viernes, 2 de diciembre de 2011

El hombre se forja en la adversidad

Decía Paulo Coelho (@paulocoelho) (ver post Paulo Coelho: el alquimista de la palabra) en una ocasión: “Evitando los problemas que necesitas enfrentar, evitas la vida que necesitas vivir”. Así de claro, así de simple. Uno de las rasgos que definen a las personas más sólidas es su experiencia gestionando conflictos, inconvenientes, contrariedades y un cierto sufrimiento... Es una buena medida de la resiliencia, la dualidad de la vida.

Lo que está claro es que si no te has enfrentado a adversidades (ver libros sobre el tema), no has crecido. No se trata de sufrir gratuitamente, pero el hombre se forja en la adversidad (ver post Conflictos y adversidad: alidados del liderazgo y ¿Huyes o gestionas el conflicto?). El conferenciante y autor T. Harv Ecker (ver post Los secretos de la mente millonaria) decía: "La comodidad es la muerte; el único momento en el que crecemos es cuando estamos incómodos".

Me gustan las siguientes estrofas:

"Nadie alcanza la meta con un solo intento,
ni perfecciona la vida
con una sola rectificación,
ni alcanza altura con un solo vuelo.

Nadie camina la vida sin haber
pisado en falso muchas veces.
Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores,
enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones,
ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad,
ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas,
ni recoge rosas sin sentir sus espinas.

Nadie hace obras
sin martillar sobre su edificio,
ni cultiva amistad sin renunciar a si mismo.

Nadie llega a la otra orilla
sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces
que perseguía un imposible.

Nadie reconoce la oportunidad hasta que
ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie debe vivir sin cambiar,
ver cosas nuevas,
experimentar otras sensaciones,
y tener la capacidad de corregir sus errores.

Nadie tiene el derecho de consumir
el amor o la amistad de las personas
si uno mismo no la produce.

Nadie puede intercambiar un apretón
de manos con el puño cerrado."

Nadie, Autor Anónimo
                                                                                                                                

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