no se hizo esperar: «¿Y la suerte?»
Para mí la suerte es un factor que adelanta o retrasa la consecución de objetivos, porque desde mi punto de vista, la mejor definición de suerte que he descubierto hasta el momento es de Lair Ribeiro: «La suerte se presenta cuando la preparación encuentra una oportunidad».
La gente preparada, antes o después, siempre tiene oportunidades que salen a su encuentro, pero para ello es muy importante es no venirse abajo –lo dicho de la fortaleza emocional– y que la tercera «P» (Paciencia) –una virtud que no se practica con asiduidad– jamás nos falte. Por desgracia, hay gente que tiene pasión, que tiene capacidad de sacrificio, pero que no tiene capacidad de esperar. Desiste demasiado rápido. Es normal, hablar de paciencia es hablar de futuro, y hablar de futuro es hablar de incertidumbre, y el ser humano, habitualmente, tiene alergia a todo aquello que no sea moverse por un entorno conocido (o zona de confort).
Os dejo los comienzos de la película citada que, para quien no la haya visto, no se la puede perder.
lunes 12 de enero de 2009
Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla
Es una de mis paradojas favoritas. Se la escuché al profesor Santiago Álvarez de Mon y es una verdad –paradójica– como un templo que he ido confirmando a lo largo de los años: «Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla; quien sabe mucho, pregunta; quien sabe poco, sentencia».
La experiencia demuestra que la sabiduría vuelve a las personas más prudentes. A medida que una persona sabe más –el ancho de banda es mayor– es más consciente de que sabe tan poco que antes de emitir cualquier juicio de opinión se lo piensa varias veces. Sócrates, gran maestro, nos dio pistas hace más de 2.000 años: «Sólo sé que no sé nada». Por eso, era el más sabio de todos. El ateniense explicaba: «Decidí que aunque aquel hombre parecía sabio a los ojos de muchos, y por encima de todo a sí mismo, en realidad no lo era. Traté de demostrarle que se consideraba sabio pero que en realidad no lo era. Mientras le dejaba, reflexioné para mis adentros: He aquí un hombre menos sabio que yo. Con toda probabilidad ninguno de los dos sabe nada que merezca la pena saberse; pero él cree que sabe, cuando no es así, mientras que yo, dado que de hecho no sé nada, al menos soy consciente de que no sé nada. Aparentemente, por tanto, yo soy más sabio que él en sólo este ínfimo detalle: que, cuando no sé algo, tampoco creo que lo sé».
El mediocre pontifica sobre lo humano y lo divino con gran seguridad. Le da igual el tema del que se hable, él tiene la solución y la respuesta a todos los males: sabe cómo salir de la crisis económica, cómo atajar la delincuencia, la fórmula para reducir los accidentes de tráfico, las claves de la política exterior del gobierno o qué jugadores debe poner el entrenador del Real Madrid para ganar la Liga. Al escucharles –la primera vez– uno piensa: «Esta persona debe ser un erudito». Luego, poco después, uno se da cuenta que es todo lo contrario.
¿Cómo se resuelve esta cuestión? Con humildad, con mucha humildad. Conviene recordar las palabras de Charles Chaplin: «La vida da tiempo nada más que para ser amateur». La vida tiene tantos matices, tantos ángulos, tantos colores... que deberíamos preocuparnos de escuchar más y hablar menos. Todos los sabios son grandes escuchadores, gente que cuestiona sus propias convicciones, y que casi siempre tiene dudas. Lo decía Voltaire: «La duda no es un estado demasiado cómodo, pero la certeza es un estado estúpido».
domingo 11 de enero de 2009
Lo que dicen vs. lo que quieren decir
Se supone que el rigor es la parte fundamental de una investigación así como a la hora de publicar un «paper», sin embargo, como todo, también tienen sus carencias y lagunas que se intentan maquillar de la forma más elegante posible con tal de hacer más llamativos los resultados.
Entre mis papeles he encontrado un artículo que conservaba desde hace más de diez años publicado en el diario «El País» que lleva por título «Una visión irónica de los artículos científicos».
En el mismo se recoge un apartado que dice «La jerga de los paper» en el que aparecen dos columnas; la primera «lo que dicen...» y la segunda «lo que quieren decir» los «papers», en donde se pone en entredicho el supuesto rigor de ciertos artículos de investigación. Así, por ejemplo, aparece:
Cuando dicen: Se sabe desde hace tiempo.
