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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Lo que los jefes no pueden aguantar

En alguna ocasión he dicho que muchas veces los problemas de las organizaciones no están arriba sino abajo. Con frecuencia hablamos de las habilidades que deben aglutinar los directivos y cómo debe ser su estilo de gestión, pero pocas veces caemos en la cuenta que los colaboradores también deben poner de su parte y muchas veces no lo hacen. Juan Mateo, Presidente de Factoría de Cine Empresarial, me comentaba una vez: “Al hablar de liderazgo hemos cometido un gran error: poner toda la responsabilidad en el líder. Es una responsabilidad en doble sentido. No se puede estar siempre diciendo que venga el líder y me motive. Hay gente que no merece la pena ser liderada”.

Hace algún tiempo, la firma de consultoría Otto Walter publicó un estudio realizado entre 650 jefes sobre los denominados “empleados tóxicos”, es decir aquellas personas dentro de una organización que cumplen alguna de las siguientes 7 características y que engloban el 97% de las conductas más perjudiciales para una empresa. Esto es:

1. Generar conflictos.
2. Escaquearse y holgazanear.
3. Ser incompetente.
4. Engañar o robar.
5. Perder el tiempo o ausentarse voluntariamente.
6. Ser arrogante y presuntuoso.
7. Actuar contra el jefe.

El 90% de los jefes dice haber sufrido alguna vez a este tipo de empleado. Un día charlando con Francisco Muro, Presidente Ejecutivo para España y Portugal de Otto Walter, le preguntaba: “¿Cuánto abundan este tipo de empleados?”. Y me contestaba: “Los empleados tóxicos se dan a todos los niveles, tanto. Lo que sí es verdad es que cuanto más elevado está un empleado tóxico más perjudicial y más daño hace a la organización. Además, es bueno apuntar que hay mucho empleado tóxico que estropea a jefes. Dirigir es muy complicado y no es nada sencillo mantener el equilibrio emocional. Si eres jefe y te la hacen tres veces, a la cuarta la tentación es sacar el látigo o aplicar el café para todos. El subtítulo de aquel estudio era: Lo que los jefes no pueden contar. Las cosas que pasan en los despachos de los jefes sólo lo sabe el que ha sido jefe. Uno se lleva muchas decepciones y muchos sustos. Hay que tener las emociones muy bien templadas para no perder los estribos”.

Después le pregunté: “¿Se puede hacer algo con los empleados tóxicos o hay personas que no merecen la pena ser lideradas?”. Y me decía: “No todo el mundo encaja en todas las empresas. Puede ser que una persona sea tóxica en una empresa y maravillosa en otra; puede ser una persona muy conflictiva en un grupo de trabajo y un trabajador válido en otro. Lo que sí es verdad es que cada empresa tiene sus valores, sus códigos y sus criterios para trabajar, y hay mucha gente que no se alinea con ellos y acaba generando conflictos. En ocasiones existen empleados tóxicos como consecuencia del gap entre expectativas y realidades. Esto nos ha pasado a cualquiera. Muchos comportamientos aparentemente tóxicos son el resultado de un conflicto de valores que chocan: los del empleado y los de la empresa. También es cierto que en todos los lados hay gente rara pero son los menos. La mayor parte de las veces, los empleados tóxicos se deben a personas mal ubicadas, mal orientadas o gente que le gusta ir por libre y que no es capaz de someterse a las ventajas y las disciplinas de estar en un equipo. En las empresas hay mucho en juego y cuando hay una persona inadecuada hay que actuar. Hay que averiguar por qué sucede eso, poner los medios para solucionar el problema, y si esa persona no quiere o no puede, hay que dar la oportunidad a otra persona que pueda encajar mejor y que pueda contribuir más a que todo el mundo viva de manera más satisfactoria”.

Seguimos viendo al líder como una especie de “superman” (merece la pena leer el libro No soy supermán, de Santiago Álvarez de Mon), que tira de todos, motiva a todos, siempre debe sonreír, viste bien, es guapo… “Ser líder –como decía hace poco Eugenio de Andrés (@rrhhypersonas)– no significa ser perfecto”. El liderazgo es equipo (ver post La carpintería y el trabajo en equipo), y si bien a los directivos se les debe exigir responsabilidades de acuerdo a su posición, con los colaboradores hay que hacer lo mismo.



