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lunes, 4 de junio de 2012

El irresistible poder del entusiasmo

El otro día una persona especialista en técnicas efectivas de búsqueda de empleo, dejaba la siguiente reflexión en twitter: «Recuerda, nada vende mejor que el entusiasmo».

También Noemí Vico (@_tiruriru_) hace unos días en su post Y tú... ¿qué vendes? apuntaba respecto a un hipotético candidato en una entrevista de trabajo: «Si demuestras signos de pereza, cansancio o desmotivación (...); si pones cara de asco (...); si resoplas ante determinadas preguntas (...); si no tratas de generar confianza... son cosas que no me van a gustar como empleador».

En definitiva, todo indicadores de falta de entusiasmo, o lo que es su opuesto, apatía, pasotismo, gente que arrastra los pies en lugar de ir dando saltos. Una persona entusiasmada, que vibra, que le brillan los ojos, está en flow (no dejes de leer Flow (Fluir): una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi), y esa es la mejor garantía para conseguir resultados y aunar a los equipos. En el post La magia de pensar a lo grande escribíamos: «Las personas entusiastas, con lo que dicen o hacen, siempre generan seguidores entusiasmados».

Los equipos se construyen con muchos ingredientes, pero sobre todo, con energía, mucha energía, entre otras cosas porque cuanto más grande es el reto más energía requieren. La energía es el oxígeno que da vida a los equipos de trabajo. Personas aplatanadas, resultados pobres; personas con altas dosis de energía, grandes logros. Ya Jack Welch (@jack_welch), ex CEO de General Electric y autor de Hablando claro, decía: «El mundo será de los líderes apasionados y con empuje; gente que no sólo tenga una cantidad enorme de energía sino que pueda proporcionársela a aquellos a quienes conducen».

Miguel Milano (@mmilano1968), cuando era Vicepresidente de Oracle para España y Portugal (hoy como Presidente de EMEA, Londres), me contó la siguiente anécdota:
«Cuando llegué a Oracle le dije a la gente que no cogiera ninguno de los cuatro ascensores que hay en nuestras oficinas. A día de hoy hay mucha gente que va por las escaleras. Esto lo aprendí en mi etapa de consultor en Mckinsey. Cuando el director de la compañía recibió a la clase del 96, nos dijo: "Muy pronto voy a saber quién va a tener una buena carrera en este negocio". Todos nos miramos y pedimos que nos dijese el secreto. Y contestó: "El edificio tiene 8 plantas, y dos ascensores, a los que me encuentre en las escaleras ésos son los que van a triunfar, porque son gente que no puede esperar a que venga el ascensor". Luego continuó y dijo: "Además, voy a saber los que van a llegar a socio"; nos volvimos a mirar todos y prosiguió: "Aquellos que vayan por las escaleras saltando los escalones de dos en dos, esos serán los que mejor carrera profesional tengan en la firma"».
Pero, ¿de dónde viene la palabra Entusiasmo? Ya lo hemos explicado en otras ocasiones, pero lo volvemos a repetir. La etimología de la palabra Entusiasmo procede del griego En-Theos, esto es, Theos (Dios) y En (Dentro); o lo que es lo mismo, como si una fuerza superior (da igual como lo llamemos: Dios, Poder Infinito, Inteligencia Superior, Poder Divino...) actuara a través de nosotros, a través de nuestro interior, como "poseídos" por esa energía.