Quieren decir: No me he molestado en mirar la referencia original.
Cuando dicen: De gran importancia tanto teórica como práctica.
Quieren decir: A mí me interesa.
Cuando dicen: Probablemente para periodos más largos.
Quieren decir: No tuve la paciencia de comprobarlo.
Cuando dicen: Se sugiere / Parece ser que / Es posible que.
Quieren decir: Creo que.
Cuando dicen: Aunque no ha sido posible dar una respuesta decisiva a estos interrogantes.
Quieren decir: No es que yo haya entendido gran cosa, pero voy a ver si cuela una publicación de todas maneras.
sábado 10 de enero de 2009
Todos los «más» tienen sus «menos»
Conversando semanas atrás con algunos amigos expatriados estas Navidades he vuelto a reconfirmar que todos los «más» tienes sus «menos». El que disfruta de su vida en el extranjero, echa de menos el sol y la comida de España; el que está casado añora la época de soltería; el que gana buen sueldo no soporta a su jefe; y el que tiene un jefe estupendo no tiene una nómina muy generosa... Sucede también con nuestras virtudes (y defectos). La vida, en general, tiende a repartir: el que es guapo, no es simpático; el que es simpático, no es trabajador; el que es trabajador, no es divertido...
En resumen, que la «perfección no existe» –lo decía José Miguel Bolívar en los comentarios del último post: «la perfección es el más bajo de los estándares porque es inalcanzable»– y, por tanto, es un ejemplo de madurez emocional aspirar a un nivel de satisfacción razonable (ver post «La felicidad posible», 27/04/08) sin caer en expectativas desmedidas que nos apartan del camino de la felicidad.
Uno de los errores más frecuentes que cometemos las personas es que muchas veces vamos en búsqueda de lo que no existe –la perfección absoluta– y como no existe, no lo encontramos; y como no lo encontramos, nos frustramos y estamos permanentemente insatisfechos. El problema del ser humano es que es paradójico y contradictorio, busca lo que no tiene descuidando lo que tiene. Shakespeare lo decía así: «Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos».
En otro post anterior (ver «Lucha de contradicciones», 04/09/08) escribía algunas contradicciones que he ido encontrando a lo largo de los años y que se dan con cierta frecuencia. Las reproduzco ahora de nuevo (para quien no las leyó o no las recuerde) y añado otras más:
«Cuando tengo dinero, no dispongo de tiempo para disfrutarlo.
Cuando las horas me sobran, no me llega la paga para saborearlas.
Cuando la soledad me acompaña, añoro tener gente alrededor.
Cuando el bullicio es inseparable, reclamo un refugio donde respirar tranquilo.
Cuando viajo mucho, lo que más me satisface es regresar a casa.
Cuando apenas tengo movilidad, el cuerpo me pide conocer mundo.
Cuando soy empleado, envidio a los que no tienen jefes.
Cuando camino según mis creencias, la idea de un salario fijo me retumba continuamente.
Cuando el reto es constante, la ansiedad me para los pies.
Cuando la seguridad es máxima, la vida me resulta insípida.
Cuando se preocupan por mí, pido más espacio.
Cuando nadie me llama, solicito más atención.
Cuando las reglas y normas prevalecen, exijo más libertad.
Cuando la libertad es incondicional, la ausencia de coordenadas me agobia.
Cuando las personas se comportan de manera grosera, demando mayor educación.
Cuando la gente es amable, sospecho que algo quieren de mí.
Cuando los demás me ignoran, pido más participación.
Cuando me permiten que intervenga, espero a que otros lleven la iniciativa.
Cuando los demás me critican, exijo que no se me juzgue.
Cuando soy yo el que se ensaña con otros, argumento que cualquiera opinión es válida.
Cuando los demás se atreven a seguir su propio camino, les tacho de locos.
Cuando soy yo el que transito por senderos inexplorados, me enfado porque no se me respeta.
Cuando alguien toma decisiones impopulares, me escudo en las mayorías para señalarles.
Cuando las mayorías no me interesan, digo que la gente que marca diferencias no sigue al rebaño
Cuando soy cercano, percibo que intentan aprovecharse.
Cuando mantengo la distancia, las relaciones no cuajan.
