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jueves, 19 de mayo de 2011

Rosas y espinas

El día sólo llega pasada la noche; tras la tempestad, aparece la calma; después del esfuerzo, uno merece el descanso; y así pasa con todo... O dicho de otro modo: todas las rosas tienen sus espinas...

Aceptar las paradojas y contradicciones de la vida, la dualidad de todo, es esencial para navegar con menos ansiedades por la vida.

De ello hemos hablado aquí muchas veces. La capacidad de resistencia emocional (a los fracasos, a las sequías, a los desengaños...) es uno de los rasgos que distinguen a las personalidades que vuelan más alto. Ya hemos dicho que la vida (el Universo) utiliza los obstáculos para separar paja y grano: para distinguir entre aquellos que dicen que quieren algo y los que realmente lo quieren. Los primeros se autoexcluirán, los segundos seguirán sin perder de vista su objetivo.

Hoy os dejo esta poesía que lleva por título: Nadie.

"Nadie alcanza la meta con un solo intento,
ni perfecciona la vida
con una sola rectificación,
ni alcanza altura con un solo vuelo.

Nadie camina la vida sin haber
pisado en falso muchas veces.
Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores,
enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones,
ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad,
ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas,
ni recoge rosas sin sentir sus espinas.

Nadie hace obras
sin martillar sobre su edificio,
ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo.

Nadie llega a la otra orilla
sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces
que perseguía un imposible.

Nadie reconoce la oportunidad hasta que
ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie debe vivir sin cambiar,
ver cosas nuevas,
experimentar otras sensaciones,
y tener la capacidad de corregir sus errores.

Nadie tiene el derecho de consumir
el amor o la amistad de las personas
si uno mismo no la produce.

Nadie puede intercambiar un apretón
de manos con el puño cerrado".

Nadie, Anónimo.

Y hablando de rosas y espinas he recordado ahora mismo una canción muy conocida de David Bisbal y David Civera que lleva el mismo título: Rosas y Espinas. Allí, en el estribillo, dice: "Ella es una rosa de un millón de espinas; ella es una amante que me contamina; ella me ha robado el corazón, ella me provoca, me lía, me atrapa, me deja, me llora..."; como no podría ser de otra manera...

3 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Par mi es saber leer la vida, o al menos intentarlo. Lo malo es que un mundo de urgencias se confunde la velocidad con el tocino. Bella poesía.
Un abrazo

FAH dijo...

@fernando lópez fernández. gracias. sí, es cierto, creo que es uno de los grandes males sociales: la prisa. Lo decía Baltasar Gracián: "Los sabios suelen pecar de lentos". Abrazo.

Cruz dijo...

No conocía esta frase de Gracián, interesante poema. abrazote. mc

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