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martes, 22 de noviembre de 2011

El peligro de los prejuicios

Hoy he recordado este artículo que escribió hace algún tiempo Rosa Montero en El País, concretamente en mayo de 2005. Llevaba por título El Negro: un equívoco revelador. Y es que nadie somos inmunes a los prejuicios, esos pensamientos grabados en nuestra mente que nos llevan, a veces (o muchas veces), a conclusiones erróneas. Aquí va:

"Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequivocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizás no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida (...). De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreirle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta".

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6 comentarios:

GAFOLITO dijo...

Hola, esta historia existe desde hace tiempo y no tiene caducidad, una pena...la he leído con el mismo protagonista del prejuicio pero con mujer mayor...

Gracias, feliz día!!

FAH dijo...

@Gafolito. gracias x pasar. me alegro que te haya recordado... conviene hacerlo de vez en cuando. salu2.

Fernando López Fernández dijo...

Asi es, todos, en mayor o menor medida tenemos prejuicios. Son manchas que quedan de la educación recibida y aprendida que cuesta quitarse. Viajar es un buen antídoto para ello.
Un abrazo

FAH dijo...

@Fernando López Fernández. Gracias. Así es, viajar es una de las mejores formas de desmantelar prejuicios... Como siempre los viajes (o el viajero) aportan amplitud de miradas. Abrazo.

GDS dijo...

Nunca la había escuchado.

Buena historia.

Un abrazo

Gisela

FAH dijo...

@GDS. gracias x pasar. espero que todo te vaya bien. abrazo.

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