Cuando las reglas prevalecen, me tachan de dictador.
Cuando la libertad es una filosofía, me tachan de débil.
Cuando soy reflexivo, pierdo efectividad.
Cuando soy pragmático, la calidad se resiente.
Cuando la razón me domina, no disfruto de las cosas.
Cuando el corazón es el protagonista, me siento descolocado.
Cuando la seriedad me embarga, la vida pierde emoción.
Cuando el humor es constante, el rigor queda en entredicho.
Cuando el futuro me domina, pierdo el presente.
Cuando el presente es lo único, no hay futuro».
viernes 9 de enero de 2009
Año de nieves, año de bienes
Nevada de campeonato en toda España con frío, mucho frío. Todos los informativos de los distintos medios de comunicación han dedicado un amplio espacio a esta noticia: «Impresionante nevada en Madrid» (El Mundo), «Cientos de vehículos, atrapados nueve horas en la autopista por la nieve» (ABC), «La nieve colapsa Madrid y cierra Barajas durante cinco horas» (La Razón), «Rubalcaba insiste en que no se utilice el coche» (El País).
Dice el dicho que «año de nieves, año de bienes», así que sabiendo que lo peor de la crisis estaba previsto para 2009, habrá que agradecerle a la nieve su visita, ¿no? Estoy seguro que a Murphy no le convencería. Él solía decir: «Si lavas el coche, lloverá; lavar el coche para que llueva no suele dar resultado».
¿Por qué le dedico hoy un mail a esta cuestión?
Muy sencillo. España es la octava economía del mundo. Estamos entre el 5% de países más ricos y desarrollados y, sin embargo, un poco más de nieve de lo esperado y Madrid, la capital, colapsada.
El aeropuerto de Barajas ha estado cerrado 5 horas (la primera vez que lo hace por mal tiempo), y cuando escribo estas líneas sólo se permite el despegue. Por otra parte, las carreteras, sobre todo, las de circunvalación, acumulaban retenciones mayúsculas. Más de 2 horas para avanzar 500 metros.
Unos y otros se echan la culpa. Los ciudadanos a los políticos por no prever; los políticos a los meteorólogos por no ajustar sus predicciones (decían alerta 1 y luego ha sido 0, la máxima)... y, al final, la case sin barrer, y muchos ciudadanos desesperados.
¿Por qué cuento todo esto?
Por una razón. La vida nunca nos deja de sorprender. Creemos que sabemos y podemos con todo, y de vez en cuando la naturaleza nos para los pies. En cierta ocasión me decía Santiago Álvarez de Mon: «La vida lo que enseña sobre todo es humildad. No somos nadie».
Las cosas no son perfectas, por este motivo, hay que aprender a gestionar el cambio y gestionar imperfecciones (la absoluta pulcritud hemos repetido «n» veces no existe).
¿Y qué significa gestionar el cambio y las imperfecciones? Entre otras cosas:
1. Ser muy flexible: circunstancias extraordinarias requieren medidas extraordinarias a las que hay que saber adaptarse. El inflexible, al sacarle de su rutina habitual, se encuentra desorientado y acaba estallando dominado por una especie de locura transitoria.
2. Ser muy paciente: las circunstancias anormales –y que por tanto no son el día a día a las que se está acostumbrado– se resuelven de manera mucho más lenta, lo que implica ser paciente hasta que todo vuelve a funcionar con normalidad. Evitar que los nervios nos traicionen denota madurez emocional.
3. La importancia de la empatía: cuando hay un problema siempre hay gente que la arma. Muchas veces hay que tener en cuenta que los empleados que tenemos enfrente, seguramente, están sufriendo más que nosotros al ser la cara visible de una situación nada cómoda. Además, afrontar con serenidad una situación crítica facilita que quienes tienen que resolverla lo hagan de manera más rápida y eficaz. Si les metemos más presión, el cerebro se bloquea y todo tardará más en que resuelva oportunamente.
4. Relativizar: ¿Qué no llegas a tiempo al trabajo? ¿Qué no podrás asistir a la reunión? ¿Qué te será imposible acudir a una cena? El mundo no se acaba, no te des tanta importancia. Se buscarán alternativas. El planeta Tierra llevaba mucho tiempo girando alrededor del Sol cuando aterrizamos en él y probablemente lo seguirá haciendo cuando le digamos adiós. No lo olvides.
jueves 8 de enero de 2009
Hakuna Matata
Hace tiempo publiqué en una revista de management un resumen de la película extrayendo algunas lecciones de aplicación al mundo empresarial. Lo dejo ahora aquí.
