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miércoles, 29 de diciembre de 2010

José Antonio Marina: un perforador de la realidad

Hace algún tiempo estuve con el filósofo y escritor José Antonio Marina (Toledo, 1939). He releído aquella conversación que tuvimos y hay muchas cosas interesantes y profundas. Conviene leerla pausadamente porque hay muchas claves para ciertas incógnitas que todos tenemos. Me quedo con: "La frustración no procede de la necesidad sino del exceso de expectativas"; y también: "Si el fontanero le hace una chapuza y se excusa diciendo que no estaba motivado ese día, Vd. lo que piensa es que es un caradura. Nos falta el sentimiento del deber".

Aquí os la dejo. Os va a gustar:

FRANCISCO ALCAIDE: El escritor Xavier Velasco decía: “El futuro ya está aquí; nos hemos llenado de computadoras, de todos los gadchets que veíamos en las películas de James Bond, ¿para qué? Para descubrir que la vida avanza mucho más rápido y aunque muramos más tarde, vivimos menos”. ¿Cuál es su opinión?
JOSÉ ANTONIO MARINA: Nos encontramos más dispersos, más distraídos y dándonos menos cuenta de que vivimos. La agitación y la prisa tienen un componente de que “estoy en otro sitio de donde estoy”. La cultura oriental se basa en el eternal now: vivir el momento presente. Nosotros estamos demasiado pendientes del pasado o del futuro; o arrepintiéndonos del ayer o intranquilos por el mañana. No tenemos conciencia clara del hoy; o como decía un poema de Quevedo: “He llegado sin darme cuenta de que he viajado”.

F. A.: Un pensador afirmaba: “El futuro está en manos de la juventud, pero la juventud está en manos de quien la forme”. Parece que vivimos tiempos de voluntades frágiles y que el compromiso está en entredicho en todos los órdenes: profesional, personal, social... ¿Cuáles son los posibles factores explicativos?
J. A. M.: A lo largo de la historia ha habido épocas más seguras y otras más temerosas. En la actualidad vivimos una época de enorme miedo; sobre todo, miedo a la incertidumbre. La explicación quizá resida en la aceleración de la historia y en su imprevisibilidad que producen una gran angustia a mucha gente. Como consecuencia, hay una percepción generalizada de que no podemos influir en el futuro. De aquí surge el miedo a la técnica. Empezamos a pensar que la técnica tiene su propia dinámica y que nosotros no podemos hacer nada. Ese sentimiento de impotencia se manifiesta de manera acusada entre los más jóvenes. Tienen la idea de que no pueden orientar su vida, lo que les lleva a adoptar una actitud de “impotencia confortable”: No puedo hacer nada, así que voy a buscarme una especie de nicho de comodidad. En una reciente encuesta de la Universidad de Valencia, el 80% de los universitarios contestaron que querían ser funcionarios. Tienen asumido que no van a ganar mucho, que no les va a gustar demasiado su trabajo, pero piensan que de esta manera tienen asegurado el futuro; y como el futuro se ha vuelto tan amenazador, se sienten cómodos. Esa actitud produce una especie de freno continuo de la vida española. No tenemos una actitud activa ante las cosas; predomina la mentalidad de funcionario. Antes era la madre quien quería que su hijo fuese funcionario, ahora son los propios hijos quienes lo quieren.

F. A.: Tomás Moro en “Utopía” dice: “Si vos toleráis que vuestro pueblo esté mal educado y sus modales corruptos desde la infancia, y después los condenáis por los crímenes a los que su primitiva educación les ha abocado, se llega a la terrible conclusión de que primero los hacéis ladrones y los castigáis después”. ¿Cuáles son los factores determinantes de la voluntad y cómo se educa?
J. A. M.: La voluntad está basada en cuatro habilidades aprendidas en momentos muy concretos de la infancia. La primera es que tengo que saber detener el impulso. Últimamente tenemos muchos niños impulsivos que tienen dificultades para controlar su conducta y pasan automáticamente del deseo a la acción. Esto es una consecuencia de la sociedad de consumo que incita al deseo, primero, y a su satisfacción inmediata, después: si tienes ganas, compra. La segunda habilidad consiste en deliberar, y si el impulso es bueno, se sigue, pero después de reflexionar; el tercer punto consiste en tomar la decisión; algo complicado porque hay mucha gente indecisa, insegura, que le asusta el cambio... Y el cuarto componente es poner en marcha la decisión; lo que significa tener una gran capacidad de sacrificio para soportar el dolor. En los últimos tiempos hemos reducido mucho nuestra capacidad de soportar el sufrimiento, de tal manera que ante cualquier molestia nos vemos obligados enseguida a recurrir a fármacos, medicinas, etc. Recientemente, un niño de diez años le pidió a su madre un valium porque tenía un examen de matemáticas y decía que estaba estresado. La solución pasa por endurecerse un poco.

