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domingo, 21 de septiembre de 2014

La mente de un ‘ganador’ está enfocada en dos cosas

He tenido la oportunidad de estudiar las obras de conocidos personajes del mundo del desarrollo personal —como Brian Tracy, Anthony Robbins, Zig Ziglar, Jim Rohn, T. Harv Ecker y otros muchos incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 7ª edición)— y también el privilegio de entrevistar y conversar con muchas personas que son referentes en sus diferentes disciplinas: empresa, deporte, moda, ciencia, economía o management, entre otras. 

Digiriendo todo ello, uno descubre pautas de actuación o patrones de comportamiento similares, esto es, cosas que se repiten. Y una de las principales conclusiones a la que he llegado es que la mente de un ganador, de alguien que consigue resultados que a otra mucha gente le gustaría conseguir, está enfocada en dos cosas:

1. Qué quieren conseguir: esto es, un SENTIDO CLARO DE DIRECCIÓN.
2. Cómo conseguirlo: esto es, un PLAN como hoja de ruta.

Los soñadores tienen sueños; la gente que consigue resultados tiene metas y planes. Hoy sólo me detendré en la primera de ellas: SENTIDO CLARO DE DIRECCIÓN

La primera pregunta —y la más importante— que toda persona debe hacerse es: ¿A qué quiero jugar en la vida? Es esencial definir una estrategia salida: dónde se quiere llegar por anticipado. Napoleon Hill en su clásico Piense y hágase rico —libro resultado del estudio durante 25 años de investigación de por qué las personas tienen éxito en la vida— escribe sobre las principales causas de fracaso: «La persona que no tiene un objetivo central o una meta definida a la que dirigirse no tiene ninguna esperanza de poder tener éxito. El 98 por 100 de los individuos que analicé que fracasaron no tenían un propósito así. Tal vez ésta fuera la causa principal de su fracaso».

La mayoría de la gente funciona en modo inercia: se levanta, va al trabajo, cumple y se vuelve a casa, pero sin una dirección. Se mueven en modo piloto automático. Y suele ocurrir que: quien no sabe lo que quiere acaba donde no quiere estar. Sin metas claras y concretas uno queda a la deriva, a merced del viento que sopla en cada momento.

Gran parte de las personas suele ser víctima de la indecisión eterna. Y no hay nada peor que el inmovilismo, quedarse parado y quieto a que venga la inspiración divina o se den las circunstancias perfectas. Decidir es algo muy poderoso, porque una vez que uno ha tomado una decisión deja de preocuparse y darle vueltas a la cabeza porque ya sólo queda pasar a la acción. Del sentido claro de dirección hablamos hace poco en Triunfar es como estudiar una carrera universitaria. Allí decíamos: «Cuando una persona tiene que decidir qué carrera estudiar puede tener dudas, pero una vez que decide, la decisión está hecha, y por tanto, ya sólo queda dirigir todas las energías ahí. La concentración (foco) es esencial, porque la energía va donde uno se concentra, y si uno se dispersa, la energía también y no se está poniendo toda la carne en el asador, con lo que los resultados no pasarán de mediocres».

Es importante subrayar dos cosas:

No puedes cambiar tu destino de la  noche a la mañana, pero sí tu sentido de dirección, 
y eso es lo más importante: saber hacia dónde te diriges

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No importa si das pasos pequeños, lo importante es que sean en la dirección correcta: 
cada paso que das, suma; cada paso que das, te acerca a tu objetivo

Es la constancia no la velocidad lo que te hará llegar lejos. Los resultados te llegan, no te pertenecen. Uno nunca sabe cuando conseguirá lo que quiere conseguir. Por eso, el compromiso con uno mismo es el primer requisito para triunfar, estar dispuesto a hacer lo que haga falta el tiempo que haga falta. Las personas de éxito funcionan bajo el principio de ganar o morir; o lo consigo o nada, y punto. Es un deseo ardiente (repito, ardiente) por aquello que quieren, bien concreto y definido, lo que les lleva a no desfallecer nunca a pesar de todos los contratiempos.

Brian Tracy en su obra Metas apunta: «Una persona de inteligencia media con metas claras siempre supera a un genio sin claridad de metas». Tal vez por eso, Thomas Carlyle, ensayista británico, también dijese: «Cuando una persona tiene claras sus metas consigue avanzar incluso en las circunstancias más difíciles; cuando una persona no tiene claras sus metas no consigue avanzar ni siquiera en las circunstancias más favorables».

La gente no se fija metas concretas, o bien porque no es consciente de su importancia (Conciencia), o bien no sabe cómo hacerlo de manera efectiva (Método), o bien tiene miedo a fracasar (Sin Metas nunca se "fracasa"). Pero tener metas bien definidas, escribirlas, reescribirlas y visualizarlas continuamente, es el punto de partida de los ganadores. El arte de establecer metas es algo muy poderoso:

1. Porque es más fácil diseñar una estrategia (plan) para conseguirlas. Y la estrategia (plan) es lo que permite pasar del punto A (Dónde estoy) al B (Dónde quiero estar). Si sabes dónde quieres ir de viaje de vacaciones, empezarás a buscar fechas para desplazarte, medio de transporte, alojamiento en el lugar de destino, qué hacer cuando llegues y todos los demás pormenores. Si no sabes dónde ir no puedes planificar nada.

2. Porque puedes concentrar todas las energías ahí. La dispersión siempre es aliada de la mediocridad, y la falta de claridad de metas conduce a la dispersión. Cuando se sabe lo que se quiere de manera nítida, uno ya puede concentrar todas las energías (poner el FOCO 100%) ahí.

3. Porque se pone en marcha el SAR (Sistema Activación Reticular). La claridad es fuerza para el cerebro. Cuando el cerebro tiene claro lo que tiene que conseguir, pone en marcha un mecanismo interno —una especie de antenas receptoras—  que está muy sensible a cualquier cosa que tenga que ver con el objetivo marcado y le permite captar cualquier recurso, herramienta o detalle que sea útil para su cumplimiento.

4. Porque favorecen las emociones positivas. La indecisión genera infelicidad. El no saber hacia uno está dirigiéndose produce frustración, y eso es alimentar el jardín de la mente de negatividad. Y ya se sabe: las emociones positivas nos dan poder; las emociones negativas nos lo quitan. Las emociones son estímulos que nos impulsan a actuar de una manera (positiva = productiva) u otra (negativa = destructiva). Somos emociones con piernas.

La claridad de metas es el combustible para nuestra vida. Tener claridad de metas nos da energía e inyecta entusiasmo a nuestro día a día. Tener claridad de metas nos permite avanzar hacia ellas, y avanzar hacia ellas nos hace sentir bien. Earl Nightingale escribió en una ocasión: «La felicidad es la realización progresiva de un ideal o meta valiosos»; lo mismo que el mensaje central de El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl: «El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida».

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* Hoy te dejo el artículo: No obtienes lo que quieres, obtienes lo que negocias, publicado en el portal Más Movilidad [@masmovilidad].


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