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lunes, 19 de abril de 2010

La dureza que destruye y la suavidad que esculpe

Leo esta frase: "Allí donde la dureza sólo puede destruir, la suavidad consigue esculpir". Así nos lo recuerda Paulo Coelho en El peregrino. Me ha venido inmediatamente a la cabeza una historia que leí hace algún tiempo en el blog (recomendable) de Joaquina Fernández, Directora General de HUNE (Escuela de Humanidades y Negocios), a colación de la asertividad, un tema que en España, un país de sangre caliente, tenemos mucho que mejorar. Los "prontos" y los "calentones" nos pueden y a veces el mal no tiene reparo.

La historia dice así:

«Cuando era joven, mi carácter fuerte, impulsivo y explosivo me hacía saltar a la menor provocación. La mayoría de las veces, después de uno de estos incidentes, me sentía avergonzado, y me esforzaba por consolar a quien había dañado.

Un día mi maestro, quien me vio dando excusas a un compañero después de una explosión de ira, me llevó a un aula, me entregó una hoja de papel lisa y me dijo:

- Estrújalo.

Asombrado, obedecí. Lo arrugué e hice con el papel una bola. Luego me dijo:

- Ahora déjalo como estaba antes.

Por supuesto, no pude dejarlo como estaba. Por más que lo intenté, el papel quedó lleno de pliegues y arrugas. El profesor me dijo:

- El corazón de las personas es como este papel. La impresión que dejas en ellos será tan difícil de borrar como esas arrugas y pliegues que has hecho en el papel.

Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Cuando siento ganas de estallar recuerdo ese papel arrugado. Comprendí que la impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar. Sobre todo cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras.»