13 comentarios:

María Vanessa dijo...

Justo hoy temprano estaba conversando este tema con un amigo, tuve un percanse en una actividad de proyecto y a la final perdí los estribos, pero no me arrepiento, me sirvió de catarsis y de mucha reflexión, caí en cuenta del difícil arte de trabajar en equipo.

Lo más cumbre es que todo se origina por la ausencia de comunicación, ese proceso del que tanto se habla pero que pocos ponen en práctica.

Interesante artículo. Saludos.

FAH dijo...

@María Vanessa. gracias x pasar y participar. Así es. Trabajar en equipo no es nada fácil. Precisamente hoy estaba escribiendo sobre eso. ¿Qué hacer para que un equipo funcione? La teoría no es difícil explicar, la práctica es complicadísima. Y respecto a la comunicación, toda la razón. Ya Peter Drucker decía que "el 60% de los problemas empresariales eran consecuencia de una mala comunicación". Para mí el 60% como mínimo. Salu2.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Francisco:

Yo creo que los problemas en las organizaciones pueden estar en cualquier lado. Identificarlo y resolverlo es complicado porque el día a día a veces te impide estar atento al germen de los mismos. Coincido con Paco Muro en que no todo el mundo sirve para cualquier empresa (estos son los menos y desde mi punto de vista son los mejores porque más allá de la responsabilidad o tarea asignada tienen una actitud y sentido de equipo altamente desarrollado) y, por otra parte, la dimensión emocional, en ocasiones, juega malas pasadas que impiden la comunicación fluida y constructiva, que es fundamental para resolver los conflictos y aunar el equipo.
La teoria es fácil, la práctica ya es otra cosa.
Un abrazo

FAH dijo...

@fernando lópez fernández. gracias. sí, eso es lo q pienso yo, pero a menudo se carga la responsabilidad arriba y no es justo. Lo que dices es muy cierto, los conflictos hay que atacarlos antes de q ocurran y para el directivo debe tener una gran capacidad de observar y captar los detalles emocionales. Y desde luego la teoría la sabemos todos, dar trigo es otra cuestión. De personas uno nunca sabe lo suficiente. Abrazo.

Quesada dijo...

Hola, qué tal, felicidades por el blog, me gusta mucho.

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Fernando dijo...

Grandísimo post, Paco, me ha encantado. Poco se puede añadir. Creo que empleados tóxicos conocemos todos y que realmente, son un problema. No siempre es sencillo meter el bisturí, pero este tipo de empleados son un cáncer que conviene extirpar.

Muy de acuerdo contigo: hay gente que funciona en algunos entornos y en otros no.

Un último apunte: creo que la inteligencia emocional es algo a trabajar por los directivos. Mantener la cabeza fría es importante para gestionar los empleados tóxicos, incluso cuando te la hagan 3 veces. Lo que realmente es cuestionable es si has hecho todo lo que debieras cuando te la han montado por tercera vez...

Un fuerte abrazo

FAH dijo...

@fernando. gracias. sí, es un tema complicado de gestionar sobre todo cuando uno tiene valores y cree en el ser humano. Nunca es sencillo entre cercanía y distancia. Y pienso en cuanto a la inteligencia emocional es algo que todos tenemos que mejorar, fíjate lo que dijo hace poco Tony Blair sobre Gordon, y era el Primer Ministro de UK. Abrazo.

María Vanessa dijo...

Eso me pregunté desde que comenzamos con el proyecto ¿Cómo hacer para que el equipo funcione?, porque todos estamos en diferentes latitudes, tuve que proponer herramientas google docs, dropbox, skype para que entendiesen que sin mucho esfuerzo se podía mantener el feedback pero ilusa yo que pensaba que todos andábamos en el mismo tren, una cosa es que tengan esas herramientas en sus máquinas y otra que las sepan explotar.

En la virtualidad la comunicación es la base de todo, escribir, proponer e insistir y no recibir respuesta lógicamente te lleva a malos entendidos, suposiciones. En fin, los malos hábitos se arrastran en cualquier ámbito de la vida.