Título original: El rey león.
Director: Roger Allers, Robert Minkoff.
Intérpretes: Simba, Mufasa, Scar, Nala, Sarabi, Timon, Pumbaa, Nala, Rafiki, Zazu.
Año: 1994.
Oscars: Mejor Banda Sonora Original (Hans Zimmer), Mejor Canción (Elton John-música y Tim Rice–letra por «Can you feel the love tonight?»).
Minutos: 88 aprox.
Temas: Coaching, Envidia, Experiencia, Inseguridad, Intenciones (Malas), Pasado, Venganza.
Simba, es un cachorro de león hijo del rey Mufasa y la reina Sarabi. Su tío Scar –nombre inspirado en la película «Scarface» (1983), de Brian de Palma–, que ambiciona para sí el trono de la selva, no le ve con buenos ojos. Joven e ingenuo, Simba no es consciente de las trampas de su tío para deshacerse de él. Cuando muere Mufasa –en un intento por salvar a su cachorro–, Simba es acusado por su tío de la muerte de su padre, motivo por el cual se siente culpable, renuncia al trono y huye. Pasados los años, sin embargo, descubre que todo ha sido una maniobra de Scar y vuelve al reino con la intención de recuperar la corona.
Tras «La Bella y La Bestia» (1991) y «Alladin» (1992), el estudio Disney llevó a pantalla esta producción. «El Rey León» fue la primera película de Disney no basada en una historia real o novela. Cierta polémica surgió en torno a este metraje entre los estudios de Disney y los japoneses de Osamu Tezuka, que años atrás habían creado un cómic –Janguru Taitei (Kimba, el León Blanco) – con el mismo el argumento.
Elton Jonh escribió cinco canciones para la película, una de la cuales, «Can You Feel the Love Tonight», recibió el Oscar a la Mejor Canción Original. Además, la banda sonora, obra de Hans Zimmer, resultó también premiada. En 1994, año de estreno de la película, «El Rey León» se sitúo rápidamente en la cinta más taquillera del año, recaudando sólo en el mercado norteamericano 312 millones de dólares.
Cuatro años de trabajo, más de 600 dibujantes, artistas y técnicos, 1 millón de dibujos, 1.190 escenas individuales pintadas a mano y 1.155 fondos son sólo algunos de los datos de esta producción. En las primeras fases de preproducción, para que los dibujos de animales –aparecen más de veinte especies animales, sin contar insectos– y entorno tuvieran mayor realismo, el equipo de animación se desplazó a África durante quince días.
Con las películas de Disney no sólo es fácil pasar un rato divertido sino también aprender lecciones interesantes. Señalamos algunas de ellas:
1. Las intenciones de determinadas personas tienen poco que ver con lo que puede parecer a primera vista. Piensan una cosa, dicen otra y actúan de manera completamente diferente. Ése es el malintencionado Scar (minutos 4–22 y 23–38).
2. Cuando personas con mayor experiencia recomiendan algo, no es por capricho, sino que suele tener su razón de ser. Quien más ha vivido tiene una visión más amplia de la realidad y permite contemplar las cosas con más perspectiva y sin el apasionamiento propio de aquel a quien le faltan horas de vuelo. No escuchar es poco prudente, pero desoír opiniones más maduras lo es aún mucho más. Esto es lo que le ocurre a Simba quien hace caso omiso de las advertencias de su padre.
3. El hombre –todos– es una realidad frágil y vulnerable. Debajo del traje de directivo, se encuentra un ser humano, que como todos, tiene sus inseguridades:
– Sólo quería ser valiente como tú, le dice Simba a su padre.
– Yo soy valiente cuando tengo que serlo. Ser valiente no significa buscarse problemas, le contesta Mufasa.
– Pero tú no tienes miedo a nada.
– Hoy lo he tenido, creía que te perdía.
– Hasta los reyes tienen miedo ¿eh?, bromea Simba.