F. A.: Da la impresión de que cuando la voluntad merma hay que recurrir al concepto de motivación: que venga otro y me anime...
J. A. M.: Los seres humanos somos libres porque podemos actuar en un determinado sentido aunque no tengamos ganas, por el sentimiento del deber. Esto no está funcionando hoy día; y, por tanto, cuando el sentimiento del deber cae, hay que empezar a buscar recursos psicológicos: tengo que motivar a los empleados o a los alumnos para que se esfuercen en un determinado sentido. Cuando doy conferencias suelo poner un ejemplo: imagine que se le ha estropeado un grifo y llama a un fontanero. Si el fontanero le hace una chapuza y se excusa diciendo que no estaba motivado ese día, Vd. lo que piensa es que es “caradura”; porque se supone que el fontanero debe arreglar el grifo esté o no motivado. En este caso parece que tenemos claro el sentido del deber pero no otros y vivimos a expensas del “a ver si tengo ganas”.

Debemos recuperar ese sentido del deber que tal vez en el pasado no fuese real pero que hoy día no pasa por su mejor momento. Este cambio proviene de mitad del siglo pasado. Hasta entonces había habido, fundamentalmente por parte de las grandes dictaduras, un elogio fuerte de la voluntad. Cuando tiene lugar el Congreso del Partido Nazi en Munich se produce en aquel momento una película con el título “El triunfo de la voluntad”, que es reflejo del momento histórico. Posteriormente, con el devenir nazi, se produce un descrédito de la voluntad, de las palabras y las personalidades fuertes. Se empieza a pensar: si el triunfo de la voluntad era eso, casi mejor no tener voluntad. Por otro lado, también se tenía una idea de la voluntad muy relacionada con sistemas moralistas muy autoritarios. Al perder vigencia estos sistemas moralistas la voluntad queda en entredicho. Hoy día, sin embargo, debemos empezar a recuperar la voluntad aunque de otra manera.

F. A.: Antonio Damasio, Neurobiólogo y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica, decía: “En nuestro cerebro hay una muy buena naturaleza y una tendencia hacia lo malo. Somos capaces de comportamientos amables y muy humanos pero también de otros violentos y antisociales, y en función de las condiciones del entorno puede aflorar el bien o el mal. Es responsabilidad de la sociedad esforzarse al máximo para que una faceta (la buena) supere a la otra (la mala)”. Hoy día, ¿el entorno favorece la parte más humana o más animal del ser humano?
J. A. M.: Creo que la humanidad progresa éticamente. La gente me dice que soy muy optimista, pero cuando les contesto que me digan una época de la historia en la que les hubiese gustado vivir sin saber en qué posición social, les surgen dudas. El Renacimiento, por ejemplo, fue fantástico para el Papa Julio II, pero hasta el propio Miguel Ángel lo pasó mal. En conjunto las sociedades son hoy día más justas que nunca. Las naciones desarrolladas hacen que el peso del destino sea menor. Lo que pasa es que al mismo tiempo hemos desarrollado un individualismo feroz. Estatalmente somos benefactores e individualmente somos muy egoístas. Un ejemplo: en este momento los ancianos están mejor cuidados que nunca, pero por el Estado; lo que se ha reducido es el compromiso de los hijos hacia el cuidado de sus padres. Se da una sociedad muy paradójica. Somos contradictorios y muy conflictivos.

F. A.: Somos seres paradójicos...
J. A. M.: Sí. Todo lo que hacemos los humanos es buscando la felicidad, que es la armoniosa satisfacción de nuestras dos grandes necesidades, que son contradictorias: la primera, es que necesitamos disfrutar; es una necesidad de seguridad, de comodidad, de tranquilidad...; y la segunda, que va en sentido contrario, es que necesitamos crear algo; es una necesidad de explorar, arriesgar, progresar, que se me valore... Ambas van en direcciones opuestas: cada vez que tengo crear algo prescindo de la comodidad. En las empresas tienes que dar dinero hasta un nivel, luego se necesita la otra derivada. El éxito reside en conseguir el máximo de progreso con el máximo de comodidad. No somos tan miserables como creemos. Estamos llamados a tener una cierta comodidad pero al mismo tiempo también a dejar nuestra huella; cuando nos falla una de las dos patas, nos mostramos inquietos. Ahora estamos en una fase en la que nos estamos intoxicando de comodidad y eso también nos produce una gran insatisfacción.

