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miércoles, 11 de enero de 2012

10 rasgos del buen coach

A lo largo de las últimas semanas hemos ido dejando diferentes posts que tenían como objetivo condensar y resumir algunos rasgos, cualidades y características de determinadas situaciones. Por ejemplo:


10 rasgos que distinguen a los ganadores.
10 claves de la comunicación en crisis.
10 rasgos que distinguen al buen consultor.

Hoy me quiero detener en 10 rasgos que distinguen al buen coach. En mi último libro Fast Good Management (@fastgoodmanagem) hay un capítulo dedicado al Coaching con el título Ponga un coach en su vida, donde se puede profundizar sobre el tema. Pero hoy dejo 10 cualidades (otras pueden ser incluidas) que son deseables que tenga el coach

1. No juzgar. Al escuchar, algo que raramente se consigue. Hay pocas personas capaces de mantener una conversación y observar la realidad sin emitir juicios de valor y respetando al máximo la individualidad del interlocutor. Cuando se consigue, es sorprendente cómo la otra persona se abre. En muchos casos, el coach sabrá en poco tiempo más que muchos amigos y familiares a los que se conoce desde hace años.

2. No imponer. Al hablar, algo también muy infrecuente en las relaciones humanas. El mayor enemigo del coaching es la falta de humildad. El coach estimula, orienta, impulsa y ejerce de facilitador, pero salvo contadas ocasiones, jamás dice al coachee lo que tiene que hacer sino que es éste quien lo va descubriendo por sí mismo. La soberbia de algunos asesores personales que se sienten protagonistas del proceso merma las posibilidades de mejora del pupilo.

3. No generar dependencias. Durante el proceso el buen coach trabaja para ser prescindible. A medida que avanza la relación intenta dar pasos al costado para que el coachee camine por sí solo sin necesidad de ningún bastón. Goethe (1749–1832) decía: «Se reconoce al maestro por el grado de reducción que haya podido conseguir».

4. Sabe de personas. Es importante poseer una sólida formación teórica y práctica sobre el ser humano. El coach debe saber de emociones, sentimientos –propios y colectivos–, miedos, necesidades y motivaciones humanas, entre otros aspectos, sabiendo, en todo caso, que de personas nunca se sabe lo suficiente y uno nunca deja de aprender.

5. Sabe de negocio. El desempeño depende de tres variables: saber (capacidades), querer (motivación) y poder (contexto). Habitualmente este último aspecto se olvida. Si uno desconoce cómo funciona una organización, sus luchas de poder, sus restricciones presupuestarias, los diferentes intereses de los stakeholders, es imposible ofrecer un asesoramiento válido. Es preciso haber vivido lo que se cuece en la primera línea de la batalla empresarial –la empatía, del griego empatheia (sentir dentro), es fundamental para ser capaz de ponerse en la piel del directivo.

6. Sabe de la vida. El coaching tiene una parte técnica que tiene que ver con el método, las herramientas, los procesos y los principios que lo inspiran. Eso se puede aprender en un curso o máster, pero hay algo imposible de adquirir en un aula: la experiencia vital; algo que facilita enormemente la empatía para situarse en el lugar del otro. Sócrates decía: «Me agrada conversar con personas de gran ancianidad; pues me parece necesario informarme de ello, como de quienes han recorrido por delante un camino por el que quizá también nosotros tengamos que pasar, cuál es él, si áspero y difícil o fácil y expedito. Y con gusto oiría de ti qué opinión tienes de esto» (República, 328e).

7. Ser íntegro. El coach debe ser una persona que inspire confianza, creíble por su trayectoria e íntegro en sus filosofía y comportamientos. Es imposible calar en los demás cuando uno es incapaz de vivir por sí mismo lo que transmite. El coach debe actuar en todo momento con coherencia, con un comportamiento que responda a unos principios objetivos y valiosos. En Sócrates se daba una correspondencia entre su filosofía y su vida, entre sus palabras y sus hechos, entre teoría y práctica: «Cuando oigo dialogar a cerca de la virtud o sobre algún tipo de sabiduría a un hombre que es verdaderamente un hombre y digno de las palabras que dice, me complazco extraordinariamente al contemplar al que habla y lo que habla en recíproca conveniencia y armonía. Y me parece, en definitiva, que el hombre de tal clase es músico que ha conseguido la más bella armonía, no en lira ni en instrumentos de juego, sino al armonizar en la vida real su propio vivir con sus palabras y hechos» (Laques, 188c-d).

8. Ser benevolente. Del latín bene-volere, querer el bien. Algunos han hecho del coaching un mero negocio. El verdadero coach cree en el "ser humano", en sus posibilidades, en su potencial... más allá de la facturación. Si a uno le resulta indiferente el otro, poco hará por él. Le dará igual que escoja un camino u otro, que sea bueno o malo, que conduzca a lo justo o lo injusto... La relación coach-coachee va más allá de un mero acuerdo mercantil entre dos partes. Debe haber algo más: «Sólo se puede verdaderamente filosofar entre amigos (...); la argumentación filosófica, si quiere ser objetivamente productiva, puede proceder sólo de confutaciones bien intencionadas».

9. Ser sincero. Negar o disfrazar la realidad es el mayor enemigo en cualquier proceso de crecimiento y desarrollo personal. Como apunta Brian Tracy, "aceptar la propia responsabilidad es el mejor ejemplo de liderazgo y madurez que puede demostrar una persona". Las excusas, culpas, quejas... son propias de aquellos que no están dispuestos a afrontar la realidad. Tanto el coach como el coachee deben ser muy sinceros; el primero para dibujar el punto de partida (dónde se está y las posibilidades de mejora); el segundo para aceptar esa realidad y asumir el reto del cambio. Ser sincero implica ser exigente, que no tiene nada que ver con formas bruscas de decir las cosas alejadas de toda asertividad.

10. Ser optimista y paciente. Todo proceso de mejora exige adoptar una actitud positiva para no venirse abajo cuando las recaídas, que son inevitables, ocurran. Al mismo tiempo es importante celebrar cada pequeño logro que sirve de estímulo para seguir avanzando y luchando por nuevas metas. No se siembra hoy y se recoge mañana, sino que entre uno y otro periodo hay fases de sequía. Insuflar ánimo, ilusión y entusiasmo, son rasgos que definen al buen coach.

* Si te interesa el Coaching en el siguiente link puedes ver una Recopilación de todos los Libros de Coaching. Y te invito a leer el Capítulo Raíces históricas del coaching: Sócrates, Platón y Aristóteles.

* Hoy en Libros de Management (@librosdemanagem) lee la Reseña de "Espíritu de aventura: los 7 retos del emprendedor".

                                                                                                                                                                  

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2 comentarios:

elartedepresentar.com dijo...

Yo añadiría o haría más explícita una característica que situaría por encima de otras muchas: saber escuchar.

FAH dijo...

@elartedepresentar.com. Gracias, Gonzalo. Totalmente de acuerdo es la esencia del coaching. La intenté englobar en el punto uno. Era saber escuchar, pero destaqué "No juzgar", porque a menudo cometemos ese error al escuchar. Abrazo.

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