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lunes, 14 de julio de 2014

La mejor alternativa es no tener alternativas

Hace algunos posts atrás en 7 claves del hombre más rico de Babilonia, apuntaba algunas de las ideas principales (7 en total) extraídas del libro Las claves del hombre más rico de Babilonia (Obelisco, 2014) con subtítulo: Una interpretación de 52 de sus brillantes ideas; un libro escrito a raíz del conocido superventas El hombre más rico de Babilonia de George S. Clason publicado en 1926 del que se han vendido millones de copias, sobre el mundo de la libertad financiera y la gestión de las finanzas personales.

Una de esas 7 ideas que destacábamos era la siguiente: Que la rebeldía te lleve al cambio. Y poníamos por escrito lo siguiente:
«El ser humano pocas veces cambia por iniciativa propia, y a menudo se pone en marcha cuando ya no tiene más remedio, cuando todo tiembla alrededor y le ve las orejas al lobo. El ser humano, aunque esté muy mal, prefiere la comodidad a la incertidumbre del cambio, por eso, la adversidad o las crisis pueden ser buenas porque no nos dan la posibilidad de decidir, sólo existe un camino: tirar hacia delante. Por eso, a veces lo mejor que nos puede pasar es aquello que nunca hubiésemos deseado que nos ocurriese, porque marca un punto de inflexión en nuestras vidas. Por eso, a veces, la mejor alternativa es no tener alternativas. De otro modo es fácil dejarse llevar por la tiranía de la inercia y que pase el tiempo y todo siga igual. Es bueno tener sentido de urgencia o lo más normal es seguir con la rutina del día a día en piloto automático».
Dentro de la propia obra Las claves del hombre más rico de Babilonia, la autora, Karen McCreadrie, apunta:
«Todo lo que hacemos se debe a alguna razón, que puede ser obtener algún placer o evitar el sufrimiento. El motivo por el que el punto de inflexión es tan importante es que siempre hacemos más para evitar el sufrimiento que para lograr placer. Esto resulta obvio cuando consideramos nuestro instinto de supervivencia. A veces, en los momentos más oscuros es cuando reaccionamos; el deseo de sobrevivir es tan extremadamente fuerte que nos obligar a luchar o huir para salir del peligro y alejarnos del sufrimiento. Por desgracia, para muchas personas, las cosas no llegan nunca a este punto tan malo. Siempre recuerdo una amiga que me hablaba de su relación así: ‘No es suficientemente buena para continuar, pero tampoco lo bastante mala como para dejarla’. Con demasiada frecuencia no llegamos a la rebeldía, al punto de inflexión por los mismos motivos. La situación no es suficientemente mala y nos hallamos en tierra de nadie de la inacción».
En los mercados financieros hay una frase que se dice a menudo, cuando las aguas andan revueltas. Y es la siguiente: Lo que tenga que ocurrir, que ocurra ya. Porque no hay nada peor que el goteo a la baja. Un acción cae un poquito (no mucho), y no le damos importancia y esperamos que se recupere. Pero luego otro poquito, otro poquito... y después de un tiempo ha caído mucho. Ese poquito sin importancia, que hizo que no tomásemos acción, más otro poquito sin importancia, más otro poquito sin importancia... nos ha dejado en un situación muy delicada. Por eso, lo mejor es una caída brusca y total, aunque duela y escueza mucho más, porque a partir de ahí, el valor de la acción puede rebotar cuanto antes.

Y es que no hay nada peor que la ‘esperanza pasiva’, esperar que las cosas cambien por simple trascurso del tiempo. El referente Jim Rohn, uno de los autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 7ª edición) siempre decía: «Para que las cosas cambien, tú tienes que cambiar; para que las cosas mejoren, tú tienes que mejorar. Debes aceptar tu responsabilidad. No puedes cambiar las circunstancias, las estaciones o el viento, pero puedes cambiarte a ti mismo. Eso es algo que depende de ti».

El amigo Anxo Pérez (@anxo8belts), fundador de 8Belts —método para aprender chino en 8 meses—, en su Capítulo 7. En la escalera del éxito, el primer escalón se llama crisis, dentro de su libro Los 88 peldaños del éxito dice:
«Si nos diesen a elegir entre estar medianamente mal (renqueantes) y estar fatal (crisis), casi todos elegiríamos lo primero. Pero entre ambas situaciones, la primera es la más peligrosa. Cuando estás renqueante, la insatisfacción no ha tocado fondo, y no tocar fondo es equivalente a no hacer nada para mejorar, porque la situación, aún siendo difícil, sigue siendo llevadera. Esto es lo que yo llamo vivir en la penumbra: tener una vida gris en la que no es de día ni de noche, no hace ni calor ni frío, y que precisamente por no estar en el extremo negro, puede alargarse indefinidamente en el tiempo. Eso es lo realmente peligroso. En cambio, las crisis que tanto tememos son más territorio amigo que enemigo. Son insostenibles y eso las convierte en trampolines hacia el éxito, ya que precisamente por suponer una situación intolerable, hacemos lo necesario para ponerle fin y producir el cambio que conduce al periodo de bonanza».
El camino, casi siempre, se produce cuando uno toca fondo, y Tocando fondo es, precisamente, la canción de Silvio Rodriguez que dejo a continuación, y que dice en sus primeras estrofas: Tocando fondo, nací un buen día, tocando fondo...