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martes, 6 de abril de 2010

Cuidado con los "itis"

Me explico:

1. Idiomitis. Ahí va la siguiente historia:

Se encuentran dos amigos después de muchos años sin saber el uno de otro y dice uno de ellos:

¿Qué es de tu vida?

Trabajo de Director Financiero en una multinacional, ¿y tú?

Yo soy diplomático. Trabajé en Estados Unidos, Japón, Brasil y ahora estoy destinado a Marruecos. Y tengo tres hijos.

Menuda suerte que han tenido tus chavales, saber tantos idiomas.

A lo que contesta:

No creas, no tienen nada interesante que decir.

Los idiomas son un "medio" no un "fin", salvo que uno tenga como oficio el de intérprete. Si decides estudiar chino, que sea "para algo", con una finalidad. Y no para pavonearte delante de tus amistades de que sabes (o dices que sabes) chino. Lo mismo con el ruso, el italiano o el japonés... Toda decisión tiene un coste de oportunidad, es decir, aquello que dejo de ganar por escoger otra alternativa. Por tanto, si decides estudiar algún idioma, piensa y planifica "para qué", porque aunque todo suma también todo tiene un coste (de esfuerzo, tiempo y dinero) y de alternativas, tanto desde un punto de vista profesional como también personal (uno podría estar en el parque jugando con sus hijos, dedicándose a su blog, ver una película de cine, etc, etc). En un mundo en el que lo importante es aparentar ("Aparento, luego soy"), se corre el peligro de que lo "accidental" se imponga a lo "sustancial".

2. Titulitis. Los títulos son conocimientos y los conocimientos, por sí mismos, no valen nada. Los conocimientos valen en la medida que tienen aplicación práctica, en la medida que están al servicio de una causa. Aquí en su día escribimos un post con el título "La vida está en la calle". Hay gente con varias carreras que no saben dar una derechas y otros sin ningún título bien espabilados. El hombre más rico de España y entre los diez más ricos del mundo es Amancio Ortega, fundador de Zara y del grupo Inditex. Aquí hablamos de él y del libro de Covadonga O´Shea: "Así es Amancio Ortega: el hombre que creó Zara". Jamás pisó una universidad. Lo mismo con Francisco Martín Frías, Fundador y Presidente de MRW. También escribimos sobre él y su empresa. Empezó a trabajar con 11 años, y sin estudios, ha levantado un grupo que factura más de 600 millones de euros al año. Francisco Martín me decía: «En mi caso particular, estuve de los 11 a los 14 años en una tienda de comestibles, luego trabajando con mi padre con personas de pico y pala. Probablemente eso te da unos conocimientos de la vida superiores a los que tiene una persona con carrera y un máster y que no ha trabajado nunca. A veces hay personas que se incorporan a un puesto con un título que les avalan pero se les nota muy verdes».

No se trata de desmerecer el conocimiento que es importante, pero sin perder el norte y sin acumular por acumular. Hay gente que tiene cursos de todo tipo que son totalmente inútiles. Muchas veces media hora de conversación con una persona valen más que 100 horas de un curso de un Máster.

3. Networkinitis. El networking, como todo, debe responder a una estrategia, a un plan, a un objetivo. La finalidad no es estar en todos los sitios, a todas horas y con todo el mundo, sino en aquellos actos, lugares y personas que aporten valor. Lo mismo ocurre en el mundo 2.0.. Como hemos apuntado, todo suma pero no en igual manera, por lo que volvemos a lo mismo, todo tiene un coste de oportunidad que hay que evaluar cuidadosamente, porque en un mundo tan frenético, la gestión del tiempo es un arma de indudable valor.

4. Cambionitis. Se ha insistido tanto en la "gestión del cambio" que algunos piensan que lo importante es estar en movimiento con independencia de adónde se vaya. El cambio por el cambio no sirve para nada; igual que tampoco la innovación por la innovación o, como hemos apuntado, el conocimiento por el conocimiento. Hay que cambiar cuando merece la pena, midiendo las consecuencias y los "para qué" y "por qué".

Cualquiera de vosotros podríais citar otros muchos "itis". Como decían los griegos, la causa final es lo último en la consecución y lo primero en la intención. O dicho de otra manera: lo primero es saber lo que es lo primero.