miércoles, 13 de octubre de 2010

Cuando hablas mal de los demás, te desprestigias

Como Socio y Director de Executive Excellence he tenido la oportunidad de compartir conversación con muchos directivos y otras personalidades relevantes del mundo de la empresa, la moda, la economía, la ciencia, el deporte, el cine o el arte, nacionales y extranjeras.

Lo mejor (y lo triste) de todo es que cuando te ven en una posición neutra (fuera de un sector) y al frente de una revista con visibilidad muchas personas no se pueden resistir a hablar mal de la competencia. Lo peor de todo es que creen que tú crees lo que te están contando aunque por dentro piensas qué pena me das y qué mal habla de ti cuando tienes que recurrir a menospreciar a los demás para ponerte a ti mismo en valor. Y es que lo que se esconde detrás de todo esto es la Envidia, que como decía Pedro Ruiz, se escribe con E como España (ver post La gestión de la envidia). Cuando alguien destaca se le intenta rebajar, porque al que no brilla no se le dedica ni un minuto; y es que si la competencia fuese tan mala como algunos piensan, simplemente no existiría… Y ya se sabe, la envidia deriva habitualmente en odio, y como hemos repetido muchas veces: lo que más odias es lo que más niegas de ti mismo.

Hoy he vuelto a recordar esta historia que ya dejé aquí en otra ocasión y que siempre conviene tener presente. Aquí la dejo:

Cuentan que un conocido de Sócrates se acercó a él y le comentó:

Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?

El pensador le interrumpió:

Antes de decirme nada me gustaría que pasaras un triple filtro.

¿Triple filtro?, se sorprendió el otro.

Así es –insistió Sócrates–. Antes de contarme sobre mi alumno, es mejor pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. El primer filtro es la Verdad. ¿Estás seguro de que es cierto?

No, me acabo de enterar y...

Bien –comentó el pensador–. No sabes si es verdad...

Prosiguió:

Veamos el segundo filtro, que es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?

No, todo lo contrario.

Por tanto –prosiguió Sócrates–, quieres contarme algo malo e incierto. Queda un tercer filtro, el de la Utilidad. ¿Me va a ser útil?

No mucho.

Por tanto, si puede no ser cierto, no es bueno, ni útil, ¿para qué referirlo?