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viernes, 21 de enero de 2011

Y tú, ¿te olvidas de vivir?

Dado que el post de ayer ¿Sabes cuáles son tus valores? ha gustado y me han llegado muchos ecos sobre la historia allí recogida, hoy quiero reproducir un post que publiqué hace algún tiempo, concretamente hace casi tres años (20/04/08), pero que viene bien al caso. Llevaba por título: Me olvidé de vivir. Lo reproduzco a continuación con algún detalle más:

«De tanto correr por la vida sin freno, / me olvidé que la vida se vive un momento. / De tanto querer ser en todo el primero, / me olvidé de vivir los detalles pequeños...».

Son sólo algunas estrofas de la canción Me olvidé de vivir de Julio Iglesias incluida dentro de su disco Emociones (1979) que el cantante compuso tras su separación de Isabel Preysler, cuyos motivos –parecer ser– fueron los continuos viajes, galas y ausencias del artista.

Hace unos días escuché en una entrevista a la cantante Mónica Naranjo que acaba de lanzar su disco Tarántula (2008). Después de un éxito arrollador con álbumes anteriores, la cantante ha estado siete años apartada del glamour de las cámaras y los focos. Las razones las daba en una entrevista en televisión: «Tengo el trabajo más bonito y al mismo tiempo el más esclavo. Al final, llega un momento que uno deja la vida sólo para trabajar, y si tienes un poco de sentido común, decides si sigues y enfermas o te das un break y vives. Y yo he vivido». Días después, un periódico entresacaba el siguiente titular de otra entrevista a la artista: «Acabé enferma de éxito».

El filósofo presocrático Demócrito (460–370 a.C.) decía: «Las cosas más agradables de este mundo se convierten en las más desagradables cuando no reina la moderación». También de éxito se puede enfermar y morir (ver post El valor relativo del éxito, 02/04/08). Buen recordatorio son las palabras de Confucio: «No valores tus éxitos sólo por lo que has conseguido sino por lo que has dejado en el camino para alcanzarlos».

Los primeros once minutos de la película Kramer contra Kramer (1979) de Robert Benton –ganadora de cinco estatuillas a los Premios de la Academia– son ejemplificadores. Ted Kramer (Dustin Hoffman) es un alto ejecutivo de publicidad ensimismado en su trabajo que tras ser ascendido en la empresa para la que trabaja llega a casa con el deseo de que todo sean celebraciones; su mujer, Joanna (Meryl Streep), sin embargo, está esperándole para decirle que le abandona, dejándole al cuidado el hijo de ambos, Billy (Justin Henry) (ver post Kramer vs. Kramer, 02/03/09).

Las circunstancias ponen entonces a Ted en la tesitura de optar por una brillante carrera profesional o poner más atención del cuidado de su retoño. Su decisión se centra en esta última alternativa. Tras ser despedido de la compañía para la que trabaja, encuentra otra ocupación más «normal» pero con la satisfacción de poder disfrutar más tiempo de su pequeño.

Encontrar un equilibro entre todas las facetas de la vida es imprescindible aunque, evidentemente, nada sencillo. La vida empuja inevitablemente hacia el «exceso» o el «defecto». Sólo con mucha madurez y personalidad se logra mantener una cierta estabilidad personal.

Me despido con la letra –merece la pena leerla– y música de Me olvidé de vivir de Julio Iglesias:

De tanto correr por la vida sin freno,
me olvidé que la vida se vive un momento.
De tanto querer ser en todo el primero,
me olvidé de vivir los detalles pequeños.

De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento

Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.

De tanto cantarle al amor y la vida,
me quedé sin amor una noche de un día.
De tanto jugar con quien yo más quería,
perdí sin querer lo mejor que tenía.

De tanto ocultar la verdad con mentiras,
me engañé sin saber que era yo quien perdía.
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía,
hoy me toca llorar, yo que siempre reía.

Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.

De tanto correr por ganar tiempo al tiempo,
queriendo robarle a mis noches el sueño.
De tanto fracasos, de tantos intentos,
por querer descubrir cada día algo nuevo.

De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento.

Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.


                                                                                                                                                              

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