4. Algunos con tal de conseguir la poltrona que tanto anhelan, son capaces de cualquier maniobra. Lo peor es que una vez que se alzan con ella y se deja el mando en sus manos, el poder les ciega. Con la llegada de Scar al trono se inicia la decadencia del reino animal.
5. Además, suelen ser tipos que hacen de la dialéctica su mejor arma y prometen el oro y el moro a todos los que le apoyen. Luego, poco después, queda en evidencia que trabajan única y exclusivamente en su propio beneficio; para el resto, las migajas.
6. No nos gusta tener o ser más, sino tener o ser más que los demás. La envidia en las organizaciones –y fuera de ellas– está a la orden del día; y es que hay una cosa que no se perdona: el éxito de los demás. Scar, el hermano de Mufasa, es un ejemplo ilustrativo de lo que se quiere decir. La proclamación de Simba como nuevo rey, le carcome internamente.
7. «A cada cerdo le llega su San Martín», dice el refrán. Así como uno se comporta con los demás, los demás acaban comportándose con uno. La actitud intolerante de Scar con sus súbditos acaba volviéndose en su contra.
8. Un buen coach a tiempo que nos aclare las ideas –el sabio Rafiki lo es con Simba– es la mejor terapia para seguir avanzando y tener mayor seguridad en nosotros mismos. Todos los necesitamos, incluso aquellos que se creen muy seguros de sí mismos.
9. Aunque a uno le hayan hecho múltiples faenas, no se puede caer en la bajeza de pagar con la misma moneda a los demás. No es fácil, pero la venganza ni es sana ni sirve para casi nada. Muchas veces, aunque sólo sea por una cuestión vital, lo mejor es dejar el rencor aparcado y olvidar (minutos 67–80).
10. A lo largo de la existencia todo el mundo ha cosechado algún capítulo desafortunado. Sin embargo, hay que reconciliarse con el pasado; uno no puede pasarse la vida martirizado por lo que hizo y no debería haber llevado a cabo, o por lo que no hizo y debería haber hecho. Hay que perdonarse y superar el ayer. Todos cometemos faltas. En nuestras manos está el venirse abajo o aprender de lo que hemos hecho mal y seguir creciendo como personas:
– ¿Podemos ayudarte en algo?, pregunta Pumbaa a Simba.
– No, a menos que podáis cambiar el pasado.
– Siempre hay que dejar el pasado atrás, afirma Timon. A veces ocurren cosas malas y no puedes evitarlo ¿Verdad?– Verdad, contesta Simba.
– Falso. Siempre que el mundo te dé la espalda, dale la espalda al mundo.
– No fue eso lo que me enseñaron.
– Puede ser que necesites nuevas lecciones. Repite conmigo: Hakuna matata, o sea, no te angusties. Ningún problema debe hacerte sufrir (minutos 40–46)
Más adelante es Rafiki es el que le hace ver a Simba que no merece la pena vivir atormentado por tiempos pretéritos:
– Sé lo que tengo que hacer. Si regreso tendré que enfrentarme al pasado y llevo tanto huyendo de él, dice Simba.
– No importa –contesta Rafiki– es el pasado. Sí, el pasado puede doler, pero tal como yo lo veo, puedes huir de él o aprender (minutos 65-67).
11. Cada uno debe ser grande a su manera. Lo hemos dicho aquí muchas veces. Nada es mejor que nada. Lo importante es encontrar el hueco que cada uno de nosotros tenemos reservado en esta vida (minutos 55-64):
– Mira en tu interior. Eres más de lo que eres. Ahora debes ocupar tu lugar en el ciclo de la vida.
Para despedirme dejo dos videos. El primero es una escena de la película. El segundo la interpretación de Elton John del fantástico «Can you feel the love tonight» de la película.
miércoles 7 de enero de 2009
Crisis: la historia se repite
En distintas ocasiones hemos escrito aquí, que todas las crisis, en el fondo, son iguales: crisis de ambición y avaricia, con independencia de que los protagonistas sean unos u otros, y los instrumentos –financieros o no financieros– sean diferentes. Lo que ocurre es que el ser humano se ciega y al final, todo acaba saltando por los aires. Mirar al pasado a ayudar a entender el presente y a calibrar un poco más el futuro.
