«Tu capacidad de aprender es tu principal activo y la mejor forma de aprender es de ‘los mejores’»   |   www.aprendiendodelosmejores.es        «El futuro no existe, es sólo un resultado, el resultado de lo que hacemos cada día»   |   www.tufuturoeshoy.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

Los riesgos de la soledad mala

Hace algún tiempo publiqué un post con el título: Todos somos uno: La malla cuántica, en el que decíamos: "Todos somos uno, es decir, que todo está interrelacionado y todos estamos conectados, a veces por vínculos visibles y en otros por hilos invisibles. Todo influye en todo y todo ocurre al mismo tiempo. Por eso existe la sincronicidad y por eso cualquier decisión-acción que tomamos (sólo hay dos tipos: basada en el amor o en el miedo) produce resultados (positivos o negativos) aunque no seamos conscientes de ello".

También en el post Cómo dejé de ser un idiota, Jil Van Eyle, creador de Teaming, nos decía: "El individualismo significa no estar en contacto con el resto de las personas. En cierto modo, el egoísmo y el individualismo son la misma cosa. Estar conectado contigo mismo es la consecuencia directa de estar en contacto con el todo y viceversa, de tal manera que si estás aislado del mundo también estás aislado de ti mismo".

En el post ¿El mundo 2.0. nos hace más sanos? citábamos a Eduardo Punset: "La falta de una red de amigos y familiares repercute en la salud tanto como el tabaquismo". Y es que hay una soledad buena, la que sirve de refugio para tomar distanciar, perspectiva y oxigenarse, y una mala, que nos va destruyendo poco a poco (ver post La soledad del directivo). En la película El expreso de medianoche, el protagonista, en una de las escenas más duras, dice: "La soledad es el dolor físico que se siente de los pies a la cabeza. No se la puede aislar en una parte del cuerpo".

El otro día leí esta historia que lleva por título "La roca y el mar". Dice así:

El mar, hecho ola, golpeaba la roca. La roca, altiva, despreciaba sus golpes.
– ¿Por qué te resistes? ¿No ves que me conviertes en espuma?
– ¿Y tú por qué me golpeas?
– ¿Es que te hago daño?
– No, pero me ofendes.

Y la roca, con su pétreo orgullo, seguía resistiendo. La ola, a veces la acariciaba, a veces la golpeaba. Y la gaviota la sonreía: “Siempre están con el mismo problema”. Y bajaba volando y se posaba en la roca.
– Márchate gaviota, No te apoyes en mí.
– Eres como una mujer soberbia. No te molesto estás hecha para los pájaros.
– Yo soy sólo para mí.

Aquella tarde, la gaviota leyó en un periódico flotando en el agua: “Se va a canalizar la ría”.
– Roca, vas a morir.
– Yo no muero nunca.
– Te quedarás sin agua, sin peces. Sola y reseca como un esqueleto.
– Prefiero la sequedad. Prefiero la soledad. Así no me molestará el mar.

Y el mar volvía y lo azotaba con mimo. Pero la roca, cada vez más piedra, rompía al mar haciéndolo espuma.

Se vieron unas grúas en el puerto. Dragadoras, obreros, moles inmensas de piedra. La gaviota volaba y jugaba con el mar. El mar le entregaba sus peces, los pequeños. La gaviota le dijo al mar:
– Van a desviarte de camino.
– ¿Quiénes?
– Los hombres, que van a canalizar la ría.

Y el mar lo sintió, porque estaba acostumbrado a la luchar con la roca. Tendría un problema menos y un descanso más. Pero el descanso le aburría.
– Déjame en paz, le gritó la roca.
– Ten paciencia, vengo a despedirme.
– No lo creo. Siempre vienes y vas. Volverás.
– No. No podré.
– Voy a quedar sola.
– Era lo que querías.
– Puedo vivir sola.
– Nadie puede.

Y vinieron los hombres. Y cayeron las piedras. Trabajaron las grúas. El mar no volvió. El mar encontró otro camino y conoció otras rocas. Al principio echaba de menos su roca. Pero debía moverse, encontrar otras rocas.

La roca se fue secando. Al principio disfrutaba de paz. Pero su soledad comenzó a aprisionarla. Ya no se posaba la gaviota. La suave humedad iba desapareciendo. Ya no podía llorar. Había quedado sin lágrimas. Las llamaba, pero no venían. Llamó al mar, llamó a la gaviota. Pero no volvieron.

Los niños iban a jugar. Colocaban pucheros viejos sobre ella y lanzaban piedras. Unos gamberros tiraron sobre ella un bidón de brea. La roca dejó de ver, dejó de oír. Había muerto.

Cuentos para el pueblo, García Salve, Ed. Zero, Madrid, 1971.


11 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Tomar distancia siempre es positivo, pero alejarse demasiado, además de contraproducente siempre acaba siendo negativo. Lo malo es que en ocasiones la percepción nos engaña y no sabemos donde están los límites de la soledad.
Un abrazo

FAH dijo...

@fernando lópez fernández. gracias. el equilibrio entre cercanía justa y distancia no es sencillo, desde luego, ahí está la virtud, diría Aristóteles. Un abrazo.

Katy dijo...

Las distancias como las dependencias no son buenas. Dicen que todos los extremos se tocan. Una cosa es tomar distancia y otra alejarse definitivamente. Conozco a más de una roca seca por desgracia y no lo llevan nada bien.
pero quien siembra vientos recoge tempestades.
Un abrazo y buen finde

FAH dijo...

@katy. gracias, lo mejor de tu comentario el final: buen finde...jaja... ya quisiésemos,no? sí las rocas aisladas lo pasan muy mal. abrazo.

Luis Elissondo dijo...

Los limites de la soledad buena y mala están en uno. En lo personal creo que el miedo a la soledad viene del temor a encontrarse con el verdadero yo y el exceso de soledad (la de la roca) es el temor a que los otros nos digan como nos perciben. Tambien la soledad mala viene por no quererse entregar a los demás.

FAH dijo...

@Luis Elissondo. gracias. la soledad mala es terrible, te va autodestruyendo y como bien apuntas suele ser producto de la cobardía, por no verse cara a cara con uno mismo o a como nos ven los demás. Abrazo.

Fernando dijo...

Hola Paco: Brillante post y magnífica historia llena de moralejas. El hombre logra grandes éxitos cuando tiene un equipo y se apoya en los demás, porque en el fondo, la vida es dar y recibir. Claro que hay que tomarse distancias, distinguir entre la amistad y el compañerismo, averiguar quién estará ahí a las duras y quién a las maduras, pero siempre teniendo claro que las personas nos complementamos y que nos realizamos en compañía de los demás.

Un fuerte abrazo

GDS dijo...

Que pena lo de la roca.....

Hay un refrán que dice: "Quien por su gusto muere, que su muerte le sepa gloria".

En ocasiones no nos damos cuenta de que nos vamos aislando. Hay que estar alerta, aceptar y aceptarse.

Saludos....

FAH dijo...

@fernando. gracias. ese equilibrio que tu sabes bien lo difícil que es esencial al menos ir en su búsqueda. Cercanía justa y distancia precisa, todo un reto sin dudas. La vida se va haciendo poco a poco. Suerte. Abrazo.

@GDS. gracias. me gusta el refrán pero creo que hay que ayudar a todo el mundo a salir de ese aislamiento que habitualmente se produce por orgullo. Abrazo.

Sisco dijo...

Excelente la historia de la roca. Una de las mejores que he oído últimamente. Saludos Francesc

FAH dijo...

@Sisco. Gracias, me alegro que te haya gustado. Abrazo.

Publicar un comentario en la entrada