lunes, 23 de mayo de 2011

¿Es la gente fácil o difícil de manipular?

No lo tengo claro. A veces se oye: "La gente es muy fácil de manipular"; se argumenta que la masa no piensa. Otras veces, sin embargo, se escucha lo contrario: "A la gente no es fácil de engañar; la gente no es tonta".

En muchas ocasiones a muchas personas les he hecho esta misma cuestión: ¿Es la gente fácil o difícil de manipular? Ayer mismo incluso en twitter lanzaba la pregunta y diversos tuiteros dieron su opinión. Por ejemplo:

@egreciet. A mí me parece que, por desgracia, muy fácil...
@alexcibernetica. La gente individualmente, difícil. En masa, fácil.
@merce_casero. Yo creo que demasiado fácil de manipular...así nos va
@evamariaoviedo. Depende de qué gente y de la habilidad del "manipulador" ¿no? Hitler logró convencer de barbaridades en masa.
@nieves_ma. De todo hay, supongo. Quizá a una gran parte de "la masa" sí. El ejemplo más plausible es la moda, la tendencia en el vestir , ahí casi todos "caemos"
@rafaeltimer. Tan tontos n o somos. Pero se nos puede manipular como masa. Hay tantos ejemplos!
@jgoimu. En mi opinión, muy fácil...
@sanchez_sonia. Depende de quién, como todo.

Esto lo llevo analizando después de seguir muchos años los mercados financieros donde las "euforias" y "pánicos" colectivos fruto del "efecto bola de nieve" son capaces de cualquier cosa. De hecho frente a la "teoría racional de los mercados" que sostiene que los inversores tomamos nuestras decisiones racionalmente, en el año 2002 el psicólogo israelísta Daniel Kahmeman recibía el Premio Nobel de Economía por su integración de la psicología en la economía, lo que se conoce como "behavioral finance" (traducido como "finanzas conductivas"), y donde señalan que muchas veces nuestras decisiones son totalmente irracionales por diversos motivos, uno de ellos cuando actuamos bajo la influencia del grupo.

La historia está plagada de episodios donde las burbujas especulativas fruto de la exuberancia irracional, término acuñado por el ex presidente de la Reserva Federal Norteamericana, Alan Greenspan, han dejado muchos damnificados por el camino. Una máxima latina dice: Ubi multitudo, ubi malum. Donde está la multitud, está el mal. Algo parecido a lo que afirmaba Mark Twain (1835–1910): "En las multitudes lo que se acumula no es el sentido común sino la estupidez". El húngaro André Kostolany (1906–1999), uno de los especuladores más famosos de la historia, aseveraba: "Cualquier persona, individualmente tomada, es tolerablemente sensata y razonable, pero tomada como miembro de la multitud, se torna inmediatamente en un zopenco". Y el propio Isaac Newton (1643–1727), que perdió todo su dinero en una repentina crisis en la Bolsa londinense, llegó a afirmar que podría calcular al centímetro y al segundo las órbitas de los cuerpos celestes, pero que era absolutamente incapaz de predecir hasta dónde puede arrastrar la cotización de la Bolsa una multitud histérica.

Un ejemplo. El investigador Allport (1924) estaba interesado en saber si la presencia de otros individuos facilitaba o retardaba la ejecución individual. En una de las condiciones del experimento, los sujetos trabajaban solos en tareas como la multiplicación, el razonamiento y la vocalización. En otras condiciones, los sujetos trabajaban en las mismas tareas, pero en presencia de otras personas que colaboraban con ellos. Allport encontró que el vigor de la respuesta aumentaba cuando el individuo trabajaba en presencia de otros, pero la calidad intelectual descendía.

Un conocido creativo publicitario me decía una vez: "No es incompatible que alguien sea muy inteligente con que sea manipulable. Lo que pasa es que tendemos a ser muy vagos". Me identifico bastante con el pensamiento de Kostolany. Cuando la gente se para a pensar y reflexionar suele llegar a conclusiones razonables, por tanto, de lo que se trata es de evitar que la gente piense: ¿Cómo?

1. Prisas. Al ritmo frenético que vivimos poca gente tiene tiempo para algo, y eso es bueno para quienes tienen afán de manipulación. Sin tiempo para reflexionar uno queda a merced de la propaganda. Todos sabemos que uno de los mayores enemigos de cualquier negociación es el cansancio porque con tal de acabar se toman decisiones que vayan incluso contra los propios intereses. Lo mismo pasa con los interrogatorios policiales. Muchas veces la gente acaba confesando cuando está exhausta.

2. Colectividad. Integrando a la gente dentro de un grupo (masa) porque si de manera individual somos responsables de nuestros actos, de manera colectiva la responsabilidad se diluye. Adam Smith (1723–1790) decía: "El caso es que resulta muy cómodo ser parte de la multitud". El anónimato de la masa nos exonera de culpa y la conciencia descansa tranquila.

3. Miedo. cuando la gente tiene miedo es fácil anularla y conducirla al lugar que uno quiere. Miedo a no poder pagar la hipoteca, miedo a quedarse en paro, miedo a atentados, miedo a... El miedo anula la libertad y uno cede a causas menos confesables. Todos conocemos los estudios de Zimbardo y Milgram. Los valores son valores en determinadas circunstancias, en otros casos pasamos por encima de ellos sin importarnos lo más mínimo (ver post: ¿Obedeces a tu jefe?).

Por cierto, hoy mismo he descubierto este libro: ¿Se creen que somos tontos? 100 formas de detectar las falacias de los políticos, los tertulianos y los medios de comunicación, Julian Baggini, Paidos, 2010. Espero leerlo pronto.