El pasado fin de semana se escribía en el semanal de economía del Diario ABC un artículo titulado, «Crisis: la historia se repite». Allí se contaban episodios muy conocidos a lo largo de la historia –tulipanes, ferrocarriles, petróleo, puntocoms, subprimes...– que acabaron mal debido a la falta de mesura y prudencia del ser humano. Conviene aprender de ellos y tenerlos encima de la mesa porque, como se suele decir, quien no aprende de la historia está condenada a repetirla. El pasado no sirve tanto para predecir el futuro como para evitar cometer los mismos fallos que en épocas pretéritas: «El enamoramiento cíclico del dinero (sobre todo del prestado) ha llevado a lo largo de la historia a repetidas etapas de euforias, aumentadas y sostenidas por la frágil memoria de los inversores. Desde los tulipanes de Holanda hasta las hipotecas subprime distribuidas a lo largo y ancho del mundo a través de vehículos de máxima complejidad, las crisis han hecho acto de presencia en la economía».
Una breve cronología de las crisis más importantes (no las únicas) de los últimos siglos han sido:
1630–1637. La crisis de los bulbos de tulipán.
1716–1720. La locura del Missisipi.
1836. El ferrocarril descarrila.
1929. El gran crack.
1973. El oro negro escasea.
1987. Los bonos basura.
1997. El efecto dragón.
2001. Las puntocom.
2008. Las hipotecas basura (subprime).
Merece la pena repasar de vez en cuando esas crisis. Y una recomendación de libro reciente. Lleva por título: «Euforia y pánico. Aprendiendo de las burbujas y otras crisis: Del crack de los tulipanes a las subprime», de Oriol Amat, Catedrático de Economía Fnanciera y Cntabilidad de la Universidad Pompeu Fabra.
En este blog también hemos dicho en muchas ocasiones que en Bolsa es más fácil que gane dinero un psicólogo que un economista. Ya en 2002, el Premio Nobel de Economía recayó en israelo-estadounidense Daniel Kahneman «por haber introducido en las ciencias económicas los frutos de las investigaciones en psicología» (behavioral finance) (ver también post «Consejos bursátiles», 12/10/08). En ese post decíamos: «La psicología es esa disciplina que tiene su razón de ser en cualquier ámbito que tenga como protagonistas a los individuos, a las personas, y la Bolsa, es uno de esos ámbitos; porque quienes compran y venden en los mercados de valores no son otros que seres humanos. El problema cuando hablamos de seres humanos es que casi nunca dos más dos son cuatro; y éste es el error que cometemos con frecuencia: intentar hacer de una disciplina social una ciencia matemática, y así nos luce el pelo».
A lo largo de la historia muchos autores nos han recordado el comportamiento irracional (de euforia y, sobre todo, de pánico) de los inversores. «Ubi multitudo, ubi malum», nos dice una máxima. Donde está la multitud, está el mal. El padre Benito Jerónimo Feijoó también se refería a este tema: «Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes». Mark Twain lo décía a su manera: «En las multitudes lo que se acumula es la estupidez no el sentido común».
martes 6 de enero de 2009
Viendo el campo
En muchas ocasiones hemos dicho que la vida es sabia y nosotros nos complicamos la existencia. La vida nos da continuamente las pautas correctas a seguir pero no queremos hacerlas caso. Basta escuchar a nuestro corazón y dejarnos llevar porque entonces todo fluye de manera natural. Todos estamos aquí para algo. Rabindranath Tagore lo expresaba así: «Tu trabajo es descubrir tu trabajo… y luego entregarte a él con todo tu corazón». No pongas grilletes a ser quién eres, porque antes o después te darás de bruces contra la realidad y estarás permanentemente insatisfecho.
Hace algunos meses Antonio Mateo me recomendó la película La leyenda de Bagger Vance (2000), adaptación de la misma novela de Steven Pressfield, dirigida por Robert Reford e interpretada, entre otros, por Will Smith, Matt Damon y Charlize Theron, y de la que se pueden extraer múltiples enseñanzas.
Rannulph Junuh (Matt Damon) es un ex–combatiente de la Primera Guerra Mundial que de vuelta a casa vive una etapa de desilusión tras el duro paso por las trincheras. Sin embargo, en un torneo de golf en el que participa, conocerá a un misterioso caddy, Bagger Vance (Will Smith), que le cambiará no sólo su forma de jugar sino también de contemplar la vida.
