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miércoles, 6 de octubre de 2010

Administración Pública y humor: el caso del café

Ayer hablamos de Economía y humor: el caso de las dos vacas. Todas las profesiones dan lugar a tópicos; ninguna escapa a ello y aquí de vez en cuando hemos chanza (medio en broma medio en serio) de algunas de ellas, ya que como decía Pedro Ruiz, "el humor es la forma menos suicida de decir las cosas". Hemos hablado de abogados (ver Murphy y los abogados y De abogados), de empleados (ver Ley de Murphy para trabajadores), de taxistas (ver El taxi y la condición humana), de economistas (ver El cuento de la lata de sardinas o On the one hand... but on the other) o de funcionarios públicos (viñeta Ustedes no trabajan por la tarde).

Esta última profesión da para bastantes anécdotas, y aunque en muchas ocasiones los tópicos son exagerados, también hay algo de cierto en ellos. Hoy mismo, nuestro amigo Francesc Aroca Bernabé, Director de Gestión de Personas (Chief People Officer) de Andorra Telecom, me hacía llegar esta historia. Aquí la dejo:

Dos leones huyeron del zoológico. En la huída cada uno partió con rumbo diferente. Uno fue para la selva y el otro para el centro de la ciudad. Los buscaron por todos lados, y nadie los encontró. Después de un mes y para sorpresa de todos, volvió el león que había huido para la selva. Regresó flaco, famélico y afiebrado. Fue reconducido a la jaula.

Pasaron ocho meses y nadie se acordó del león que había ido para el centro de la ciudad hasta que un día el león fue recapturado y llevado al zoo. Estaba gordo, sano, desbordante de salud. Al ponerlos juntos, el león que huyó para la selva le pregunta a su colega:

¿Cómo estuviste en la ciudad tanto tiempo, y regresas tan bien de salud? Yo que fui a la selva, y tuve que regresar porque casi no encontraba que comer.

El otro león le explicó:

Me armé de coraje y fui a esconderme a un Organismo Público. Cada día me comía a un funcionario y nadie advertía su ausencia.

¿Y por qué regresaste? ¿Se acabaron los funcionarios?

Nada de eso. Los funcionarios públicos nunca se acaban. Sucede que cometí un error gravísimo. Ya había comido a un director general, cinco adjuntos, tres coordinadores, diez asesores, doce jefes de sección, quince jefes de división, cincuenta secretarias, docenas de funcionarios, y nadie los dio por desaparecidos... Pero el día que me comí al que servía el café... ahí se jodió todo!!!