Este es un tema que da para mucho, mientras más lo pienso más cosas salen a flote, sigo aprendiendo y espero sacarle provecho a la experiencia. ¿Seré toxica al querer hacer las cosas bien desde el principio en un ambiente que siempre ha estado jugando a estrellarse varias veces para luego medio entender?

Igor dijo...

Entrada muy interesante.

Hace un año comencé a dirigir un equipo de cerca de 100 personas. En este tiempo he descubierto que, haciendo una gran simplificación, el universo se divide en dos grandes grupos de personas: los que no dan más que problemas y los dan problemas (porque todos los damos), pero vienen con soluciones o están dispuestos a buscar soluciones. No conocía la nomenclatura de tóxicos para el primer grupo. Ahora estoy viendo que tengo unos cuantos tóxicos en mi organización. Afortunadamente no muchos. Otra constatación es que los tóxicos tienden a agruparse y que algunos tóxicos tienen la capacidad de liderar la toxcidad de otras personas, generando mal clima entre los no tóxicos. Estoy de acuerdo que la toxicidad es en la mayoría de los casos fruto de la frustración: conflicto entre expectativas y realidades, bien en plano profesional, pero también arrastrada por lo que viene de fuera del trabajo.

En fin, la gestión de las personas es lo que más tiempo me está consumiendo en esta etapa de mi vida. Gracias a este blog estoy descubriendo claves muy interesantes para mi trabajo de dirección (debo confesar que no tengo una formación específica para esta función).

FAH dijo...

@María Vanessa. gracias. sí, las herramientas son eso, herramientas cuyo éxito dependen de la actitud y cómo se utilicen. No obstante, es importante resaltar que en la gestión de equipos, mucho más importante que buscar la perfección es gestionar imperfecciones. No existe realidad perfecta igual que no existen personas perfectas, por este motivo hay que tener mucha mano izquierda y experiencia para lidiar con diferentes personas y situaciones. Un abrazo.

@Igor. gracias x participar, me gusta q pasen x aki personas q están en la primera línea de la batalla empresarial y saben de lo que hablan.

No es fácil tratar con los empleados tóxicos, que además, como bien apuntas, para justificar lo que hacen y son intentan "seducir" al resto para generar grupo...

No es casualidad q la "gestión de personas" es lo q más tiempo te lleve. Ya Iacocca decía que "dirigir empresas es, sobre todo, dirigir personas" que, por otra parte es lo más complejo (sobre esto escribí en ¿Por qué es tan difícil dirigir personas? / http://franciscoalcaide.blogspot.com/2008/10/por-qu-es-tan-difcil-dirigir-personas.html).

Suerte con todo.

MaS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MaS dijo...

Querido Paco,
considero que lo de tildar a un empleado con el apelativo de elemento tóxico está más cerca de una falta de respeto que de otra cosa. ¿elemento? ¿tóxico?. ¿pero es que algun profesional en activo puede afirmar que: no ha generado algun conflicto, no ha holgazaneado alguna vez, no ha sido en algun instante arrogante o presuntuoso,...?
Creo que no es el lugar para abrir un debate sobre si es correcto "etiquetar" a las personas dentro de la empresa, con todas las consecuencias que eso acarrea, pero unicamente me pregunto ¿por qué se mantiene dentro de la organizacion a alguien al que se le "quiere" tan poco?.
Me ha gustado reflexionar sobre tu post. Gracias.
un saludo siempre cordial, M.

FAH dijo...

@MaS. muchas gracias x pasar y x tus comentarios siempre interesantes. Es cierto lo que dices de que todos generamos conflictos, aunque creo que está referido a todas esas personas que tú y yo sabemos que son saboteadores de la convivencia, que los hay.

Respecto a tu pregunta (¿por qué se mantiene dentro de la organizacion a alguien al que se le "quiere" tan poco?) creo que puede haber otra pregunta: ¿por qué muchos empleados que despotrican contra su jefe y la empresa no se marchan?... Creo que en ambos casos la respuesta es la misma, me da la impresión.

Creo que todos deberíamos ser más responsables de nosotros mismos. Ponemos demasiada responsabilidad en los demás.

Abrazo.

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