En una de las magistrales escenas el coach –Bagger Bance–, le dice a su pupilo, Rannulph Junuh: «Puede escoger entre muchas formas de golpear, pero únicamente hay un golpe que está en perfecta armonía con el campo; un golpe que es su auténtico golpe, y ese golpe le va a elegir a él. Hay un golpe perfecto que nos elige a cada uno de nosotros y lo único que tenemos que hacer es despejarle el camino. Dejar que él nos elija».
Conviene no olvidarlo. No te traiciones y sé tu mismo, recuerda que no hay otro igual. No te empeñes en seguir caminos que no están trazados para ti. Repito lo dicho en la película: «Hay un golpe perfecto que nos elige a cada uno de nosotros y lo único que tenemos que hacer es despejarle el camino. Dejar que él nos elija».
¿Cuál es el problema? Que pensamos mucho y sentimos poco. La «lógica» (cabeza–razón) gana por goleada a la «emoción» (corazón–sentimientos). Vivimos en una sociedad demasiado racionalista, y la «razón» sin «corazón» sirve de poco. El caddy se lo dice con meridiana claridad a Junuh: «Búsquelo con sus manos, no piense en él, siéntalo; sus manos son más sabias que su cabeza. Yo no puedo llevarle allí, sólo espero ayudarle a encontrar el camino».

lunes 5 de enero de 2009
Carta a los Reyes Magos
A pesar de que sé que tenéis mucho trabajo –aunque menos de lo habitual por la crisis (eso dicen)– he decidido a enviaros mis peticiones para este día especial a ver si se cumplen algunos de mis deseos.
Que nos atrevamos a ser nosotros mismos. Como dice Álex Rovira: «La felicidad sólo llega cuando no somos objetos de otros, sino sujetos de nosotros mismos». Es muy triste empeñarnos en vivir la vida de otros. Para ello es fundamental, sin despreciar a la razón, escuchar más los latidos del corazón que habitualmente nos dicen hacia dónde caminar correctamente.
Que respetemos y no juzguemos la vida de los demás. Cualquier decisión que toma una persona –con independencia de que estemos o no de acuerdo– es buena porque es suya. Así de simple.
Que tengamos más en cuenta a los menos favorecidos. La vida es una especie de «lotería natural» en la que nacemos aquí o allí y eso condiciona nuestra existencia. Hay que pensar en los demás porque la vida no es justa. Así de simple. Pequeños gestos cotidianos sumados pueden cambiar el mundo: «Si con frecuencia añades un poco a lo poco, pronto llegará a ser mucho». Sólo tenemos que creérnoslo.
Que no nos falte actitud positiva. Cualquier vivencia, con independencia del resultado, es una oportunidad para aprender. El fracaso muchas veces esconde mensajes que si los sabemos descrifrar e interpretar están llenos de sabiduría.
Que no nos invada la necesidad de aprobación de los demás. Siempre habrá gente que critique nuestras decisiones. En la mayoría de los casos la envidia y necesidad de quedar por encima subyacen a estos comportamientos. No luches contra ellos, ignórales.
Que no veamos la crisis como una amenaza sino como una oportunidad. Muchas veces lo mejor que nos puede pasar es aquello que jamás hubiésemos deseado que nos hubiese ocurrido. Hay que aprender a ver las cosas con perspectiva. A la larga, sabemos que de donde más se aprende es de la adversidad.
Que sepamos valorar cada instante y cada detalle. El secreto está en saborear mucho lo que tenemos mientras caminamos con ilusión hacia a aquello que anhelamos. Que el futuro no nos domine ni tampoco nos instalemos en el conformismo desilusionante. Hay que equilibrar reto y seguridad.
Que no nos falte el sentido del humor. Genera buen ambiente, facilita la comunicación, elimina rigidices, mejora la salud y nos hace sentir bien... Y para dar ejemplo, os dejo dos historias de humor gráfico acerca de la situación económica actual...

domingo 4 de enero de 2009
Íntimo y Personal: José Antonio Marina
Cada cierto tiempo voy a publicar aquí la sección «Íntimo y Personal» con alguno de los personajes entrevistados. Para inaugurarla he seleccionado a José Antonio Marina, uno de nuestros filósofos más reconocidos:
Una lección que le haya enseñado la vida: La necesidad del entusiasmo.
