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lunes, 26 de abril de 2010

Al éxito (y fracaso) siempre se le encuentran justificación

Esto ocurre mucho en el mundo del deporte. Por ejemplo, si pasado mañana el Barça pasa la eliminatoria, se dirá que en club culé hay mucho talento, que son un equipo, que su entrenador es un artista, que la afición, bla bla bla. Si pasa el Inter se dirá que el equipo blaugrana empieza a dar síntomas de cansancio, que no se ha luchado lo suficiente, que ha habido exceso de confianza, bla bla bla.

Al éxito (y al fracaso) siempre se le encuentran justificación... a toro pasado. El "ya te lo dije" o su otra versión "ya te lo decía yo" es propia de gente que le faltan horas de vuelo. Quien ha pegado muchos tiros sabe que ninguna batalla es sencilla y que cuando se está en un puesto de responsabilidad a uno le pagan por tomar decisiones en entornos de incertidumbre, sin contar con todos los datos, y luego, las cosas salen bien o no, se acierta o se falla.

Nadie pone un negocio en marcha pensando que va a tener que cerrarlo meses (años) más tarde; nadie lanza un producto, o un disco, o algo, pensando que no funcionará. El rigor es importante, pero con rigor uno también se equivoca, aunque sea menos. No todo es posible preverlo, ni siempre es posible acertar. En otro post con el título Dos lecturas para casi todo, hablábamos sobre esta cuestión.

Ayer mismo caía en mis manos una historia que contaba el escritor Vermon Howard. Dice así.

"Durante la Primera Guerra Mundial un jóven teniente alemán le enseñó un plan de batalla al general Hindemburg diciéndole:

- Señor, he aquí el plan que intento utilizar en una escaramuza contra una compañía del enemigo, ¿podría usted decirme si el plan es bueno o no?

Hindemburg le contestó:

- Vuelva usted mañana y se lo diré.

- ¿Mañana? -preguntó el asombrado teniente-. Pero si mañana se habrá terminado la escaramuza.

- Es cierto -dijo el general-. Si usted ha vencido al enemigo le diré que el plan era bueno, si no, le diré lo contrario.