El sábado 10 de junio (12 a 14 horas) estaré en la caseta 266 (Deusto/Planeta) de la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de #AprendiendoDeLosMejores y #TuFuturoEsHoy

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Lo que los jefes no pueden aguantar

En alguna ocasión he dicho que muchas veces los problemas de las organizaciones no están arriba sino abajo. Con frecuencia hablamos de las habilidades que deben aglutinar los directivos y cómo debe ser su estilo de gestión, pero pocas veces caemos en la cuenta que los colaboradores también deben poner de su parte y muchas veces no lo hacen. Juan Mateo, Presidente de Factoría de Cine Empresarial, me comentaba una vez: “Al hablar de liderazgo hemos cometido un gran error: poner toda la responsabilidad en el líder. Es una responsabilidad en doble sentido. No se puede estar siempre diciendo que venga el líder y me motive. Hay gente que no merece la pena ser liderada”.

Hace algún tiempo, la firma de consultoría Otto Walter publicó un estudio realizado entre 650 jefes sobre los denominados “empleados tóxicos”, es decir aquellas personas dentro de una organización que cumplen alguna de las siguientes 7 características y que engloban el 97% de las conductas más perjudiciales para una empresa. Esto es:

1. Generar conflictos.
2. Escaquearse y holgazanear.
3. Ser incompetente.
4. Engañar o robar.
5. Perder el tiempo o ausentarse voluntariamente.
6. Ser arrogante y presuntuoso.
7. Actuar contra el jefe.

El 90% de los jefes dice haber sufrido alguna vez a este tipo de empleado. Un día charlando con Francisco Muro, Presidente Ejecutivo para España y Portugal de Otto Walter, le preguntaba: “¿Cuánto abundan este tipo de empleados?”. Y me contestaba: “Los empleados tóxicos se dan a todos los niveles, tanto. Lo que sí es verdad es que cuanto más elevado está un empleado tóxico más perjudicial y más daño hace a la organización. Además, es bueno apuntar que hay mucho empleado tóxico que estropea a jefes. Dirigir es muy complicado y no es nada sencillo mantener el equilibrio emocional. Si eres jefe y te la hacen tres veces, a la cuarta la tentación es sacar el látigo o aplicar el café para todos. El subtítulo de aquel estudio era: Lo que los jefes no pueden contar. Las cosas que pasan en los despachos de los jefes sólo lo sabe el que ha sido jefe. Uno se lleva muchas decepciones y muchos sustos. Hay que tener las emociones muy bien templadas para no perder los estribos”.

Después le pregunté: “¿Se puede hacer algo con los empleados tóxicos o hay personas que no merecen la pena ser lideradas?”. Y me decía: “No todo el mundo encaja en todas las empresas. Puede ser que una persona sea tóxica en una empresa y maravillosa en otra; puede ser una persona muy conflictiva en un grupo de trabajo y un trabajador válido en otro. Lo que sí es verdad es que cada empresa tiene sus valores, sus códigos y sus criterios para trabajar, y hay mucha gente que no se alinea con ellos y acaba generando conflictos. En ocasiones existen empleados tóxicos como consecuencia del gap entre expectativas y realidades. Esto nos ha pasado a cualquiera. Muchos comportamientos aparentemente tóxicos son el resultado de un conflicto de valores que chocan: los del empleado y los de la empresa. También es cierto que en todos los lados hay gente rara pero son los menos. La mayor parte de las veces, los empleados tóxicos se deben a personas mal ubicadas, mal orientadas o gente que le gusta ir por libre y que no es capaz de someterse a las ventajas y las disciplinas de estar en un equipo. En las empresas hay mucho en juego y cuando hay una persona inadecuada hay que actuar. Hay que averiguar por qué sucede eso, poner los medios para solucionar el problema, y si esa persona no quiere o no puede, hay que dar la oportunidad a otra persona que pueda encajar mejor y que pueda contribuir más a que todo el mundo viva de manera más satisfactoria”.

Seguimos viendo al líder como una especie de “superman” (merece la pena leer el libro No soy supermán, de Santiago Álvarez de Mon), que tira de todos, motiva a todos, siempre debe sonreír, viste bien, es guapo… “Ser líder –como decía hace poco Eugenio de Andrés (@rrhhypersonas)– no significa ser perfecto”. El liderazgo es equipo (ver post La carpintería y el trabajo en equipo), y si bien a los directivos se les debe exigir responsabilidades de acuerdo a su posición, con los colaboradores hay que hacer lo mismo.