Un consejo para los jóvenes: Que no se intoxiquen de comodidad.
Lo que más se echa de menos en la sociedad: Un poco de sentido del humor.
El mayor enemigo del hombre es: El mismo hombre.
El mayor aliado del hombre es: La «inteligencia bondadosa». La bondad es el comportamiento de aquel que tiene la tenacidad, la valentía y el arrojo para poner práctica las buenas soluciones que son las soluciones más inteligentes.
Defina con una frase el mundo en que vivimos: Un fracaso de la inteligencia; despilfarramos nuestras posibilidades.
Un filósofo de referencia para los directivos: Kant. Nos cambió la vida a todos los europeos.
«El hombre es bueno por naturaleza» (Rousseau) o «El hombre es un lobo para el hombre» (Hobbes): El hombre es un híbrido; una mezcla de egoísmo y altruismo. Somos «egoístas solidarios».
Una cita / frase que refleje su filosofía de vida: La gran experiencia humana es transformar el esfuerzo en gracia.
sábado 3 de enero de 2009
Querer evitar la crisis es negar la vida
En el reportaje de páginas interiores –con el titular: «El día en que cambió mi suerte»– interviene Álex Rovira, autor de «La buena suerte» (Urano) y «La buena vida» (Aguilar) y uno de los expertos que participó en mi libro «Who´s who en el management español», quien dice: «Nos hemos acostumbrado a pensar que la vida consiste en el crecimiento económico constante, que tenemos un mando a distancia y pastillas para cada mal... y eso es una barbaridad. La vida es un latido dual: sueño y vigilia; ausencia y presencia... Querer evitar la crisis es negar la vida».
Buena recomendación la de Álex. Lo decía Séneca: «Empezar a vivir es empezar a sufrir». La vida tiene dos caras y hay que aprender a manejarse en cualquier situación. Disfrutar de las alegrías y saber templar las penas. Los momentos díficiles bien gestionados nos ayudan a conocernos, a conocer a los demás, a reforzar nuestra autoestima, a ser más fuertes y, sobre todo, a tomar perspectiva vital.
Evidentemente, no se trata de buscar el sufrimiento como placer, pero como apunta Rovira «lo importante es no hacer una lectura a corto plazo del revés que sufrimos; hay que reflexionar sobre el mensaje que nos está mandando la vida».
La vida, me decía en cierta ocasión un amigo, es una carretera plagada de señales a lo largo de su recorrido, y nosotros podemos hacerlas caso o no. «Estoy seguro que todos estamos en este mundo para algo», repite Amancio Ortega. El problema es que todos tenemos un ronroneo interior que nos seduce pero que pocos se atreven a seguir debido a que los convencionalismos, prejuicios y necesidad de aprobación de los demás generan una gran presión.
En el reportaje, Álex Rovira dice algo que a menudo pasamos por alto: «Siempre dejamos lo esencial para el final. No nos preguntamos hacia dónde va nuestra vida o qué tipo de existencia queremos tener, nos parecen cuestiones propias de adolescentes. Vivimos en una sociedad que equipara cinismo e inteligencia y eso es absurdo».
También es importante cuando los malos momentos salen a nuestro encuentro es no perder nunca la esperanza, que como decía Alejandro Dumas, «es el mejor médico que conozco». Rovira señala algo parecido: «Hay que vivir las ilusiones, luchar por las cosas en las que creemos. Al final, lo que nos mantiene en la vida, lo que nos impide quitarnos de en medio, es el amor. Seguimos luchando porque no sabemos si a la vuelta de la esquina habrá un libro que nos atrape, un proyecto qe nos ilusione o una persona de la que nos enamoraremos». Éste es el mensaje básico del libro «El hombre en busca de sentido», de Viktor Frankl.
El reportaje cuenta la historia personal de varias personas conocidas que pasaron momentos muy delicados y que un día su vida dio un giro positivo. Ellas son: Ingrid Betancourt, J. K. Rowling, Halle Berry, Oprah Winfrey o Charlize Theron, entre otras. Merece la pena leer su pasado y cómo es su presente. Siempre existe una oportunidad en algún lugar esperándonos.
Dejo la fuente del reportaje para quien quiera leerlo: http://que.hoymujer.com/Especiales/cambio,suerte,70738,01,2009.html.
