jueves, 15 de abril de 2010

Para aumentar su nivel de vida baje el nivel de sus principios

A través de @yoriento en twitter descubro esta viñeta: "Para aumentar el nivel de vida he decidido rebajar el nivel de mis principios"... y la ecuación cuadra perfectamente. No hay día que no nos levantemos con un episodio de corrupción, ya sea en la vida pública o en la privada, porque como apunta Santiago Eguidazu, "la ética no es de mundos sino de personas: Hay empresarios éticos y curas amorales".

¿Cuál es el mayor enemigo de la ética?

La presión del materialismo que nos conduce a un cortoplacismo asfixiante para conseguir todo aquello que "socialmente" es valorado: coches, casas, viajes, ropa, restaurantes... Si no brillas, poca gente te prestará atención, y la máxima artistotélica de que "el hombre es un ser social por naturaleza" cobra mayor importancia en una era, la mediática, la de la comunicación, la de la interconexión, en la que todos estamos demasiado expuestos a los demás.

Como en otro artículo pusimos por escrito (¿Merece la pena ser ético?), "el deseo incontenible de rentabilidad inmediata conduce a actuaciones poco éticas. Muchos comportamientos deficientes proceden de la ansiedad por llegar antes de tiempo a alcanzar lo que la paciencia y el sosiego hubieran acabado otorgando. El materialismo salvaje en el que vivimos, produce que se prefiera coger el atajo rápido y cortoplacista al camino bien solidificado con esfuerzo y entrega. Gestionar prudentemente el «cronos» –el tiempo preciso según los griegos– es recomendable para evitar dejarnos deslumbrar por «ganancias sospechosas» y caer en comportamientos no muy rectos que hipotecan nuestro porvenir. La inmediatez es uno de los grandes enemigos de la ética; la paciencia, un gran aliado".

Javier Fernández Aguado, en el I Symposium internacional sobre su pensamiento, lo expresó claramente como apuntaba Fernando Rodríguez de Rivera en su blog: "La causa de la crisis es haber equivocado las 3 preguntas clave de la historia de la humanidad. Del de dónde venimos, se ha pasado al dónde has nacido por el auge de un nacionalismo enfermizo. Del quiénes somos se ha pasado al cuánto ganas, por la exaltación del materialismo. Por último, hemos pasado del a dónde vamos al a dónde vamos a comer por la corriente hedonista que ruge en nuestros días. No sabemos retrotraer la recompensa y hemos pasado de la cultura del esfuerzo a la cultura del placer".

En cierta ocasión, conversando con el artista Pedro Ruiz, me decía: "Cada día nos cuesta más caro vivir peor. Vivimos menos intensamente, y cuando existe intensidad, es una intensidad mentirosa; la intensidad del fin de semana: ir corriendo a todos los lados. La vida pegada a lo natural es mejor. Nos enseñan pocas cosas buenas, pero hay una que nos falta a todos: Sencillez. Sin ella lo que hacemos es pertrecharnos de cosas inútiles que arrastramos y que luego defendemos con violencia. Al lado de un olmo y un lago con poco que comer pero suficiente se está mucho mejor que en Nueva York o en Madrid perdiendo el día por aparcar. Nos hemos comprado un medio de vida absolutamente absurdo. Lo grande está en lo pequeño y lo pequeño está en lo grande".