Ahora todo se comprende; ahora todo se entiende; ahora toda adquiere significado. Y por eso tal vez el filósofo británico Betrand Russell afirmó: "El entusiasmo es un motor indispensable a la perfección". Así lo pienso yo. En un excelente artículo con el título El Entusiasmo (La Vanguardia, 20/04/2012), nuestro filósofo más conocido, José Antonio Marina, decía: 
«Creo, como creían los antiguos griegos, que el entusiasmo es un don del cielo, o sea, una suerte recibida que conviene proteger. La etimología de la palabra es iluminadora: en-theós. Sentirse poseído por un dios. A su vez, la palabra theós tiene su propia etimología: “lo enérgico”, “lo poderoso”. Cuando comencé mis aventuras de espeleología etimológica, me sorprendió saber que la palabra dios, antes de ser un sustantivo, fue un adjetivo: lo divino. Una propiedad maravillosa que tenían ciertas cosas. Los hindúes mantienen este significado y por eso veneran a tres millones de dioses, es decir, a tres millones de cosas divinas. ¿Cómo no va a ser divina la capacidad de una jarra para mantener el agua? ¿Cómo no va a ser divino que las cercas retengan a las ovejas? Y los hititas adoraban al dios Telepinu, la divinidad que hacía que las causas produjeran los efectos debidos. Temían que si ese dios desapareciera, la hierba dejaría de crecer, las vacas dejarían de dar leche, y el sol no volvería de su nocturno viaje al mundo oscuro».
El entusiasmo está en todos los sitios y en todos los momentos, tanto en la vida profesional como personal. Entusiasmo es vida; entusiasmo es actitud. Y perder el entusiasmo es ir languideciendo un poco. Con los años, parece que va mermando, en cierto modo porque uno cree que "está de vuelta de todo"; el escepticismo se apodera de las personas. Por eso, hay que renovar continuamente la capacidad de entusiasmarse y emocionarse para estar vivos y al mismo tiempo entusiasmar a los demás. Porque si uno no está cargado de energía, los demás lo perciben. Y ya sabemos que las emociones son contagiosas.

El entusiasmo es una fuerza irresistible a la que no es fácil contenerse. Cuando una persona actúa con entusiasmo todo invita a unirse a ese proyecto que nos propone. Hay una energía que nos arrastra a acompañarle; uno quiere ser partícipe de esa aventura tan atractiva que nos plantea y compartir minutos con esa persona. El entusiasmo tiene una gran poder seductor; te carga y hace sentir vivo. No es casual que Gregorio Marañón dijese: «La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual».

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* Hoy te dejo una Entrevista en RH Saludable hablando sobre Aprendiendo de los mejores y también una Reseña en el Blog de Pablo Tovar sobre el libro.
                                                                                                                                                                  

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5 comentarios:

Luis dijo...

Está muy bien el entusiasmo, pero también el no comportarse como borregos. Si un jefe dice subid los peldaños de 3 en 3, el jefe así también sabe quien es un borrego y hace las cosas sin cuestionarlas.
Y a veces cuestionarlas y discutirlas es igual o más importante que obedecer ciegamente.
Es muy "yanki" toda esa ideología... de la fe ciega.
Como todos se tiran por el puente, pues yo también.
Algunas cuestiones del "coaching" son como la Biblia o el Código Penal, interpretables de muy diferentes maneras.

FAH dijo...

@Luis. Gracias por pasar. Totalmente de acuerdo, Luis. Aunque también hay algo muy importante: "Aprender de los mejores". Lo importante no es escuchar a la gente que habla, sino a la gente que consigue resultados. Es la mejor prueba de credibilidad. Decía Voltaire: "Hay personas tan inteligentes que aprenden de la experiencia de los demás". Dicho esto, estoy contigo que hay que tener "juicio crítico" y sensibilidad para saber a quien hacemos caso y no. Salu2.

Luis dijo...

A mi el jefe me dice es "más" el que sube por las escaleras, y la verdad, para mi dicho jefe pierde toda la credibilidad. Más bien diría está trastornado.
Subir al 8º piso, por las escaleras, está muy bien para ahorrarle corriente a la empresa, pero le voy a hacer perder más dinero por perder mi tiempo, sudar y olerle luego mal a los clientes. Eso sí adelgazaré y estaré más guapo.
Por Dios¡¡¡ Un poco de sensatez, eso no es entusiasmo... CORDURA¡¡

FAH dijo...

@Luis. Gracias. La credibilidad no se gana o pierde con las palabras sino con los resultados. Hay que mirar los resultados del que habla y los propios... y comparar... Hay gente que no consigue resultados y encima critica las sugerencias de los que sí los obtienen... Salu2.

Luis dijo...

FAH discrepo nuevamente contigo ;-)
Resultados también se obtienen esclavizando, solo hay que ver las condiciones de trabajo en ciertos países, y sus resultados a nivel de "números" son buenísimos.
Resultados con respeto y dignidad humana sí, insisto, el ejemplo de las escaleras dice poco como ser humano de dicho jefe. Si lo quiere aplicar como metáfora en plan... no esperes a que te lleguen las oportunidades, sino que salgas a buscarlas (como en el texto que publica hoy Ricardo Ros en su blog) pues me parece bien. Pero si la gente sigue subiendo por las escaleras, creo que "no han pillado el concepto" como decían en Airbag. O sea el jefe no ha llegado a sus empleados, y suben por las escaleras POR TEMOR.

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