F. A.: Si miramos atrás podemos observar un gran progreso social y económico respecto a tiempos pasados. Pero todo avance va acompañado de amenazas y peligros que parecen como si ensombreciesen la realidad. En términos generales, ¿nos sentimos más o menos satisfechos respecto a épocas pretéritas?
J. A. M.: Actualmente somos 6.000 millones de personas en el mundo; hay 1.400 millones que se están descolgando de manera irrecuperable: África, algunas zonas de Asia, y otras de Hispanoamérica. En los últimos quince años ha habido 3.000 millones que han mejorado algo: China, India, el Sudeste Asiático y algunas naciones de Hispanoamérica. Y el mundo desarrollado ha mejorado considerablemente. Se está produciendo una brecha enorme entre unas zonas y otras. Mientras nosotros no podemos vivir sin ordenador, mil millones de personas ni siquiera han hecho una llamada de teléfono en su vida. En las sociedades avanzadas y democráticas estamos mejor que nunca pero en otras subdesarrolladas sucede todo lo contrario. No obstante, si bien “objetivamente” estamos mejor que nunca “subjetivamente” no ocurre lo mismo. Una portada de la revista Time titulaba: “¿Y por qué si estamos tan bien nos sentimos tan mal? Ello es debido a que la percepción del bienestar es diferencial, no absoluta. El bienestar es la diferencia entre lo que esperaba y lo que tengo. Hay épocas de la historia en las que se esperaba muy poco y, por tanto, las expectativas se podían satisfacer con facilidad. Ahora vivimos con muchas expectativas. Se nos ofrecen continuamente posibilidades y como no podemos satisfacerlas todas, nos sentimos profundamente defraudados. La frustración no procede de la necesidad sino del exceso de expectativas. Un gran reto para la educación es enseñar a disfrutar de lo que se tiene. Estamos fomentando una cultura de la ansiedad que no nos permite saborear lo que tenemos produciéndose esa paradoja. Esto tiene un riesgo grave. Cuando una persona se encuentra continuamente frustrada tiene dos caminos: o se va hacia la depresión o se va hacia la violencia. En el Congreso Mundial de Psiquiatría celebrado hace unos años en España se dijo que el siglo XXI no iba a ser el siglo de internet sino el siglo de la depresión y la violencia. Estamos instalando a todo el mundo en una insatisfacción continua que al mismo tiempo consume de todo.

En dos palabras…

Una lección que le haya enseñado la vida: La necesidad del entusiasmo.
Un consejo para los jóvenes: Que no se intoxiquen de comodidad.
Lo que más se echa de menos en la sociedad: Un poco de sentido del humor.
El mayor enemigo del hombre es: El mismo hombre.
El mayor aliado del hombre es: La «inteligencia bondadosa». La bondad es el comportamiento de aquel que tiene la tenacidad, la valentía y el arrojo para poner práctica las buenas soluciones que son las soluciones más inteligentes.
Defina con una frase el mundo en que vivimos: Un fracaso de la inteligencia; despilfarramos nuestras posibilidades.
Un filósofo de referencia para los directivos: Kant. Nos cambió la vida a todos los europeos.
«El hombre es bueno por naturaleza» (Rousseau) o «El hombre es un lobo para el hombre» (Hobbes): El hombre es un híbrido; una mezcla de egoísmo y altruismo. Somos «egoístas solidarios».
Una cita / frase que refleje su filosofía de vida: La gran experiencia humana es transformar el esfuerzo en gracia.

2 comentarios:

Katy dijo...

Hola Francisco, he tenido la suerte de asistir a varias de sus conferencias. Hombre con sentido profundo de la vida.
Gracias por compartir esta etrevista.
"Somos egoístas solidarios" Una frase a tener en cuenta.
Un abrazo y hasta el año que viene, en el que deseo toda la suerte que mereces.

FAH dijo...

@Katy. gracias. Feliz año para ti también. Creo que eso de "egoístas solidarios" refleja bien lo que somos. Abrazo.

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