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jueves, 29 de marzo de 2012

¿Prefieres morir o cambiar de hábito?

Dice Louise Hay en El poder está dentro de ti: "A veces preferimos morir a cambiar un hábito". No es casual que Valentín Fuster también apunte en La ciencia de la salud: "Lo mejor para dejar de fumar es tener un infarto".

Sí, suena fuerte, pero casi siempre los cambios auténticos y verdaderos son producto de las crisis, de situaciones de catarsis: un accidente, una enfermedad grave, un despido inesperado, la quiebra de nuestra empresa, la muerte de alguien cercano... Habitualmente el ser humano sólo cambia cuando todo tiembla alrededor, cuando no le queda más remedio. Un proverbio chino lo expresa bien: "Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución" o "encuentra tu liberación a través de los trastornos".

Es muy difícil cambiar por iniciativa propia. Antes o después, la gente acaba desistiendo cuando tiene que remplazar unos hábitos por otros. La pregunta es: ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

Porque cambiar hábitos implica luchar contra uno mismo. En nuestra vida diaria, el 90% del tiempo funcionamos con el Inconsciente, es decir, en piloto automático, de manera rutinaria, sin pensar. Y para cambiar hábitos implica hacer lo contrario a lo que hacíamos, a lo que la inercia nos dice desde hace mucho tiempo. Eso, en periodos cortos de tiempo, lo asumimos, pero a medida que los plazos son mayores el desánimo empieza a hacer acto de presencia.

¿Qué hacer entonces? Te daré algunos breves consejos:

1. Evita las experiencias negativas: Si te exiges demasiado desde el primer día, fracasarás, te frustarás, y ello te llevará a abandonar. Sigue el principio Poco + Poco = Mucho. Si te marcas metas pequeñas y las cumples, te sentirás bien contigo mismo y ello te animará a seguir adelante. Ese poco sin importancia unido a otro poco sin importancia se convierten un día en mucho. No te precipites. De ahí vienen muchos problemas. Recuerda que "el amanecer sólo llega después de pasada la noche". Al querer llegar muy rápido, todo se hace muy grande. No te puedes comer con un camello de un bocado, pero sí mordisco a mordisco. Toda gran marcha siempre comienza con un primer paso. Tenlo en mente.

2. Asume las recaídas y bajones como parte del proceso. Es lo normal cuando tienes que tirar abajo hábitos fuertemente enraizados. El proceso de reprogramación no es una línea recta. Siempre existen momentos de debilidad. A veces hay que dar 5 pasos y retroceder 2 para avanzar 3. Ser consciente de ello hace que resulte más fácil.

3. Búscate un coach. La labor de un coach es de acompañar en el proceso de cambio. Sirve, entre otras cosas, para inspirar, animar y "recordarte" ciertas cosas; una especie de "pepito grillo" que esté ahí. Los procesos de cambio en solitarios son muy complicados, como ya vimos en Motivos para visitar un coach. Todos necesitamos soportes emocionales que nos insuflen energía en momentos difíciles.

Lo importante en cualquier caso es no abandonar, no darse por vencido, y seguir, y seguir, y seguir con el ritual, porque los hábitos se adquieren por repetición y aunque no lo aprecies, todo cambio en una determinada dirección se va filtrando por el inconsciente sin que te des cuenta. Puedes plantar hoy una semilla y mañana la planta no está hecha y derecha, pero el proceso de nacimiento ya está en marcha, aunque no seas capaz de apreciarlo. La tierra por dentro ya está funcionando. Un proverbio árabe reza: "El hábito es al principio ligero como una tela de araña pero bien pronto se convierte en un sólido cable".

Conviene recordar asimismo que contar con hábitos consolidados no significa poseerlos indefinidamente. Hay que cuidarlos y ejercitarlos constantemente; de otro modo, se pierden. Aristóteles precisaba: "No es suficiente haber recibido la educación y control adecuados en la juventud, es preciso que en la madurez se practique lo que se aprendió, y acostumbrarse a ello". Los hábitos hay que trabajarlos a diario, de otro modo se esfuman.
                                                                                                                                                                  

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5 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Decía Henry Ford que «Pensar es el trabajo más difícil que existe quizá esa sea la razón de que haya tan pocas personas que lo practiquen».
Ahí seguimos.
Un abrazo.

Adrián Troncoso dijo...

Gran artículo y sabios consejos. Precisamente ese momento de crisis se está produciendo y el cambio por necesidad se convierte en una obligación para sobrevivir. Un placer leer sus publicaciones.
Adrián. www.laventadesdelastrincheras.com

FAH dijo...

@Javier Rodríguez Albuquerque. Gracias x pasar y aportaciones. Buen apunte de Henry Ford. Abrazo.

FAH dijo...

@Adrián Troncoso. Gracias por pasar y palabras. Las crisis muchas veces despiertan talentos ocultos, pero hay que tener resiliencia para hacerlas frente. Si se consigue, uno puede salir muy fortalecido. Abrazo.

xumeiqing dijo...

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